jueves, 20 de marzo de 2014

El señor de los anillos: Alma sonora de la épica

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

The Lord of The Rings. The Fellowship of de Ring. Justin Free, Orquesta de las Américas y coros
20 de marzo, 2014 / Función única / 3:20 hrs. de duración / Promotor: Zepeda Bros

Marcela Rodríguez
El anuncio de que Howard Shore “por causas de fuerza mayor, ajenas al foro y al promotor” —de acuerdo con el comunicado oficial— no acudirá a dirigir la orquestación de La comunidad del anillo, provoca muy breve desaliento, pues los seguidores de la saga de Frodo quieren apreciar la cinta en pantalla de alta definición, teniendo al frente al autor de la partitura. Justin Free agita la batuta y guía con firmeza a la Orquesta de las Américas para introducir a todos en la historia del legendario anillo supremo.

Free está como suplente, pero el compositor estadounidense no es una figura menor, sino autor de las bandas sonoras de los filmes Avatar (James Cameron, 2009) y Dragonball Evolution (James Wong, 2009), y su conducción cubre toda ausencia. Los acordes primeros son como un susurro, el inicio que advierte: “El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua. Lo siento en la tierra. Lo huelo en el aire. Mucho de lo que era... se ha perdido”.

Un golpe de voces que enchina la piel es un llamado a no dar las cosas por sentado. El coro de hombres y elfos unidos contra las huestes de Mordor estremece la mente y el cuerpo: que el espectador no se apoltrone en su butaca. La música está en vivo. Adquiere otra dimensión. Un algo que pellizca, embelesa y causa escalofríos benignos que el mejor home theatre lejos está de proporcionar.  
No hay sonido envolvente que reemplace a doscientos veinticinco músicos y grupo coral en directo. Shore ha hablado sobre el desafío de acometer empresa de tal envergadura: “Fue intimidante. Muchas veces me sentí como Frodo. Me despertaba: ¿Por qué fui elegido para cargar este anillo? Otras veces escuchaba la voz de Peter (Jackson, el director de la saga): ‘Tú eres el que debe crear la música… Shore: ¡toma la película que filmé, dale corazón y alma!’”
El compositor canadiense consiguió una música de otro tiempo. Es épica y más que eso: incluye en los coros textos poéticos y canciones que forman parte de la obra primigenia, la del escritor inglés J.R.R. Tolkien. El coro canta en lengua élfica; en la enana, de mineros y artesanos de las montañas; se escucha como un canto tribal maorí-samoano, referencias cercanas al mundo celta, a la influencia de Richard Wagner y su arte total en obras como la tetralogía El anillo del nibelungo
En la lucha entre el bien y el mal, la música de los elfos se define por su carácter coral femenino, espiritual; los sirvientes del enemigo, los Jinetes Negros, por coros mixtos muy poderosos y piezas orquestales carentes de barroquismo. El fondo puede ser oscuro, pero la forma es luminosa: "The Shadow of the Past", "The Black Rider" o "A Knife in the Dark" aumentan las pulsaciones como si dependiera del espectador que Frodo se salve con todo y el susodicho anillo que carga como una papa caliente.
Hay respiros. Rosalind Waters, la soprano invitada por la Orquesta de las Américas, ejecuta sus partituras de forma perfecta, pero la memoria auditiva remite de forma inevitable a Enya. Canciones como “Theme for Aragorn and Arwen” y “May It Be” llevan, nunca mejor dicho, impresa su voz. En el imaginario no existen unas sin la otra. 
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Considerada como una de las partituras orquestales para cine más sólidas de las últimas décadas, escucharla en vivo es, en cierta forma, verla, como se conocen las sombras por la luz. La integración orquestal con las escenas de la película es un trabajo de filigrana; insertarla en los momentos puntuales sin que el espectador lo note. Cuando en arte se habla de los privilegios de la vista, habría que empezar a incluir esta clase de experiencias.

John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973)
El padre de Tolkien, empleado bancario, viaja a Sudáfrica en busca de una mejor vida. Allí nace el autor inglés, quien queda huérfano al poco tiempo. Con su madre y su hermana regresa a Inglaterra. Es una familia pobre. La madre tiene diabetes, fatal a principios del siglo XX porque no existía la insulina. Tolkien y su hermana, convertidos al catolicismo, son recogidos por el padre Francisco, quien se encarga de su educación y sustento hasta que una tía, por la que los sobrinos no sienten simpatía, se casa y los lleva a vivir con ella.    
No obstante la adversidad, Tolkien llega a ser un académico respetado de la Universidad de Oxford. The Hobbit (1937) y The Lord of the Rings (1954-1955) situadas en una época prehistórica, en una versión inventada del mundo, que él denomina Middle-Earth, poblada por elves, dwarves, trolls, orcs —o goblins— y hobbits no siempre tuvieron la total aceptación por parte de la llamada literatura seria. En décadas pasadas su lectura era asunto de iniciados, de club de amigos muy jovencitos adentrados en el mundo propuesto por Tolkien, y en México costaba trabajo conseguir sus libros. Nada qué ver con los miles de amantes con que hoy goza y los millones de fans que tiene la adaptación cinematográfica.  
Queda para el anecdotario que cuando Tolkien tenía veintiún años, aceptó un trabajo como tutor y acompañante de dos jóvenes mexicanos que pasaron una temporada en Francia. La experiencia no fue grata para el escritor, quien encontró que el país, los franceses y lo que oliera a galo (¡salvo su vino!) no era de su afecto. (M.R.)

Programa
The Prophecy / Concerning Hobbits / The Shadow of the Past / The Treason of Isengard / The Black Rider / At the Sign of the Prancing Pony / A Knife in the Dark / Flight to the Ford / Many Meetings / Theme for Aragorn and Arwen / The Ring Goes South / A Journey in the Dark / The Bridge of Khazad Dum / Lothlorien / The Great River / Amon Hen / The Breaking of the Fellowship / May It Be.




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