viernes, 15 de noviembre de 2013

Wisin & Yandel: Acción y reacción

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

15 y 16 de noviembre, 2013 / Dos funciones / 1:30 hrs. de duración /
Promotor: Productora Fuerza Bruta México S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Existen dos palabras que siempre se mencionan juntas pues, inevitablemente, nacieron para complementarse. Y toda vez que son nombradas, las opiniones a su alrededor resultan apasionadas, no importa si se trata de una optimista aprobación o un amargo desprecio. La primera denomina un ritmo de popularidad avasalladora y la segunda verbaliza las consecuencias de atender dicho sonido. Acción y reacción integrando un dúo demoledor: reggaetón y perreo.
Esta noche, miles de entusiastas ejercen su derecho a bailar en los pasillos del Auditorio Nacional. Prácticamente nadie ocupa su asiento, todos alzan los brazos y agitan la cadera, ya sea a solas o acompañados de su pareja, felices de que el pedal de freno no forme parte de su bólido; entusiasmados tras enterarse de que los focos rojos de la carretera que cruzan, esta vez no serán encendidos. Su obligación es seguirse de frente, echar abajo paredes para que un cielo limpio se extravíe en el horizonte. Después de todo, ¿no se manifiesta así la libertad; cerrando los ojos para recibir un beso del copiloto durante el compás correcto, perdidos en la pista de baile? De modo que no hay límites; hoy se perrea a ritmo de reggaetón porque desde el escenario así lo mandan Juan Luis Morera y Llandel Veguilla.
Y porque saben que la urgencia de librarse de ataduras es grave, los puertorriqueños no dejan lugar para el descanso. Ligan temas con rapidez, acompañados de un sexteto de chicas que los rodean con coreografías y un combo de músicos en cuyas partituras se acentúa el ritmo y se encierra entre paréntesis a la melodía. El objetivo de la dupla es claro y lo advierte con frecuencia; busca que la bulla que provocan sus rimas se escuche hasta su tierra natal y para conseguirlo cuenta con una serie de ardides que invariablemente elevan el nivel de decibeles que el público genera. En ese sentido, tomar prestados los teléfonos celulares de sus fans, tras besar las manos de las propietarias, es una actividad común para los MC’s; al igual que anunciarse solitarios y desilusionados a la menor provocación y arrojarles piropos a ellas, sus “hermosas princesas”, especialmente a aquéllas con quienes comparten soltería.
Confiando en su encanto, los de las gafas oscuras presumen su spanglish mientras entre sí se califican como leyendas vivientes, orgullosos sobrevivientes de una batalla rítmica que a diario tiene lugar en la radio y donde la clemencia no figura entre versos. Contendiente de una pugna donde el ganador se cuelga las cadenas más gruesas y las pulseras más brillantes, la pareja se da la oportunidad de separarse para gozar a solas del público ―los proyectos individuales ya están en marcha― e, incluso, le ofrece una oportunidad a Gadiel para compartir aplausos. Finalmente, más allá de anunciarse como amigos, El General y los Líderes se encuentran enlazados por la atracción que les provoca el flirteo amoroso que tiene lugar en medio de luces estroboscópicas. Porque es precisamente ahí, en las historias cuyo escenario primero es la pista de baile, donde se encuentra su inspiración favorita. Es por eso que la cita de hoy resulta prometedora y excitante, pues existen altas posibilidades de que los asistentes abandonen el anonimato para transformarse en los afortunados protagonistas de ese temario que tanto celebran.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Luego de secarse el sudor de las nucas y agotarse solicitando una más, de confesar sus deseos a los cuatro vientos y mover las manos “de lao a lao”, los presentes comprenden que ha llegado la hora de desalojar el foro. Exhaustos tras el baile, se hacen de camisetas a las afueras del recinto, souvenirs en cuyos pechos se anuncian dos palabras que siempre se pronuncian unidas porque nacieron para complementarse. Se trata de acto y respuesta, de Wisin y Yandel.

Un sonido disidente
Guardando las proporciones prudentes, sorprende lo similares que resultan las historias del rock & roll y el reggaetón, si se analiza la relación que ambos géneros musicales han sostenido con la sociedad en la cual vieron la luz.
Hablando específicamente de México, para el rock & roll fue difícil conseguir la aceptación de un ámbito cultural que, durante los años cincuenta del siglo pasado, consideraba que todo aquello que tuviera qué ver con guitarras eléctricas incitaba a la delincuencia y a la desobediencia adolescente, además de contar con una confección sonora de lo más burda si se le comparaba con el bolero y la música de las grandes bandas. Así, los adultos no comprendían cómo la juventud podía cantar canciones tan alejadas de las rimas poéticas y, por si fuese poco, bailara de modo tan obsceno, arrojando al cesto de la basura los viejos protocolos de las pistas de baile.
Al reggaetón le ocurre desde años algo similar. Y al igual que al rock & roll hace décadas, sus detractores le han augurado una muerte cercana (se pensaba que el mambo haría a un lado las crinolinas y los copetes, por ejemplo); sin embargo, la música originaria de Panamá y Puerto Rico sigue en pie, orgullosa de su facha, sonido y modo de actuar, de la escisión cultural que su existencia significa. (A.G.C.)


Programa
Mírala bien / Pam pam / Rakata / Pegao / Follow the Leader / Zun zun / Ahora es / Mayor que yo / Noche de entierro / Noche de sexo / Sexy movimiento / Tu olor / Sexo y pasión (Gadiel) / Dale fuego (Gadiel) / Que viva la vida / Estoy enamorado / Te siento / Hipnotízame / Dembow / El teléfono / Hasta abajo / Permítame / Algo me gusta de ti.







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