domingo, 12 de enero de 2014

Orquesta Sinfónica de Minería: Musicales de repertorio

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Broadway / 12 de enero, 2014 / Función única / 1:40 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C. – OSM.

Gina Velázquez 
En sus treinta y seis años de historia, la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) se ha caracterizado por llevar a cabo un sinfín de actividades con el objeto de promover la cultura y la música en nuestro país. Particularmente, desde hace cinco, ha procurado llegar a oídos distintos a los que embelesa con su temporada habitual.

Este inicio de año, con la intención de interesar a un público más amplio, la OSM, su director José Areán, la Academia de Música del Palacio de Minería y el Auditorio Nacional decidieron ofrecer un ciclo de conciertos con obras sencillas de apreciar. El director afirma: “Queremos que el público pueda gozar la música sin tapujos, en un ambiente celebratorio. En este arte no tiene que ser todo una especie de meditación filosófica. También hay gozo simple y sencillo como se da en la opereta, la zarzuela”.

Esta fresca tarde de domingo, la orquesta aviva la nostalgia y calienta los corazones con una selección de piezas de Broadway. La música es enérgica y demanda la atención de todo el público que, en distintos momentos, identifica poco a poco las bien conocidas melodías. Los asistentes esbozan una tímida sonrisa al distinguir “I Dreamed a Dream” de Los miserables o mueven discretamente los pies al son de “The Rain in Spain” de Mi bella dama.
Luego de las dos primeras piezas, aparece el piano; ante él, Mauricio Nader. Su protagonismo es necesario para la brillante ejecución de “Rhapsody in Blue”, de George Gershwin. Esta composición no tiene que ver directamente con Broadway, pues no es una obra llevada a escena, pero se relaciona con la influencia posterior del jazz hacia la música clásica y de concierto. Además, señala el director, es por excelencia la banda sonora de la ciudad de Nueva York. Muchos se remontan a la secuencia inicial de la película Manhattan (1979), de Woody Allen. Cuando termina la interpretación, el regocijo es unánime.
Las edades se borran cuando llega el turno de El Rey León. La entrañable suite remonta a los diferentes lapsos dramáticos y también a los instantes felices de la obra. Sólo basta cerrar los ojos para dejarse llevar por los ritmos que evocan los colores del continente africano y las tonalidades de la selva. Las emociones de los espectadores son diferentes, pero comulgan hacia el mismo sentido. Como Areán asevera: “La música, el arte, el cine, nos ayudan a ser seres humanos completos y nos diferencian no solamente de los animales, sino de los animales humanos, de la violencia, de la ignorancia, la falta de cuestionamiento... El arte es importante porque nos convierte en quienes realmente somos”.
Para completar esta travesía musical, la OSM revive la más grande historia de amor de todos los tiempos. Lo afable de la versión de Broadway, a diferencia de la shakesperiana, es que al final sólo uno de los enamorados muere, Tony. No obstante la tragedia, en la obra hay distintos momentos de alegría que se refleja en los cadenciosos movimientos de las “Danzas sinfónicas de West Side Story”.
En palabras de Areán, “ha sido una tardeada muy padre”. Hoy es palmario que los musicales no son un género inferior, sino que son un clásico contemporáneo. El director afirma que “en México tienen una presencia cada vez más notable”; advierte que tal impacto obedece a su calidad artística y a sus pulcras producciones: “Hoy, títulos como Amor sin barreras o Los miserables son parte integral del repertorio internacional; triunfan en Broadway, en el West End londinense, y como películas llegan a todos lados”.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Como encore, la orquesta se luce con algo que está lejos de Broadway, pero muy arraigado en el imaginario de los mexicanos. El Huapango de Moncayo suscita una euforia exacerbada. La ovación de pie despide a los músicos y al director, quienes superaron su cometido: ofrecieron una tarde de gozo que trascendió al domingo.

Musicales legendarios
• El primer musical de Los miserables (Les Misérables) se estrenó en París, en 1980, en el Palais des Sports, y en 1987 debutó en Broadway. La historia es una adaptación de la novela homónima (1862) de Victor Hugo; la música fue compuesta por Claude-Michel Schönberg. En 2012 apareció una versión cinematográfica basada en el musical.
• Gabriel Pascal y Alan Jay Lerner escribieron Mi bella dama (My Fair Lady) inspirándose en Pigmalión de George Bernard Shaw. El compositor Frederick Loewe fue el elegido para concertar las partituras. El musical, dirigido por Moss Hart, se estrenó en Broadway en 1956. A partir del éxito de éste, en 1964 una adaptación llegó a la pantalla grande.
Rhapsody in Blue (1924) es una composición del estadounidense George Gershwin. La pieza fue creada para piano solo y banda de jazz. Combina elementos de música clásica y efectos influenciados por el jazz. Esta rapsodia es una de las más populares de la escena norteamericana.
• Tomando como base la película animada de Disney de 1994, tres años más tarde surge el musical de Broadway El Rey León (The Lion King). Con música de Elton John y letras de Tim Rice, la puesta en escena fue dirigida por Julie Taymor. La exitosa versión fue acreedora del Premio Tony en 1998 por Mejor Musical.
• En 1957, Arthur Laurents crea Amor sin barreras (West Side Story), una interpretación moderna de Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare. El musical de Broadway, dirigido y coreografiado por Jerome Robbins, sirve como antecedente para el éxito en el celuloide de 1961. La música fue compuesta por Leonard Bernstein, quien ese mismo año preparó una suite de música orquestal titulada “Danzas sinfónicas de West Side Story”. (G.V.)

Programa
Los miserables / Mi bella dama / Rhapsody in Blue / El Rey León / Amor sin barreras / Huapango de Moncayo.




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