lunes, 25 de noviembre de 2013

Otelo: Drama entre discos y jeans

Foto: National Theatre

National Theatre de Londres presenta… / 25 de noviembre y 8 de diciembre, 2013 / Dos funciones / 
3:15 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
Nicholas Hytner, director artístico del National Theatre de Londres, apuesta todas sus fichas por un Otelo contemporáneo, general de división en una aventura en Chipre, donde sus soldados beben latas de cerveza a escondidas y escuchan música moderna. Se supone que arriban al archipiélago en barcos, pero ocasionalmente se oye el inconfundible sonido del girar de aspas de helicópteros. Es decir, Shakespeare aquí y ahora.


El montaje de Hytner da inicio con ciertos problemas de verosimilitud ―el moro de Venecia con traje y sin corbata en la calle, y luego compareciendo en una pequeña oficina ante los líderes del Senado―, pero ese aspecto se estabiliza cuando queda claro que el thriller psicológico se desarrollará en un ambiente actual y militar. Sí: Otelo y Yago con uniformes de camuflaje y Desdémona en jeans.

La escenografía de Vicki Mortimer ―algo así como el juego de cubos Rubik― traslada la acción de un sitio a otro con gran rapidez y eficacia. En ese ambiente se desarrolla una especie de pelea de título mundial de histriones de peso pesado: Adrian Lester (Otelo) y Rory Kinnear (Yago), quienes recibieron conjuntamente el galardón al Mejor Actor de Teatro 2013, en la entrega de premios del Evening Standard de Londres.
El crítico de The Guardian, Michael Billington, comentó que, a su juicio, Rory Kinnear gana la pelea por puntos, gracias a que en este montaje se agudiza la preeminencia de Yago como centro de la acción. Al respecto, hay que decir que mucha gente piensa que esta obra debería llevar el nombre del personaje intrigoso y no el de quien padece los celos, pero eso de enmendarle la plana al Cisne de Avon es demasiado temerario.
Rory Kinnear es un estupendo villano que manipula a su jefe con la facilidad de quien “lleva del hocico a un burro”. Resulta brillante la forma en que Yago le “llena de pestilencias el oído” a Otelo, así como la terrible vulnerabilidad que manifiesta el moro fortachón, quien llega al punto del vómito y del desmayo, ocasionados por la angustia.
Tal vez no estén tan errados aquellos que piensan que el tema central de esta obra no son los celos sino la desconfianza. El primer despropósito que comete Otelo es degradar a Casio (Jonathan Bailey), luego de verlo pelear en estado de ebriedad; después vendrán sus dudas acerca de la fidelidad de su esposa. El moro también deja de creer en la buena fe de Emilia (Lyndsey Marshal), esposa de Yago y asistente de Desdémona (Olivia Vinall).
Resulta inolvidable la escena en que Otelo asfixia con una almohada a su mujer, y luego la estrangula. Ahí están la fuerza física y el odio (“Ojalá no hubieras nacido”) contra la debilidad y la inocencia. Esto sucede en una habitación que parece de hotel de paso; o sea que le puede suceder a cualquiera, en cualquier momento y lugar. Shakespeare aquí y ahora.
Dentro del ciclo shakespeariano del National Theatre ―que inició en octubre con Macbeth―, aún falta por ver, en el Lunario del Auditorio Nacional, una segunda función de Otelo (8 de diciembre), así como Hamlet (20 y 21 de enero de 2014) y Coriolano (24 y 25 de febrero). Imperdibles.
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