viernes, 21 de marzo de 2014

Alejandra Guzmán: Un cuarto de siglo después

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

21 de marzo, 2014 / Función única/ 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V. 

David Cortés
Está acostumbrada a los reflectores, a los primeros planos; la polémica la acompaña desde hace veinticinco años, pero eso no la exime de ser emotiva. Las pantallas muestran un video en donde aparece, primero su madre, la actriz Silvia Pinal, y luego su padre, Enrique Guzmán, a quien acusa de heredarle el rock and roll. Segundos después, detrás de la batería, Alejandra Guzmán interpreta “La Plaga”, uno de los temas bandera del rock mexicano. Entre esos dos hilos, la vena de la actuación (se le vio en la telenovela Cuando los hijos se van, 1983) y los influjos rocanroleros, se mueve la vida de esta cantante quien salta, gira y se agita sobre el escenario del Auditorio Nacional.

Al verla allí, entregada, desparpajada, uno no puede dejar de pensar en su poder de convocatoria. Si algo le ha funcionado a lo largo de su trayectoria es mostrarse tal cual: sin ambages ni retoques. Con ella la apuesta es total y no hay medias tintas. Se gana o se pierde, pero cuando el resultado es adverso no falta la intensidad. Es una líder de opinión, una vocalista que ha invitado a las mujeres a reivindicarse y asumir su propia voz vía su lírica.

En pos de esa rebeldía, no le importa sacrificar forma para ganar expresividad. Su cuerpo suda, se descalza, se tira al piso, recorre el proscenio, gesticula y no deja de lado la oportunidad para mostrar los alcances de su garganta, ese grito ronco, desgarrado, tan peculiar y único que le ha dado fama y con el cual transmite muy bien los reveses de la vida. “Uno se engancha en cosas que se ven bonitas hasta que se vuelven enfermedad. Hay gente feliz en el reventón y puede controlarlo. Yo no”, declaró recientemente a La revista del Auditorio. 
Eso, más la amplitud de miras, salen a relucir hoy. La experiencia se hace patente en su banda de acompañamiento, seis músicos más una corista, capaces de acometer una amplia gama de estilos. Y es que la nave tripulada por la Guzmán boga con viento favorable por la crudeza del funk y atraviesa las olas del blues, el reggae. Y aunque no alcanza los tonos de la negritud, se acerca bastante, y al llegar a la interpretación de un porro colombiano con Juan Fonseca como invitado, atina a decir que sí, que eso estuvo muy bien y debería explorar más otros géneros.
Hay mucho dinamismo, solos de guitarra cercanos al metal, juegos con la percusión, instantes acústicos apenas con guitarra, flirteos con la bossa nova. Pero en medio de esa diversidad de ritmos predomina el pop rock. Ese marco le acomoda mejor, su voz gravita de los registros bajos a los altos sin dificultad, pero encuentra en los temas lentos un lamento extra. Es un factor extra de empatía con sus devotos, especialmente con las féminas.
Gracias a ella sus fans viven vicariamente porque no es fácil encarar el mundo cuando se está en el ojo del torbellino. Y para la cantante, hay instantes casi confesionales y no exentos de dramatismo. Como cuando lleva a cabo el recuento de su trayectoria y agradece a “mi madre por la vida, a mi papá por el rock and roll, a mi hermano por darme la mano, a Dios por la salud, al público por el rock and roll”; luego se hinca y culmina el gesto con la interpretación de “Día de suerte” O ese otro en el cual afirma: “Me costó mucho estar aquí, doce años, dieciocho operaciones y una cadera de titanio”. 
Luego de problemas de salud y malos vaticinios, ella sintió la necesidad de hacer un recuento y por ello a lo largo de su set la Guzmán proyecta diferentes videos de momentos significativos de su vida (sus padres, la maternidad, sus temores), pero reconoce que hay una principal salvadora: “Si no me he vuelto loca es por mi música”.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Previo al cierre recibe un disco de oro y platino por las altas ventas de Primera fila, su placa más reciente y remata con uno de sus temas más sonados, una composición (“Hacer el amor con otro”) que han hecho suya todos aquellos que se han cobrado un desengaño mediante el sexo y que no alcanzan la satisfacción total. No es ella la que hace vibrar a la gente, es ésta la que se convierte en un gran instrumento de reverberación porque además de la letra también cantan un nombre aherrojado en el baúl de los secretos. 

Alma rockera
Alejandra lo trae en la sangre y cada vez que puede da muestras de ello. No sólo su música se encuentra perlada de rock and roll, también lo ha encarado a lo largo de su discografía con la interpretación de un buen número de versiones de clásicos del género. Y esto ha sido desde sus inicios cuando interpretó “La Plaga” (“Good Golly Miss Molly”, en el original en inglés y un éxito interpretado por Little Richard), tema que popularizara su padre Enrique Guzmán con Los Teen Tops. A la lista se añaden, entre otras, “Satisfacción” (original de Jagger y Richards), “La Casa del Sol Naciente” (de autor anónimo y popularizada por The Animals), “Wild Thing”, un tema escrito por Chip Taylor y que encumbrara al grupo británico The Troggs. No falta en esta revisión una versión a un tema del rey del rock. En 1956 Elvis Presley grabó “Don’t Be Cruel”, composición de Otis Blackwell e incluida en el Salón de la Fama del Grammy en 2002, misma que ella incluyó en Dame tu amor, álbum editado en 1989. (D.C.

Programa 
Como ladrones / Mírala, míralo / De verdad / Ven / Volverte a amar / Guerra fría / Toda la mitad / Ángeles caídos / Loca / La ciudad ardió / Con Beatriz Luengo: Quítatelo / Mala hierba / Con Juan Fonseca: Yo no soy de nadie / Día de suerte / Mi peor error / La Plaga / Hey güera / Diablo / Te esperaba / Eternamente bella / Reina de corazones / Hacer el amor con otro.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.