sábado, 5 de abril de 2014

Prince Royce: Bachata para güeras y morenitas

5 de abril, 2014 / Función única / 1:45 hrs. de duración / 
Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Prácticamente ninguna lo esconde en el bolsillo; todas las adolescentes mantienen ocupadas las manos en sus respectivos teléfonos celulares. Y sus dedos se mueven ágiles, tomándose selfies con sus vecinas de asiento, hasta que las luces del recinto pierden brillo y Prince Royce aparece en escena. Entonces, los dispositivos móviles operan como encendedores y el grito que el público arroja es tan agudo que los pocos adultos que pagaron su entrada se ven orillados a taparse los oídos. 

La reacción de las chicas está justificada; ellas son las responsables de que el personaje que tienen enfrente haya vendido una cantidad desbordante de álbumes, la suficiente para que un par de representantes de su sello disquero le obsequie un disco dorado como prueba. Sin embargo, lo que a Prince le urge no es recibir reconocimientos; sino hace bailar a “las chicas presentes esta noche. No importa si son altas o chaparritas, güeras o morenitas”.

¿A quién le gusta la bachata aquí? Pregunta el cantante para luego coordinar coreografías con cuatro bailarines al ritmo de “Corazón sin cara” y de ahí seguirse con “Solita”, una “canción para todas las solteras” donde se promueve como un compañero que soporta cualquier clase de cataclismo, no importa que se trate del derretimiento polar o de algún hundimiento terrestre.
La afición por las analogías de perfil catastrófico se explica una vez que el neoyorquino hace su versión de “Stand By Me”, un ejercicio de corte bilingüe que repite más tarde al lado de Thalía —quien aparece en las pantallas del foro cantando “Te perdiste mi amor”— y en “Soy el mismo”, donde el compositor desmenuza los bienes y males de la fama y el dinero que lo rodean, y rememora sus primeros pasos como hacedor de canciones. Es en ese momento, sentado muy serio a la orilla del escenario, con una capa de niebla rodeando sus tobillos y una lluvia de chispas sobre los hombros, que una inquietud asalta al de los hoyuelos en las mejillas; necesita a una representante del público a su lado. “Pero tiene que cantarme a mí y poseer unos labios jugosísimos. Ser mi fan number one. A ver, ¿dónde está la chica de mis sueños?”.
Naturalmente, las presentes extravían la cordura con tal de ser escogidas. Gritos exasperados y rudos manoteos tienen lugar en la oscuridad mientras el elector apunta con una lámpara de mano hacia las butacas. Tras inspeccionar con atención encuentra a la partidaria ideal, quien sube a su lado para acompañarlo al frente de un mariachi en una serenata que se consuma una vez que el autor de “Incondicional” acaricia la barbilla de ella para luego, ceremonioso, hincarse ante sus pies y robarle un beso, aunque con una rosa roja operando como muro entre las bocas de ambos. Y son precisamente ésas, “Las cosas pequeñas”, las muestras de afecto que lucen minúsculas en la práctica pero cuyos alcances resultan inmensos, las que valen más en esta cita. Así lo explica el del copete a la Bieber; “porque todo ha cambiado para mí desde que me llegó el éxito. Pero me he dado cuenta de que una llamada, un “hey baby, te extraño”, es lo que de verdad marca la diferencia en la vida”.
Una vez que echa mano de su tercer cambio de ropa, con el pecho abrillantado y guantes de piel forrando sus nudillos, el ídolo pide más bullicio para darle la bienvenida a Daddy Yankee y así, junto al reggaetonero, puntualizar que la rumba está buena, morena. “Darte un beso”, la última del listado y el hit más celebrado, se asoma entonces como una sosegada despedida. Tras la agitación, nada como un tierno ósculo nocturno, un cariño inocente entre sábanas y almohadas que miles de mujeres reciben agradecidas antes de pedir inútilmente una más.
Sonriente al andar, al igual que todas las que la acompañan camino a casa, una chica envía un mensaje vía celular mientras toma la ruta hacia la salida. Aunque tuerce repentinamente la boca como señal de desapruebo al descubrir que WhatsApp no cuenta con un emoticón que consiga transmitir su gozo al destinatario, encuentra la solución al desbordar su texto con signos de admiración. “No manches!!!!! Estuvo increíble. De lo mejor!!!!”, alcanza a leerse a la distancia.

Música de amargue 
La bachata nació en República Dominicana, donde encontró, a mediados de los años sesenta del siglo pasado, su hábitat natural en las fiestas de barrio de la mano de intérpretes como Rafael Encarnación (de vida artística fugaz) y José Manuel Calderón. Entonces, para muchos se trataba de canciones de corte vulgar, relacionadas específicamente con parrandas. A aquello solía llamársele música de amargue, debido a que en sus letras la desazón amorosa operaba como eje temático.
Con guitarras propias del bolero y bases rítmicas relacionadas con el merengue, la cumbia e, incluso, el reggae, la bachata se caracteriza por colocar acentos entre compases con los bongoes como protagonistas. Se trata de ráfagas rítmicas que el güiro sostiene ayudado, en el caso de la bachata moderna, de armonías generadas por sintetizadores y con quiebres sorpresivos donde el rap y el reggaetón son bienvenidos.
En cuanto a las letras, a excepción de Juan Luis Guerra, quien suele apostar por crípticas metáforas, las historias de la bachata siguen estando plenamente enfocadas, sin vericuetos verbales de por medio, a las vicisitudes amorosas. (A.G.C.)

Programa
Te robaré / Te me vas / Corazón sin cara / Solita / Soy el mismo / Stand By Me / Addicted / Nada / Tu príncipe / Te perdiste mi amor / Su hombre soy yo / Incondicional / Mi última carta / El amor que perdimos / Las cosas pequeñas / Me encanta / Te regalo el mar / Con Daddy Yankee: Ven conmigo / Darte un beso.

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