jueves, 10 de abril de 2014

Giselle: La danza de un amor contrariado

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Ballet de Monterrey con la Orquesta Sinfónica de las Américas / 10 de abril, 2014 / 
Función única / 2:00 hrs de duración / Promotor: RPFR, S. DE R.L. DE C.V.

Marcela Rodríguez
Es la temporada estival y en la campiña francesa el corazón de la joven campesina Giselle late embelesado. El duque Albrecht se hace pasar por un aldeano para seducirla; él es apuesto y ella una muchacha enamorada de la idea del amor. Giselle deshoja una margarita delante de Albrecht, “me quiere... ¡no me quiere!”. Él recoge la flor, simula que faltaba una hojita por desprender. Ella se ciega: “¡Me quiere!”
Así, el drama de Giselle se desata con un acto trivial. Las claves del romanticismo del diecinueve están presentes en la obra clásica montada por el Ballet de Monterrey con la Orquesta de las Américas (Iván López Reynoso, director huésped). La muchacha cándida en los pasos de la primera bailarina Katia Carranza; Jonhal Fernández, solista, como el impostor Albrecht; la sed de venganza en Hilarión, ejecutada por el bailarín principal Adrián Marrero. 

La dirección artística del coreógrafo Luis Serrano propone un ballet cercano a una ópera sin voces donde el trabajo corporal de los bailarines transmite las intenciones dramáticas del triángulo amoroso Giselle- Albrecht - Hilarión. Un trío que sufre la primera contrariedad en un día dispuesto para la felicidad. 

La villa del Rin se dispone a iniciar las vendimias y la encantadora Giselle es elegida reina de las mismas. El duque de Courland y su hija Bathilde están de cacería, paran a refrescarse en la villa. Giselle es tan atenta y humilde con las distinguidas personas, que Bathilde obsequia a la campesina ¡un collar! Se retiran. Entra Albrecht con quien Giselle inicia una danza de amor, pero Hilarión encuentra la espada real que un sirviente ha escondido por no delatar a su amo. Para vengarse del hombre que distrae los afectos de Giselle, un celoso Hilarión desenmascara al duque. 
Esta vuelta de tuerca representa para la bailarina que interpreta a Giselle un momento de gran demanda y lucimiento por la fuerza escénica que precisa. Giselle pierde los sentidos. Fuera de sí, su cuerpo es un torbellino, una furia desatada contra ella misma que sucumbe enloquecida. Nada queda de la joven que al deshojar la blanca margarita ignoró su mensaje: “Me quiere... ¡no me quiere”!
Si en el acto anterior la atmósfera era verde y luminosa, un segundo y último episodio ofrece un paisaje gris, en medio de un bosque tenebroso coronado por un castillo y al pie un cementerio donde danzan los espectros. Elementos todos de la literatura del romanticismo. Giselle ahora es una de las Wilis, espíritus de las novias traicionadas por sus amantes, que salen de sus tumbas a la medianoche.  
El cuerpo coreográfico posee en esta parte del ballet mucho peso y hermosura en las escenas dancísticas. El conjunto de Wilis con sus crinolinas blancas parecen suspenderse y deslizarse como los espectros que son, formar un solo cuerpo rítmico pero amorfo, una mancha blanca amenazante. Aquí se decide la suerte de los amantes.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Un amor contrariado que encuentra la fatalidad, y el reposo de los cuerpos en la tumba. El arco dramático de Hilarión y Albrecht indica arrepentimiento. Por separado visitan la tumba de Giselle con pesadumbre. La justicia poética obliga a Hilarión por medio de las Wilis a arrojarse perturbado a la laguna del bosque. Las implacables Wilis envuelven a Albrecht en un duelo vertiginoso; quien resista hasta la primera luz del día vencerá. Albrecht consigue sobrevivir y liberar a su amada de las Wilis. Su amor por Giselle lo ha redimido. Cae exhausto como cae el pesado telón.

El origen de la tragedia
En 1837 Heinrich Heine (Düsseldorf, 1797- París, 1856) publica Los espíritus elementales sobre leyendas populares y mitología alemanas, donde aborda a las Wilis. Ese texto inspiró a Théophile Gautier para concebir Giselle. El escritor buscó la colaboración del libretista Vernoy de Saint-Georges y juntos escribieron la obra para ballet pensando en Carlota Grisi, una bailarina a la cual Gautier le tenía particular afecto. 
El proyecto fue presentado a la Ópera de París; el compositor Adolphe Adam asumió la parte musical, y la dirección artística Jean Coralli. El coreógrafo Jules Perrot, maestro y amante de la Grisi, contribuyó al reforzamiento del carácter escénico de Giselle, trabajando con la bailarina, aunque en la puesta original no recibió ningún crédito.
El estreno tuvo lugar en el Théâtre de l’Académie Royale de Musique, conocida como la Ópera de París, el 28 de junio de 1841, y es considerado un ballet en la cumbre del romanticismo al lado de La consagración de la primavera, de Stravinsky, y El cascanueces, de Tchaikovsky.
Con Giselle, Luis Serrano inicia su trabajo como director artístico del Ballet de Monterrey a su llegada en 2007, proveniente del Miami City Ballet. Es con la elección de esta obra que siete años después se despide de esta compañía fundada en 1990 por un patronato de industriales de Nuevo León. (M.R.)

Programa
Acto I: Introducción / Scène première / Entrée d’Albrecht / Entrée de Giselle / Scène dansante / Hilarion / Retour de la vendange / Valse / Scène dansante / Le récit de Berthe / Le chasse royale / Scène de Hilarion / Marche des vignerons / Galop générale / La folie de Giselle / Acto II: Introduction et scène / Entrée et danse de Myrthe / Entrée des Wilis / Grand pas des Wilis / Entrée de Giselle / Entrée d’Albrecht / L'apparition de Giselle / La mort de Hilarion / Scène des Wilis / Grand pas d’action / Scène finale.





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