miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Cascanueces: Sueño de una noche de invierno

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Compañía Nacional de Danza y Orquesta del Teatro de Bellas Artes / 18 al 22 de diciembre, 2013 / 
Cinco funciones / 2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C. – INBA

Jorge R. Soto
“La música es en vivo y habrá un director conduciendo a los músicos”, explica un emocionado padre a su pequeño hijo y continúa: “Mira, ésa es una orquesta sinfónica”. En efecto, el foso del Auditorio Nacional se abre esta noche para albergar a la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, conducida por el joven director huésped, Juan Carlos Lomónaco. Aprovechando la cercanía, decenas de personas toman fotos a los instrumentistas.

Al entrar a la sala, familias enteras son recibidas con villancicos como “The Last Noël”, “Adeste Fideles” o el “Aleluya” de Händel, que surgen del órgano monumental del recinto. El sonido evoca imágenes de películas antiguas al estilo de El fantasma de la ópera, de Lon Chaney, o a Vincent Price en El abominable Dr. Phibes. De esta manera, la expectación crece a la espera de que se abra el telón.

Está por iniciar el ballet en dos actos con música de Tchaikovsky, basado en el cuento “El cascanueces y el rey de los ratones”, de Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann. Cuando Marius Petipa tuvo la idea de coreografiar la historia, se basó en la versión que del relato hizo el escritor francés Alejandro Dumas. En ella se refleja todo lo que la gente recuerda y disfruta del ballet El Cascanueces.
Estamos en Europa occidental, a principios del siglo diecinueve. La anécdota inicia la víspera de Navidad en el hogar de Hans Stahlbaum, alcalde de la ciudad que ofrece la fiesta anual para su familia y amigos. En el salón se yergue un enorme árbol de Navidad. Los niños Clara y Fritz bailan, juegan y dan la bienvenida a sus amiguitos. Con la música y la danza crece la animación, al tiempo que llega el padrino Herr Drosselmeyer. Es un habilidoso juguetero y está lleno de sorpresas. En esta ocasión presenta a la concurrencia tres muñecos de tamaño natural: una colombina, un arlequín y un moro que, a su mandato, bailan para los presentes.
La Compañía Nacional de Danza entrega un hermoso espectáculo en donde bailarines adultos e infantes demuestran, durante el transcurso de dos horas, una sincronía y coordinación impresionantes. Los cuadros grupales son tan bien ejecutados que parece desplegarse un solo movimiento.
Siguiendo con la historia, Drosselmeyer entrega a Clara un cascanueces que llama la atención de todos. Fritz, envidioso, arrebata el muñeco a su hermana y lo rompe. La pequeña está desolada y llora, pero su padrino lo repara con un pañuelo mágico. Llega la hora de partir y la familia se retira a sus aposentos. Clara, temerosa que le pueda suceder algo malo a su regalo, cae en un profundo sueño con el cascanueces entre los brazos.
Conforme el reloj da las campanadas de medianoche, cosas extrañas empiezan a ocurrir. Clara ve cómo el árbol aumenta de tamaño, lo mismo que el sillón. Los juguetes cobran vida mientras el cuarto se llena de un ejército de ratones ―estupenda coreografía y ejecución de los niños― dirigidos por su enorme rey. Quieren acabar con el cascanueces, que reacciona llamando a la batalla a los soldados de Fritz. Los líderes de ambos ejércitos se enfrascan en una pelea individual que va perdiendo el cascanueces, sin embargo, gracias a la intervención de Clara puede herir al ratón y sus súbditos emprenden la retirada.
Después de la lucha, el cascanueces se transforma en un príncipe y conduce a Clara por un recorrido por la Tierra de la Nieve, un bosque encantado donde son recibidos por copos que bailan. La pareja se transporta a la Tierra de los Dulces. Ahí son objeto del homenaje del Hada del Azúcar y su caballero, quienes danzan para ellos y les permiten sentarse en el trono, al tiempo que les ofrecen bailes procedentes de varias latitudes.
Esta es la parte musical más conocida de la obra y que la gente aplaude con mayor entusiasmo. Se despliegan danzas con sonoridades españolas, árabes, chinas, rusas, y hasta las flores bailan un vals. Esto preludia el final del trayecto de Clara y su despertar, en el que ve con felicidad que su amado cascanueces se encuentra sano y salvo, descansando en su árbol de Navidad.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
La puesta en escena de la Compañía Nacional de Danza, dirigida por Laura Morelos, es respetuosa de una historia que ha cautivado audiencias de todo el mundo durante más de un siglo. La escenografía de Laura Rode consigue un efecto de gran profundidad en todas las ambientaciones. El vestuario de Carlo Demichelis nos ubica perfectamente en la época y contexto en el que trascurre la trama (se agradece no haber modernizado los atuendos), y la coreografía de Nina Nóvak ―basada en la puesta original de Lev Ivanov― resulta muy dinámica. Bailarines adultos y menores se desplazan con precisión milimétrica y algunos de los cuadros son perfectos. Basta mencionar el de la batalla entre los ratones y los soldados ―con todo y estruendosos cañonazos― para justificar el elogio.

