jueves, 20 de marzo de 2014

Hiromi. The Trio Project: Las “voces” únicas

Foto: Carlos Alvar González / Colección Auditorio Nacional

 

20 y 21 de marzo, 2014 / Dos funciones / 1:45 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera, S. N. C.

 


David Cortés
El ataque es intempestivo, llega sin una presentación del tema. Hiromi Uhehara desata un vendaval al que se suman muy pronto Anthony Jackson (bajo-guitarra) y Simon Phillips (batería). No es una andanada de notas gratuita, sino un tejido poderoso, sólido, una composición en la cual se advierten más toques de rock progresivo y de fusión que de jazz.
Cuando hay una pausa, entonces uno entiende que los elogios para la pianista (“una de las más notables y virtuosas tecladistas del jazz contemporáneo”, The Guardian; “deslumbrante”, New Yorker) no son hiperbólicos. El entrenamiento en música clásica iniciado a los seis años, sus estudios posteriores de jazz (asistió al Berklee College of Music bajo la guía de Ahmad Jamal), redundan en un songbook irreductible en el cual aflora la panoplia sonora de la cual ha bebido en sus treintaicinco años de vida.

Hoy ha transcurrido media hora y The Trio Project apenas ha interpretado un par de temas. En ellos no sólo ha quedado patente el virtuosismo, sino también la muestra del trabajo grupal. Hiromi cree que la voz que nunca habla puede ser a veces la más poderosa y con ello se refiere a la música instrumental, especialmente a la voz de los músicos, a esa peculiaridad de imprimir al instrumento un registro único.
Antes de conjuntar este grupo, ella soñó con invitar a Jackson y a Phillips, músicos de impresionante palmarés (el primero con Paul Simon, Chick Corea, Steely Dan; el segundo con Camel, The Who, Jack Bruce, entre otros). Cuando lo logró, decidió escribir sus composiciones con ellos en mente para desarrollar sus voces; The Voice (2011) y Move (2012) son pruebas manifiestas de ello. Hoy, con un tercer disco por aparecer en junio, se enzarzan en una agradable conversación en la cual no hay nada de babélico y sí mucho entendimiento.
Están tan acostumbrados a charlar que vuelven muy sencilla una música compleja, porque lo mismo suben la intensidad y tocan obligados, para luego descender a lo casi inaudible y finalmente matar el sonido, aniquilarlo, en una demostración impresionante de ejecución.
 
Foto: Carlos Alvar González / Colección Auditorio Nacional
Y está el plus, la grácil y menuda figura de Uehara que en sí misma es un espectáculo. Es lúdica, constantemente voltea al público y parece retarlo, decirle: miren, puedo hacerlo sin ver las teclas. Se levanta, toca de pie, baila, gesticula y, agradecida, cuando todos tributan ovaciones, ella es la primera en aplaudirle a sus compañeros. Y al hablar en español lo hace con una encantadora timidez, con un candor que termina de conquistar a los asistentes, mismos que  no pueden controlarse cuando los tres moldean la masa sonora y la convierten en nave espacial, vehículo aerodinámico, triciclo en donde lo mismo viaja el ragtime, la música clásica, los ritmos latinos, el blues o el rock.
The Trio Project engalana los diez años del Lunario, pero el lugar también es un hermoso decorado para hacer crecer esta música que es despedida de pie.






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