martes, 18 de marzo de 2014

Vicentico: Profundidad del romanticismo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

18 de marzo, 2014 / Función única / 2:05 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S. A. de C.V.

David Cortés
“Hola señora, venga señora. ¿Qué tal amigos? Es un honor absoluto, gracias por haber venido al concierto”, dice Vicentico. De pronto, una dama lanza un piropo subido de tono y el músico juega: “¡Fuera! ¡Seguridad!” Segundos después, solo con su guitarra ataca “Siguiendo la luna” y deja a los asistentes hacer el coro.

El compositor sabe que es difícil desprenderse de su pasado y quienes están aquí reconocen que todo empezó con Los Fabulosos Cadillacs, aunque ya hayan pasado doce años desde que el cantante iniciara su trayectoria en paralelo como solista. Pero este instante hay que vivirlo, imprimirlo en la retina, porque se trata de una versión en acústico, a la que sigue, acompañado por su pianista, “Sólo contigo”.Entonces, uno entiende un poco eso de autodefinirse como “un gordo cursi”, y aquella búsqueda personal emprendida unos años atrás: “Estoy en busca del romanticismo en toda la dimensión, con todo lo oscuro, lo raro, lo esotérico, lo místico y el miedo que puede dar. Todo eso me importa mucho”.
No obstante la ternura de sus composiciones más recientes, la vena rockera está allí, explota con fuerza en las diez manos de los músicos que lo acompañan y que visten de furia temas que de origen coquetean con la cumbia y la salsa (“Los caminos de la vida”, “Tiburón”). Las guitarras despliegan tintes de surf, el piano flirtea con el jazz; bajo y batería retumban, se cuelan por la espina dorsal.
Vicentico está de vena, interactúa con la gente. El ganador de un Grammy por Mejor Canción de Rock en el 2012 se nota contento y se muestra humilde, agradecido. La atmósfera de intimidad crece conforme interpreta sus éxitos, los propios y los firmados con los Fabulosos. Hay momentos en que la banda suena a balada latinoamericana de los años setenta y es difícil no pensar en agrupaciones como Los Ángeles Negros cuando se enredan en la interpretación de los temas más lentos.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
En apariencia llega el fin de un show más en el marco de diez años del Lunario. Pero las luces no se apagan. Es una pausa y él regresa para interpretar, generoso y fuera de programa, cuatro canciones más, tres de ellas firmadas con los Cadillacs. Si antes había dado a la noche un tono único, ahora lo reafirma. Desnudo, con su instrumento de seis cuerdas, el argentino termina por entregarse. Sin afeites, sin poses, en emotivo diálogo con sus fans, hace un bis de antología y le pone a la noche el membrete de memorable.

Programa
Soldado de Dios / Un diamante / Puro teatro / Viento / El pacto / El rey del rock and roll / Ya no te quiero / Siguiendo la luna / Algo contigo / Fuera del mundo / Paisaje / La tormenta / Tiburón / Sólo un momento / Creo que me enamoré / Morir a tu lado / Basta / Los caminos de la vida / El aguijón / Vasos vacíos / Culpable / Yo no me sentaría en tu mesa.



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