La versatilidad de Tchaikovsky 
El compositor ruso Pyotr Ilyich Tchaikovsky nació el 7 de mayo de 1840. Debido a que sus padres deseaban que siguiera una carrera en la burocracia imperial, no fue sino a partir de los veintiún años que empezó a estudiar música formalmente.
En 1876 Tchaikovsky conoció a Nadiezhda von Mekk, una viuda millonaria que, entusiasmada con la música del compositor, le adjudicó una paga anual que le permitía dedicar todo su tiempo a la composición. A esa pensión se deben las óperas Eugenio Oneguin (1878), basada en una obra de Pushkin; La doncella de Orleans (1879), Mazeppa (1883) y La hechicera (1887), entre otras
Tchaikovsky no sólo vivió en Rusia sino también en Europa occidental. Su reputación creció con el Capricho italiano (1880) y siguió en ascenso con la obertura romántica 1812 (1880), pieza escrita para conmemorar la victoriosa resistencia rusa frente al avance de la Grande Armée de Napoleón Bonaparte. Fue estrenada en Moscú el 20 de agosto de 1882. Es mundialmente conocida por su final triunfante, que incluye una salva de disparos de cañón y repique de campanas. La fama del compositor lo llevó a Estados Unidos, en 1891, para dirigir esa obra en la inauguración del Carnegie Hall de Nueva York. 
La obra de Tchaikovsky está constituida por ciento sesentainueve piezas que incluyen sinfonías, óperas, conciertos, cantatas y ballets. El Lago de los Cisnes (1877) fue un encargo del Ballet Bolshoi. En 1888, el director de los Teatros Imperiales, Iván Vsevolozhsky, pidió una obra y el compositor entregó La bella durmiente, estrenada dos años después. Fue tal su éxito que el Zar Alejandro III le otorgó una pensión anual y se le asignó la tarea de escribir un programa doble. Fue así que el compositor creó El Cascanueces (1892), que se estrenó junto con la ópera Iolanta.
El 6 de noviembre de 1893, unos pocos días después de completar su Sexta Sinfonía (Patética), Tchaikovsky murió en San Petersburgo, aparentemente víctima del cólera.
Sus obras más conocidas se caracterizan por tener pasajes muy melódicos, con movimientos que sugieren una melancolía que se combina con elementos de la música popular. Al igual que su contemporáneo, Nikolái Rimski-Kórsakov, Tchaikovsky dominaba la orquestación con maestría; en ese sentido, sus partituras de ballet contienen efectos de enorme colorido, como en El Cascanueces.
Los ballets El lago de los cisnes, La bella durmiente y El Cascanueces no han sido superados en intensidad melódica y brillo instrumental. Compuestos en estrecha colaboración con el coreógrafo francés Marius Petipa, representan el primer intento de utilizar música dramática para danza, después del ballet operístico del compositor alemán Christoph Willibald Gluck. (J.R.S.)

Programa
Acto I
Cuadro I: El Árbol de Navidad / Marcha / Galope de los niños y Danza de los padres / Llegada de Drosselmeyer / Escena y Vals del Abuelo / Clara y El Cascanueces / La batalla.
Cuadro II: Un bosque de pinos en invierno / Vals de los copos de nieve.
Acto II
Cuadro III: El Castillo Mágico en el Reino de los Dulces / Clara y El Cascanueces / Divertissement. Chocolate (danza española). Café (danza árabe). Té (danza china). Bastones de caramelo (danza rusa). Danza de los Mirlitones. Madre bombonera y los Polichinelas / Vals de las flores / Pas de deux (Hada de Azúcar y su caballero). Variación I: Tarantella. Variación II: Danza del Hada del Azúcar. Coda / Vals final y Apoteosis.



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