sábado, 1 de marzo de 2014

El Príncipe Igor: Guerra, tristeza y ensoñación

Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD / 1 de marzo, 2014 / Función única /
 4:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
El Príncipe Igor (Ildar Abdrazakov) vaga sin rumbo en un precioso campo de amapolas rojas. Una treintena de bailarines de ambos sexos retozan en ese espacio al ritmo de las Danzas polovtsianas, mientras el invisible coro evoca el añorado terruño. Semeja el paraíso, pero en realidad se trata de una jaula de oro.
Después de esa secuencia que da por finalizado el primer acto, el productor Dmitri Tcherniakov explica en entrevista que se trata sólo de una ensoñación del protagonista y promete “varias sorpresas más antes de un final que los conmoverá”. Dice que quiso mostrar una versión dostoyevskiana de la ópera de Alexander Borodin (1833-1887), y para eso se apoyó en el director Gianandrea Noseda, que en esta ocasión dirige a la impecable orquesta del Met.
El término dostoyevskiano implica asumir errores en la vida, pagar culpas y encontrar la redención en el amor, explican Tcherniakov y Noseda. En el prólogo, el Príncipe Igor anuncia al pueblo ruso que saldrá con su ejército a combatir a los invasores polovtsianos, pero en ese momento un eclipse de sol oscurece el entorno como un mal augurio. Yaroslavna (Oksana Dyka), esposa del Príncipe, le pide que suspenda la marcha pero él se aferra a seguir sus planes, es derrotado y hecho prisionero. En tal situación es cuando se visualiza entre las flores.
Ante la ausencia de Igor, su cuñado Galitsky (Mikhail Petrenko) intenta deponerlo, y mientras tanto se dedica a las francachelas. Las huestes polovtsianas invaden Rusia y causan desolación; al mismo tiempo, el Príncipe huye de sus captores y regresa exhausto a su tierra. Saca fuerzas de flaqueza e inicia la reconstrucción de su ciudad (Putivl); apenas es capaz de levantar unos cuantos tablones del suelo, pero esa pequeña acción es el símbolo de que no todo está perdido.
El bajo-barítono Ildar Abdrazakov nació para interpretar a Igor, tal como se lo dijeron en sus primeros estudios de canto, mientras que la soprano Dyka debuta en el Met de la mejor manera posible. La voz de ella, en palabras del crítico Anthony Tommasini (The New York Times), es intensa, fresca, con un sonido metálico y sin miedo a las notas altas. La mezzosoprano Anita Rachvelishvili, en el papel de Konchakovna, está a la misma altura de los protagonistas.
En la tradicional charla previa, en el Lunario del Auditorio Nacional, el maestro Sergio Vela había comentado que cualquier producción de El Príncipe Igor implica el armado de un rompecabezas, puesto que Borodin sólo dejó terminados el prólogo y el final. Rimsky-Korsakov y Alexander Glazunov completaron la obra a partir de los materiales originales.
Tommasini considera que “la versión del Met puede ser la mejor que ha existido”. Destaca la audacia de Tcherniakov para ir muy lejos al momento de reordenar escenas, ajustar argumento, eliminar pasajes enteros y modificar el orden de números musicales. “En esta producción se enfatiza la dubitativa naturaleza y la inseguridad de Igor… mientras que el señor Noseda transmite con claridad y precisión el carácter ruso de la música”. Acerca de esta ópera, afirma que retrata “las profundidades de la tristeza, que parecen ser parte de la cultura y el patrimonio de Rusia”.
Otros comentaristas han hecho énfasis en la coincidencia temporal de esta nueva producción artística con las preocupantes noticias que provienen de Europa Oriental. Baste señalar que Ildar Abdrazakov proviene de Rusia, Oksana Dyka de Ucrania, y gran parte del elenco tiene su origen en aquella convulsionada región.
Tcherniakov utiliza imágenes en video, en blanco y negro, que muestran estremecedoras escenas de Igor y sus soldados en el campo de batalla. Incluso inicia el prólogo con una frase contundente: “Comenzar una guerra es la forma más segura de escapar de sí mismo”.

Regreso al Met
El Príncipe Igor se estrenó el 4 de noviembre de 1890, en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo. En 1909 Sergei Diaghilev la montó en París, con María Kuznetsova en el papel de Yaroslavna.
• El libreto en ruso ―de Borodin y Vladimir Stásov― está basado en El cantar de las huestes de Igor, poema anónimo del siglo XII, considerado un texto fundamental de las lenguas eslavas. 
• Alexander Borodin le dedicó dieciocho años a la creación de esta ópera, pero no era un músico de tiempo completo; también fue un destacado médico y químico. Perteneció al nacionalista Grupo de los Cinco, conformado además por Mili Balákirev, César Cui, Rimsky-Korsakov y Mussorgsky.
• La última vez que se montó El Príncipe Igor en el Met fue en 1917. Para la nueva producción se utilizan doce mil quinientas amapolas de seda. 
• Dmitri Tcherniakov no sólo es el productor, también hizo la escenografía. Inicialmente estudió arquitectura y es considerado un artista polémico luego de célebres montajes de Macbeth (Verdi ) y Don Giovanni (Mozart). (F.F.)

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