sábado, 8 de febrero de 2014

Rusalka: El silencio de una diva

Foto: The Metropolitan Opera



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, HD / 8 de febrero, 2014 / 
Función única / 4:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Lo había advertido el maestro Sergio Vela durante la tradicional charla previa en el Lunario del Auditorio Nacional: al final del primer acto y principio del segundo, el personaje principal de esta ópera ¡no habla! De ese tamaño fue la audacia de Antonin Dvořák al componer Rusalka, obra en la que se narra la historia de una bella ninfa acuática que no duda en pagar el precio de un hechizo (perder la voz), con tal de convertirse en una mujer de carne y hueso.

Tal tragedia resulta casi insoportable para el espectador cuando es la diva estadounidense Renée Fleming quien interpreta al ser mitológico que se enamora de un Príncipe (Piotr Beczala). Sobre todo después de haberla escuchado en el aria “Canto a la luna”, síntesis del festín melódico y dramático creado por Dvořák en los albores del siglo XX.

A través del canto, la protagonista le pide a la luna que funja como intermediaria entre ella y el ser amado. Aunque el poder del satélite terrestre es enorme en su papel de alcahuete, tampoco hace milagros, así que la ninfa solicita consejo a su padre, el Gnomo del Agua (John Relyea), quien le advierte que va a sufrir demasiado si se humaniza. Como ella insiste, él la remite con la bruja Jezibaba (Dolora Zajick), que se encarga de complacerla.
Si Dvořák y su libretista (Jaroslav Kvapil) se arriesgaron al enmudecer a la dama, Renée Fleming no se queda atrás al cantar en checo y, al mismo tiempo, aceptar el reto de no hablar durante un buen rato en escena. Es entonces que debe expresar con gestos la angustia de ver cómo su amado flirtea con una Princesa Extranjera (Emily Magee).
Fleming no es una gran actriz pero le sobra carisma y, además, es la gran consentida del Met. Yannick Nézet-Séguin, el director de la orquesta, ha dicho respecto al trabajo de esa soprano lírica: “Cualquier cosa que ella cante se convierte en la música más hermosa. El tono cremoso de su voz y su control sin igual de la línea musical cumplen a cabalidad con la escritura lírica de Dvořák; y los diversos matices que es capaz de crear con su voz expresan a la perfección la complejidad del personaje”.
Zachary Woolfe, crítico de The New York Times, escribió que “Rusalka ha sido durante mucho tiempo la marca de la casa de Fleming; en 1988 interpretó ‘Canción a la luna’ en las Audiciones del Consejo Nacional del Concierto de Ganadores, su primera aparición en el escenario del Met. Veintiséis años más tarde, ella ha regresado una vez más con su estatus de la más destacada cantante estadounidense de su generación”. En 1990, Renée Fleming debutó en ese papel en Seattle y desde entonces lo ha representado decenas de veces alrededor del mundo.
Por supuesto que Fleming acapara los reflectores, pero es obligado decir que está rodeada de un gran elenco. La voz del tenor Piotr Beczala suena “elegante y apasionada”, tal como la define Zachary Woolfe. La presencia escénica de John Relyea es imponente y su canto de padre angustiado (bajo-barítono) estremece los cimientos del Met y del Auditorio Nacional. Emily Magee posee una voz poderosa pero no parece una seductora Princesa Extranjera. Dolora Zajick es una bruja insuperable como actriz y cantante.
La escenografía de Günther Schneider-Siemssen es muy conservadora y estática; la acción va de un lago rodeado de árboles a la mansión del Príncipe y viceversa, sin la menor sorpresa visual. Algo similar sucede con el vestuario (Sylvia Strahammer), que por momentos parece de teatro infantil.
En el fondo de todos los elementos de la producción (Otto Schenk), emerge como un sol la orquesta del Met para dar vida a este “maravilloso poema sinfónico con líneas vocales de sublime inspiración”, tal como define Yannick Nézet Séguin a esta ópera.
Al cerrarse por última vez el telón, el cuento de hadas de la imaginería eslava se queda en la mente como un bellísimo ejemplo de lo que sucede cuando se quiere ir en contra de la naturaleza íntima.

Ubicuidad de la ópera
• Aunque es más conocido por sus sinfonías y conciertos de cámara, Antonin Dvořák (1841–1904) también compuso las óperas El rey y el carbonero, Los amantes necios y El campesino astuto, entre otras.
Rusalka se estrenó en el Teatro Nacional de Praga, el 31 de marzo de 1901. El libreto está basado en la novela Undine, de Friedrich de la Motte Fouqué.
• En 1993, Dolora Zajick participó en la primera producción de Rusalka en el Met. Veintiún años después, vuelve a interpretar a Jezibaba “con mayor profundidad”, según dijo ella misma.
• El 2 de febrero de 2014, Renée Fleming interpretó el Himno Nacional de los Estados Unidos en el Super Bowl, que fue visto por más de cien millones de personas. En el intermedio de Rusalka ella comentó que su participación en aquel acto deportivo fue una manera de promover el canto operístico a nivel popular.
• Minutos antes de la transmisión de Rusalka, un coro de jóvenes interpretó algunas piezas en el vestíbulo del Auditorio Nacional para promover la revista Pro Ópera, publicación que ya rebasó dos décadas de existencia en su encomiable labor de divulgación cultural. (F.F.)

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