sábado, 26 de abril de 2014

Myriam: ¡Hasta el límite, raza!

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Myriam en concierto / 26 de abril, 2014 / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: María Elizabeth Báez Alvarado

Marcela Rodríguez
“Así no te amará jamás”, advierte con la voz grave, gesticula y llena este espacio como si cada noche fuera suyo. Podría ser el piano bar de Myriam. Está en su papel, no es sólo que cante, interpreta. Por algo ganó la primera versión del reality La Academia hace ya doce años.

Si la tendencia dicta que la línea estética y de discurso entre lo adulto y juvenil se acorte, Myriam rema a contracorriente: su figura exuberante, sus vestidos de noche con todas las de la ley, lentejuelas, estoperoles, amplios escotes, el mensaje de aquellas baladas a todo o nada, de la amante, llámese esposa o la querida, que lucha por su hombre:

“Él me dijo que era libre, como las palomas, que era libre, y yo le creí. Ahora es tarde, señora, ahora nadie puede apartarme de él”, debate en el escenario mientras es grabada por los seguidores con sus teléfonos inteligentes. Muchas miradas no saben si seguirla a través de la pantalla o mirarla directo cuando dramatiza una situación. Se acaricia, su mano rozando el pecho sube hasta la cabellera que desordena; el brazo que se extiende en el aire como buscando al amante ya inaprensible; la vista que se eleva en un ruego a Dios para que el caballero regrese. 
A pesar de que él le mintió, él le dijo que la amaba y no era verdad, nunca la amó, Myriam encuentra el momento de transición: “¡Selfie!”, grita divertida, los celulares disparan, los dueños la adoran.
Para cuando interpreta “Mudanzas”, recita en frío lo que, repetido por el público, se convierte en un responsorio de empoderamiento: “Porque soy mujer como cualquiera / con dudas y soluciones / con defectos y virtudes / con amor y desamor / suave como una gaviota / pero felina como una leona / irreverente y revolucionaria / sumisa por condición más independiente por opinión / porque soy mujer”. Al retomar el canto y con su banda de regreso a la melodía, grita casi como una consiga: “¡Fuerte sexo débil!” Un instante de comunión total.
Con Ana Cirré de aliada forma un trabuco que le habla al hombre casi perfecto, al cuarentón gentil que hace vibrar la piel y el esqueleto. Sí, el galán que aparece en sueños pero que en la realidad no es soltero.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Cierra en alto con su himno. Sólo entonces aflora un dejo regio: “¡Raaazaaa, hasta el límite! ¿Cómo dice?”; recibe la respuesta: “Hasta el límite del cielo yo llegué / hasta el límite del infierno yo toqué / hasta el límite de todo lo que soy / lo que pretendo y lo que fue / Hasta el límite del cielo te busqué / en el grito y el silencio te encontré”. “¡Hasta el límite, siempre, raza!”, pide la intérprete, quien había dicho: “No me voy hasta que la gente deje de aplaudir”, y tuvo que ceder, o se hubiera amanecido.

Programa
Así no te amará jamás / Ya lo ves / No te equivoques / Prefiero estar sola / Úsame / Dejárselo a la suerte / Él me mintió / Señora / Mudanzas / Con Ana Cirré: Casi perfecto / Popurrí / Cómo sería / Lo que siento es amor / Aprendiz / Hasta el límite.







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