viernes, 6 de diciembre de 2013

Los Románticos de Zacatecas: El pop también muerde



Foto: Arietta Armella / Colección Auditorio Nacional


6 de diciembre, 2013 / Dos funciones / 2:25 hrs. de duración /
 Promotor: F.R.J. y Asociados S.A. de C.V.


David Cortés
A juzgar por la edad de la audiencia y el aspecto de los cuatro músicos que han subido al escenario —después de que la banda telonera, Little Jesus, calentara un poco el ambiente—, ésta debería ser una tarde tranquila, de pop chicloso y aséptico. Pero, a lo largo de la historia, los filósofos han advertido acerca del peligro de confiarse de las apariencias. Platón y Santo Tomás, entre otros, hablaron de lo engañoso que resulta formarse un juicio a partir de una primera impresión.


Sin embargo, no es necesario convocar a un coloquio de filosofía para percatarnos de que Los Románticos de Zacatecas —originarios de ese estado de la República Mexicana— distan mucho de ser aquello que los medios han tratado de vestir con piel de oveja.

Chuy y Luis (guitarras), Víctor (bajo) y Antonio (batería) son cuerpo y corazón de esta agrupación formada en 2007, con un EP y dos álbumes bajo el brazo, que cita entre sus influencias a Nirvana y Hombres G. En efecto, su sonido se teje a partir de la tensión, por una parte con una voz melosa inclinada al pop, engañosa y cuyo símil es, efectivamente, David Summers (Hombres G); por otra, un rock duro, potente, con guiños al punk, al hardcore emo, al grunge, en el cual las guitarras son chispas que detonan explosiones sonoras, cacofonías que parecen surgidas del caos. Es como si lo más ligero de la música emanada de la movida española fuera engullido por el grunge, demolido bajo los golpes de Soundgarden, Screaming Trees, Alice in Chains, etcétera.
Las presentaciones de estos irreductibles deberían contener una advertencia, sobre todo cuando quienes han venido a verlos están debajo de los dieciocho años. Más tarde, el mismo día, harán una segunda función que no variará en nada con respecto de ésta, salvo que fue programada para los mayores de edad que tienen manera de regresar tarde a casa. “Nos preguntan, ¿por qué tocan para menores?”, dice el vocalista Chuy, y ante un agudo grito responde: “Porque los menores nos podemos divertir tan chido como cualquiera”. Acto seguido suena una guitarra ácida que construye una extraña atmósfera en la intro para luego dar paso a “Cíclope”. Sí, probablemente éste es un ejemplo de rock para chicos, pero de ninguna manera se trata de un rock chiquito.
El público corea el nombre de alguno de los integrantes y éste sabe que ha llegado el momento de lanzarse a nadar sobre un mar de brazos; esto se hace extensivo a los músicos invitados (flauta, guitarra y un par de maestros de ceremonias).
 
Foto: Arietta Armella / Colección Auditorio Nacional
Entre canciones con leves acentos de psicodelia o ecos de blues, la sesión avanza y termina en apariencia tan plácidamente como inició. No obstante, nunca se sabe, detrás de esa imagen inocente se esconden unos truhanes dispuestos a tomar tu alma, en cualquier instante y a cualquier precio. Ya lo dijo el bluesman Willie Dixon: “No puedes juzgar un libro por su cubierta”.


Programa
Nuestro amor / Si tú estás lejos / Lo mismo que yo / Corazón / Volver a quererte / Aunque tú ya no me quieras / Si no estás / Sólo tú / Un beso nada más / Estaré junto a ti / Lo sabes tú / Junto a mí / En esta melodía / Cíclope / Ya lo ves / Es por ti / Uniforme de gala / Nada que pueda importar / Nada puedo hacer / Te das cuenta / Nuestros labios / Muchacha / Sabes que vendrás.


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