viernes, 3 de octubre de 2014

Susana Zabaleta: ¡Vive, vive, vive!

Foto: Ramón Islas / Colección Auditorio Nacional



La sensatez y la cordura / 28 de marzo, 31 de julio, 3 de octubre y 9 de diciembre, 2014 / Cuatro funciones / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

 


Fernando Figueroa
Cuando era niña, a Susana Zabaleta la llevaban de vacaciones a Acapulco, y en el automóvil se escuchaban boleros que no eran de su agrado. Con el correr de los años ha cambiado de opinión, al grado de que grabó el disco La sensatez y la cordura (2013) con el propósito de capturar “una época en la que todo era o parecía ser mejor”. El álbum lo dedicó al chofer de aquel coche: su papá.

El año pasado presentó ese material en otro recinto, pero no lo había hecho aquí, “en un lugar tan especial; no saben el placer de que estén esta noche, de que tengamos otra cita después de cantar diez años en este sitio”. En efecto, la coahuilense ha sido una presencia constante durante la primera década de existencia del Lunario, ya sea a solas (celebrando el primer aniversario del recinto y con los espectáculos Kinky y Kinky retorcido), con Armando Manzanero (De la A a la Z y Amarrados) o como invitada especial de Regina Orozco, y en el homenaje póstumo a Eugenio Toussaint. 

En diciembre de 2011 fue su más reciente visita y por eso comenta: “Cuánto tiempo sin verlos, los extrañaba, ya hasta cambié de estado (civil)”. Las risas generalizadas indican que el mensaje ha dado en el blanco y que todo empieza bien.
Lo que sigue es una cátedra de lo que debe ser un buen show de cabaret: voz privilegiada (de una soprano que estudió ópera en Europa), estilo inconfundible, profundidad interpretativa, tino en la elección del programa, acompañamiento de músicos de gran nivel, y un gracioso desenfado al dialogar con hombres y mujeres, quienes se sienten aludidos desde la primera hasta la última fila. Y si la que está arriba del escenario es una consumada femme fatale, entonces no resulta extraño que en sus presentaciones se perciba una carga de electricidad que jamás desaparece.
Cuando Zabaleta interpreta boleros con el grupo que la acompaña tradicionalmente, la música se desliza en la frontera de ese género con el jazz. Sin embargo, en un segmento entra al quite el trío Los Panchos (con Chucho Navarro hijo como líder), y entonces la memoria involuntaria remite a los cincuenta y sesenta, con todo y Eydie Gormé.
A las sabias letras de Consuelo Velázquez, Álvaro Carrillo y María Grever ―entre otros monstruos de la composición―, esta noche se agrega un elemento nada desdeñable, la lectura de versos de Jaime Sabines: “La sensatez y la cordura, hijas del temor y la costumbre, / no han convencido a mi corazón con sus palabras… / Mi corazón sólo ama el riesgo”. También: “Alguien me habló todos los días de mi vida / al oído, despacio, lentamente. / Me dijo: ¡Vive, vive, vive! / Era la muerte”.
 
Foto: Ramón Islas / Colección Auditorio Nacional
Schopenhauer aporta una idea al show: “El que no ama, ya está muerto”. Esa frase, al igual que todo el contenido lírico de la velada, sirve a la cantante para reforzar su propuesta vital y como punto de partida para humorísticas disertaciones en torno al amor, la infidelidad y los celos.
Casi a medianoche, la gente sale del recinto a enfrentar la vida con una grata certeza: en cuestiones de desamor, nada es para tanto.

Programa
La gran tirana / Escándalo / Hay que saber perder / La mentira / Conozco a los dos / Contigo aprendí / Como una ola / Como tú / Cuando vuelva a tu lado / Desesperadamente / La última noche / Di que no es verdad / Historia de un amor / La media vuelta / Nosotros / Vereda tropical / Se nos rompió el amor / Bésame mucho / Merle Ivonne / L’amour est un oiseau rebelle.





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