viernes, 1 de noviembre de 2013

Victor Wooten: Un sol de otra galaxia

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


1 y 2 de noviembre, 2013 / Dos funciones / 2:20 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Alejandro González Castillo
La historia de Victor Wooten se advierte excepcional; empezó a tocar a los dos años de edad y a los cinco ya se paraba en los escenarios de diversos clubes para mostrar su talento. Dueño de un buen ritmo, cuando cumplió seis lucía como un experimentado veterano al lado de sus hermanos, con quienes, bautizados como los Wooten Brothers, solía compartir cartel con Curtis Mayfield, The Temptations y War.


A la edad de veintitrés, conoció a Béla Fleck para a su lado iniciar una relación musical llamada Béla Fleck and The Flecktones, un grupo que a la fecha se mantiene activo y le ofrece suficiente espacio al bajista para que éste se dedique a hacer música como solista desde 1996 (A Show of Hands fue su debut discográfico).
Esta noche, Victor encuentra en la voz de Krystal Peterson la pareja correcta para ofrecer un espectáculo donde el ritmo más recurrente es el funk; aunque el jazz, el rap y el soul también tienen cabida y, por supuesto, el virtuosismo es un adjetivo constante. Y porque los movimientos acrobáticos son  esperados con ansia por la audiencia, apenas tiene oportunidad, Regi acerca su guitarra al bajo de su hermano para que ambos, con los brazos entrecruzados, construyan un entramado sonoro a cuatro manos que, gracias a lo incómodo de su naturaleza, provoca sonrisas de complicidad con un público compuesto en buena medida por colegas músicos. De pronto, todos comprenden que la música es, efectivamente, una vocación seria; pero no exenta de diversión. Y qué mejor ejemplo que ese par de artistas sobre el escenario, carcajeándose mientras arroja manotazos al aire, olvidándose de escalas y acordes durante unos cuantos compases.
Claro, los momentos más aplaudidos son aquéllos donde el bajista juega el rol protagónico, cuando explora las posibilidades acústicas de su instrumento, yendo a los extremos sin dejar de visitar cada matiz. Así, el ejecutante acaricia las cuerdas justo donde el alivio es requerido; pero también sacude enérgicamente ese trozo de madera cuando la euforia alcanza grados paroxísticos. Es en los instantes que su pulgar derecho se coordina pulcramente con la velocidad de su mano izquierda, resultado de una técnica impecable, que las comparaciones con Jaco Pastorius lucen apropiadas y la distinción de ser uno de los diez mejores bajistas de todos los tiempos, según la revista Rolling Stone, se erige como un acto de justicia. 

 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Luego de excusarse por no llevar al recinto copias de sus álbumes más recientes (Sword and Stone y Words and Tones), el compositor recuerda su previa visita al país y homenajea a James Brown (“Sex Machine”) y Led Zeppelin (“Kashmir”) para así seguirse con su éxito más sonado, “Flex”. Entonces, admirando los alcances que cuatro cuerdas de acero pueden adquirir en las manos de un artista, resulta inevitable preguntarse cómo alguna vez John Lydon (Sex Pistols) pudo calificar al bajo eléctrico como un instrumento sin importancia en las constelaciones que habitan los rockstars. Porque el músico que hoy se inclina agradecido, ante los aplausos que genera su despedida, es, sin duda, una estrella de brillo consistente, un sol ubicado en una galaxia donde las notas graves conforman constelaciones de lo más atractivas.




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