sábado, 1 de marzo de 2014

Intocable: Amor a prueba de anillos

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

1 de marzo, 2014 / Función única / 2:50 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

David Cortés
Se acalla momentáneamente el fervor y el cantante y acordeonista Ricardo Muñoz dice: “Bueno, pues alguien va a subir”. De un costado sale un joven bastante nervioso que toma el micrófono, pregunta por Ana y le pide que se acerque. Cuando la tiene enfrente, le dice cuán importante es para él y le solicita matrimonio. La respuesta se pierde en medio de los gritos y acto seguido Intocable ataca las notas de “Te amo (Para siempre)”.
“No crean que eso fue algo preparado para que se pasen bien la noche”, aclara Muñoz. La estampa reafirma la comunicación que, desde 1993, ha creado el grupo con su público. Ha sido un proceso no exento de dramatismo —tenía el conjunto seis años de existencia cuando un accidente en carretera costó la vida a dos de sus integrantes—, pero que habla del tesón y empuje del sexteto, cualidades que lo han llevado a conseguir una considerable cantidad de galardones, como las Lunas del Auditorio en la categoría de Música Grupera por tres años consecutivos (2004-2006), además de haber sido nominados a las mismas en diez ocasiones, algo de lo cual pocas agrupaciones se pueden preciar.
En 2010 fue nombrado Grupo de la Década por Billboard y al escucharlos uno rápidamente entiende el porqué. Si bien la dinámica en el escenario es mínima, la música entregada habla de esos procesos de hibridación que han caracterizado a prácticamente cualquier forma artística en las últimas dos décadas.
Entre los oriundos de Zapata, Texas, se puede trazar una línea de continuidad con otros colectivos (Sir Douglas Quintet, Texas Tornados, entre otros) que han encontrado en la música norteña y el tex-mex, una veta de expresión; pero además Intocable (Sergio Serna, percusión; René Martínez, batería; Johnny Lee Rojas, bajo sexto y coros; Félix Salinas, bajo; y Juan Hernández, animador y ritmos, lo complementan) ha promovido una saludable actualización del género.
Esta puesta a punto no sólo es sonora; la imagen también ha sido objeto de resignificación. Ahora, en vez de pacas de paja aparecen neumáticos desgastados y rotos; las inscripciones en los árboles han dejado su lugar a los grafitis; los árboles fueron sustituidos por tambos de desechos y a la tradicional cerca de madera la reemplazó una malla de alambre con un gran número de bocinas. Es el paso de lo rural a la urbe y ello se extiende al sonido.
Para Intocable las composiciones norteñas ahora se visten con un material rockero, el cual las más de las veces aparece en las intros de sus canciones; géneros como el reggae y el funk se entreveran con los malabares del acordeón Gabbanelli pulsado con destreza por Muñoz, y el rol de Hernández es similar al de un MC en el hip hop: a mitad de las canciones arenga al público para que aplauda, reparte agradecimientos, enuncia los temas que interpretarán más adelante, da las falsas despedidas.
No hay sitio para pausas. La anoche apunta a maratón y los músicos lo saben: enlazan una canción tras otra y forman bloques de cinco o seis; el silencio entre una y otra es imperceptible, en realidad es un hueco que se llena con rapidez, sin aviso, sin anuncio previo; semejante prodigalidad es agradecida por los asistentes que apenas y se contienen unos minutos para después desfogarse. 
Ante semejantes reacciones de entusiasmo, cabe recordar una declaración de la banda que funciona como su credo: “Creamos música porque creemos en su poder de trascendencia, en términos de géneros, fronteras y hasta idiomas. A nuestra música y a nuestro público le damos todo lo que tenemos y todo lo que somos”. Tal máxima la han seguido al pie de la letra durante quince producciones discográficas —la más reciente es En peligro de extinción—, en las cuales han plasmado esas historias en donde el amor, la felicidad eterna, la resistencia de una relación frente a todo embate, incluso los naturales (“Huracán”), y la plenitud del romance son las constantes. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
No importa si el marco es un tex-mex rock o alguna balada con una pizca de hip hop, las canciones de Intocable son una bitácora del corazón, un diario en donde cabe todo, incluso una solicitud de matrimonio.

Cuando los sueños se materializan
La vida en Zapata, Texas, cuentan, es tranquila, tan pacífica que la posibilidad de soñar es muy grande. Ricky Muñoz (voz y acordeón) y René Martínez (batería), platicaban y soñaban con formar un conjunto texano, una agrupación que tocara en los bailes de su localidad. Para los dos, lejos estaban los límites de ese estado y jamás pensaron que una vez formado el grupo en 1993 ―año en el cual también editaron su primer disco titulado Simplemente… Intocable― esos sueños los llevarían a otras latitudes.
Desde entonces han extendido sus dominios a la parte sur de Estados Unidos, todo México e incluso ciudades de Centro y Sudamérica. Aunque su idioma cotidiano es el inglés, componen en español y eso les permite una mayor comunicación con sus seguidores. Por ello no es extraño que hayan obtenido trece premios Lo Nuestro, siete Grammys Latinos y dos Grammys —uno al Mejor Álbum México-Americano por Íntimamente (2005) y otro al Mejor Álbum Norteño por Classic (2011). (D.C.)

Programa
Tu adiós no mata / Alguien te va a hacer llorar / Por ella (Poco a poco) / Enséñame a cuidarte / Déjame amarte / No te vayas / Es tan bello / Amor maldito / ¿Dónde estás? / ¿Cómo te atreves? / Nos faltó hablar / Te amo (Para siempre) / Culpable fui (Culpable soy) / El amor / Huracán / Voy a tener que olvidarla /  Prometí / Robarte un beso / No sabes amar / Eres mi droga / Te voy a conocer / Eso duele / Estás que te pelas / Pensándolo bien / Vuelve / Perdedor – Ayúdame / Hay ojitos / Mis veinte novias / Aire / Darte un besito / Un desengaño / Y todo para qué / Fuerte no soy / Coqueta / Sueña / Es mejor decir adiós / Llévame en tu viaje / Lo que callas / Momentos / Bastó / Arrepiéntete / Llueve / Déjate amar.



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