viernes, 1 de noviembre de 2013

Margarita La Diosa de la Cumbia: Gasolina y fuego

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional


Desde mis raíces / 1 de noviembre, 2013 / Función única /
2:20 hrs. de duración / Promotor: Tama Producciones S.A. de C.V.

David Cortés
Ella se toma un tiempo, habla de lo que es ser madre y padre a la vez y presenta a Jonathan, su hijo, quien no sólo agradece el detalle, también aprovecha el momento para decir a su progenitora unas cuantas palabras nacidas desde su corazón. Es el momento más emotivo de la noche, el más romántico, una muestra de amor filial, pero ese instante no necesariamente describe un concierto de Margarita y su sonora.


Aquí, la temperatura ya es propicia. Si afuera llueve, Margarita se encarga de secar todo, le pone fuego, y para ello le bastan unas cuantas palabras como disparador: “Estoy soltando mi equipaje, suelten el suyo, hagan lo que quieran esta noche, que esto es una fiesta”.

Pero el público duda, se resiste a soltar lastre, a levar anclas. Margarita se da cuenta, y por eso, con presteza, se saca de la manga un as. No hemos llegado al primer tercio del show cuando comienzan a escucharse las primeras notas de “Amor de mis amores” y es como si pusieran una pequeña chispa a un barril de gasolina. De inmediato se da la explosión, la llamarada se eleva y es entonces cuando los asistentes dejan de lado todo pudor para entregarse al calor de la cumbia.
Hoy Margarita hace un recorrido no sólo por sus éxitos, que los tiene a manos llenas, sino por la cumbia, ese híbrido nacido de la cruza de Europa, África y América y que encontró en su país, Colombia, uno de los mejores terrenos para su crecimiento. Así, a lo largo de la velada y apoyada por sus bailarines y dinámicas coreografías, nos adentra en algunos de los secretos del género: lo mismo hay bailables que remiten a la negritud de su música, que arma una colorida postal del Carnaval de Barranquilla.
Y a la música candente le corresponden cuerpos agitados, sudorosos, perlados de diamantina y que se agitan con un furia que amenaza con el desprendimiento de alguna extremidad. Y es que Margarita convierte el Auditorio Nacional lo  mismo en un gigantesco karaoke, que en un night club. De pronto, sus bailarines nos lanzan idílicas imágenes de lugares como el Copacabana, el Crazy Horse, el Lido y ella lo mismo interpreta una composición de Alejandro Sanz, que un dueto con el veracruzano Samo (ex Camila) o una espléndida versión de “La vida es un carnaval”, con una sección de alientos a tope y rayando en el virtuosismo.
No hay tregua, ni pausas excesivas, sólo música muy caliente, una invitación constate al baile, a poner los cuerpos a exposición, a sacar lustre al piso con los pasos ha tiempo resguardados, a dejarse llevar por los vaivenes de la música, del ritmo.
Aunque Margarita habla poco, en una de esas ocasiones nos recuerda la importancia de la cumbia, de su nacimiento, de su legado histórico. Por eso en su repertorio afloran varios temas a los que el tiempo no olvida, cumbias emblemáticas de una generación que en los cuarenta y cincuenta del siglo pasado disfrutó cabalmente de su juventud y hoy llegaron aquí a revivir mejores tiempos.
Lo fantástico de la noche es que ésta fluye naturalmente, orgánicamente, sin artificios. No hay distractores, la Diosa de la cumbia ha venido a recibir un tributo y a tributar a la vez y lo hace sin afeites, exclusivamente con su música. Y aunque en este viaje al pasado no muy remoto se vale de ciertas licencias, como la incorporación de temas pop a su repertorio, no deja de ser elocuente que el todo se inclina a prodigar homenaje a una tradición que hoy se antoja perdida, diluida en medio de una sobreoferta musical en la cual ya no encontramos ningún referente que nos permita decir qué es bueno y qué es malo.
 
Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
Sin embargo, si el termómetro es un buen indicador para medir el gusto, si el número de calorías quemadas en el baile ―la Diosa de la cumbia sabe de ello, pues varias de sus canciones suenan a todo volumen en gimnasios y clases de zumba permite medir la calidad, sin duda esta noche pasa por gloriosa. Tan gloriosa que es difícil bajar de esa nube de entusiasmo porque aunque anuncia el fin en repetidas ocasiones, cuando éste llega sus seguidores se quedan con ganas de la última, con deseos de seguir moviendo los pies. Será para la próxima, hoy ha sido suficiente.

Perfil de una Diosa
Originaria de Medellín, Colombia, Margarita María de Santa Teresita Vargas Gaviria, inició dubitativamente su trayectoria por la música. Si bien sabía que quería cantar, al principio sus primeras producciones se encaminaron a la balada. Fue allí cuando Víctor Nanni la escuchó por primera vez y decidió que el mejor lugar para esa voz privilegiada sería al frente de la Sonora Dinamita, combo que en esos momentos comenzaba su expansión no sólo en Colombia sino en América Latina.
De 1984 a 1990 la cantante formó parte de dicha agrupación. A su salida creó el grupo Coco Loco, pero dos años después cambió el nombre por La Sonora de Margarita. Ha recibido múltiples reconocimientos, pero uno de los más importantes fue el ser galardonada con la Orden de Caballeros en su natal Colombia, en 2012, por su labor artística y trabajo de difusión de la cultura colombiana en el extranjero. Por fin boleros es su obra más reciente y el álbum número veintidós de su carrera (D.C.).

Programa
Intro / Yo me llamo cumbia / El equipaje / Esta vida / Mi bombón / La piragua / Amor de mis amores / La pollera colorá / Déjalo ir / Juepa / Escándalo / La luna de Barranquilla / Corazón partío / Ya te olvidé / Sin ti no soy nada / Y qué de mí / El africano / Mi cucu / Capullo y sorullo / A mover la colita / Qué bello / Valdrá la pena / Duele / Merengue / La vida es un carnaval / Como cumbiambero que soy / La colegiala / Nube gris / Oye.



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