sábado, 16 de noviembre de 2013

Rod Levario: Un mito hecho realidad

Foto: Claudia Reyes Ruiz / Colección Auditorio Nacional


La fiesta de fiestas / 16 de noviembre, 2013 / Función única /
 2:00 hrs. de duración / Promotor: Enrique Andrade Mendoza

David Cortés
“Que levante la mano a quien le gusta el rock and roll”, grita Rod Levario y una selva de brazos en alto se agita al tiempo que la banda ―esa masa amorfa y anónima, sustento y emblema del rock urbano― acompaña su reacción con una ola de silbidos. El cantante no espera más, empuña su instrumento y corta el aire con sus notas.

Iniciar el baile no ha sido fácil; una hora después de comenzado el concierto, los fans del músico rebasan el dique de la contención y empiezan a raspar el piso con sus tenis de diferentes marcas, con ese baile único, tan distintivo, nacido en la periferia de la ciudad al ritmo de las canciones de Three Souls in my Mind y de otras bandas de rock de mediados de los setenta. Una vez en confianza, se arma el slam, un pequeño círculo al frente del escenario en donde impera el contacto físico y que el propio Levario habrá de organizar, primero con los “niños” y luego con las “niñas”.

El cantante-guitarrista-compositor lleva una larga trayectoria en el rock nacional, principalmente en su vena urbana. Si bien su primera producción, Dama, se hizo en 1985, ya antes había iniciado su trayectoria con diferentes agrupaciones. Luego de esa primera incursión, Levario formó Heavy Nopal y lo utilizó como trinchera para diseminar las canciones de Rockdrigo González.
Hoy, esa devoción por las canciones de González, de Lora y de El Haragán, entre otros, sale a flote en un rock duro, con coloraturas de blues y energía redoblada en el cual no faltan las versiones a temas que Levario ha convertido en caballitos de batalla de su propio repertorio, como “Aviéntense todos” (popularizada por Los Locos del Ritmo), “Fue en un café” (que en su momento interpretaran Los Teen Tops y Los Apson), “Ratas” o “A esa gran velocidad”, melodías que, fiel a su costumbre, él interrumpe con frecuencia para pedir a la banda insultos contra varias figuras de autoridad.
 
Foto: Claudia Reyes Ruiz / Colección Auditorio Nacional

Y es que un concierto de la Rod Levario Band es siempre una fiesta en donde los trompicones son frecuentes, pero en la que también el clima se eleva. Si en un principio priva la mesura (misma que lleva a una asistente a preguntarse “¿por qué no bailan?”), al final se hace presente el frenesí. La sensualidad se manifiesta en los brincos, en los giros, en esos movimientos tan característicos del rock urbano, una bandera que el guitarrista abrazó desde sus comienzos y que él se ha encargado de enarbolar en cualquier lugar para convertirse, según sus propias palabras, en “un mito del rock mexicano hecho realidad”.


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