viernes, 7 de marzo de 2014

Jesús Adrián Romero: Inspiración con residencia celeste

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

Tour 2014 / 7 de marzo, 2014 / Función única / 
2.30 hrs. de duración / Promotor: Ernesto Vargas D’alessio

Alejandro González Castillo
“De adolescente tenía un trauma, no me gustaba mi forma de ser; pero conforme empecé a aceptarla, un río de canciones empezó a fluir. Lo que pasaba es que yo estaba rechazando mi temperamento de músico, melancólico, introspectivo, cuando lo que debí hacer fue no menospreciarme; aceptarme tal como era”. Jesús Adrián Romero se refiere a los dones artísticos que recibió y que, en el futuro, le permitirán “dejar una huella en esta tierra”. Luego, toca con su índice la pantalla de su tableta para que aparezca una serie de versos que hacen que el público tienda las manos al aire. Donde al descubierto queda mi corazón, ahí soy sincero.

La de hoy es una cita de perfil reflexivo, donde recapacitar respecto al papel que el ser humano cumple en el planeta resulta primordial; sin embargo, esto no significa que la escena se encuentre plagada de gestos serios. El cantante, con veinticuatro años de carrera discográfica, tiene tras de sí a un eficiente quinteto de músicos listo para dirigirse al paraje sonoro que él ordene, y éste puede evocar las evoluciones armónicas de Chris Martin (Coldplay) al piano y los punteos de la guitarra de The Edge (U2) con la misma prestancia que recordar los temarios de Reyli Barba y Juanes; es decir, está capacitado para cruzar los jacarandosos ritmos de “En la azotea” así como los sobrios compases de “Mi universo”.

Empero, es el perfil acústico el que mejor le sienta al sonorense. En ese carril, la dupla compuesta por “El aire de tu casa” y “Espíritu de Dios”, temas únicamente acompañados de voz, guitarra y percusiones, advierte que la simpleza instrumental es la mejor aliada del compositor. Porque es ahí donde una de las virtudes de sus creaciones, la ambigüedad con la que éstas describen su fuente de inspiración —siempre con residencia celeste, exceptuando “Princesas mágicas”, escrita a las hijas del también pastor—, reluce. Sucede que para Jesús Adrián no es necesario ser directo cada vez que escribe e interpreta, pues tanto él como sus escuchas saben perfectamente a quiénes están dedicados sus versos. En cambio, cuando los músicos callan, Romero se dirige a la audiencia para hablarle de tú a tú, repitiendo las mismas palabras que “el hombre más inteligente del mundo” alguna ocasión usó. Así van apareciendo recuerdos, vivencias. Un anecdotario con el que todos, de alguna u otra manera, se sienten identificados. 
Y es que en los espacios que nacen entre canciones, son repasados con profundidad tópicos como la añoranza de una vida perfecta, el suicidio, la paternidad, las obsesiones y hasta los alcances del cancionero de José Alfredo Jiménez —ahí, juntitos los dos, cerquita de Dios… Cada reflexión viene acompañada de abrazos entre butacas, muestras de afecto que concilian lágrimas en familias enteras mientras en las pantallas del recinto las flamas de un puñado de velas esparcen una luz que, según “Espérame”, proviene del corazón. Es esta llama el preámbulo ideal para dar la bienvenida al colombiano Alex Campos, quien viajó desde Sudamérica para hacer un dúo con su colega y así enumerar las bondades de “El sonido del silencio”.
 
Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
“Aquí estoy yo”, dice el cantautor, apelando a no extraviarse en la búsqueda, a no perderse como otros han hecho. Simultáneamente, diciendo sin reservas “¡Cristo vive!”, una y otra vez, el público antecede la despedida. “Usa mis manos señor”, se le escucha decir entre palmas. 

Un soplo vital 
Entrevistado en Tabasco, Jesús Adrián Romero habló de sus propósitos al presentarse en un escenario: “Jamás he sido complicado. Soy muy pragmático respecto a mi manera de llevar a cabo un concierto. No es un espectáculo típico, el show que algunas personas esperarían. Porque hay gente que me pregunta por qué no escribo más canciones que proclamen el nombre de Dios, que digan más de Jehová o del Espíritu Santo. Y no lo hago porque estoy pensando en el mundo, en la gente y sus necesidades. ¿Cómo les comunico el mensaje, de qué manera? Siempre estoy buscando la forma de mejorar los canales por los cuales esto sucede.
“El último disco que hice se llama Soplando vida. Porque eso es lo que creo que sucede durante los conciertos. Yo recibo testimonios de gente que me dice: ‘durante tu concierto me reconcilié con mi esposa’, o ‘cuando salí de tu concierto le pedí perdón a mis hijos’. Para mí, eso es soplar vida. Y es algo que todos debemos hacer, no sólo en los conciertos, sino en nuestra vida diaria.
“Existen predicaciones, mensajes que pasan desapercibidos para la gente que no conoce a Dios y es determinante cuidar eso; ser efectivos a la hora de comunicar un mensaje que genere cambios en el corazón de las personas”. (A.G.C.)

Programa
Es por tu gracia / Se desbaratan mis sueños / Sólo pienso en Ti / Ayer te vi / Vengo a vender / Razones pa’ vivir / Con Alex Campos: Suave voz / Alex Campos: No tiene prisa - El sonido del silencio / El aire de tu casa / Espíritu de Dios / Espérame / Aquí estoy yo / Usa mis manos Señor / Este día especial / Sumérgeme / Tu bandera / Cuenta conmigo / Pegao / Leche y miel / Mi universo / Me dice que me ama / En la azotea.
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