jueves, 31 de octubre de 2013

Diego El Cigala: Triángulo de las heridas


Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


Romance de la luna tucumana / 31 de octubre, 2013 / Función única / 2:15 hrs. de duración / 
Promotor: Management y Producciones CJ, de R.L. de C.V.

Fernando Figueroa
Y lo hizo otra vez… En 2010, el cantaor español grabó Cigala & Tango, álbum que provocó desgarramiento de vestiduras en ambos lados del Atlántico; ahora se trata de Romance de la luna tucumana, en el que también ofrece temas barriobajeros, pero alternados con folclor andino. Y el quejío de rigor, por supuesto.


Aunque no falta quien a las primeras de cambio pide “Lágrimas negras”, el concierto arranca con una revisión casi íntegra del disco más reciente. Decisión que le da frescura a la noche y un ambiente de exploración que emociona. No es poca cosa que el maestro del flamenco se aventure por calles que tienen nombres y apellidos de abolengo: Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Carlos Gardel, incluso Chavela Vargas.

El quinteto que lo acompaña es de escándalo. Para empezar, el pianista Jaime Calabuig, Jumitus, llena los zapatos de Bebo Valdés, aunque eso suene a sacrilegio. Yelsy Heredia, ya se sabe, es el contrabajista de cabecera de El Cigala. Isidro Suárez en las percusiones puede ser terso o frenético, sin jamás perder el estilo. Juan José Paquete se posesiona en la guitarra acústica y por eso hace clic rápidamente con el público. Diego García es, ni más ni menos, quien le dio el acento twang a Romance de la luna tucumana; no por nada le apodan Twanguero.
Flamenco, tango y… ¡guitarra eléctrica! Andrés Calamaro había propiciado el encuentro de El Cigala y Diego García, y estos dos cocinaron un álbum que no dejará a nadie indiferente. Por ejemplo, “Naranjo en flor” con twang en vez de bandoneón es una propuesta que puede producir una guerra entre Buenos Aires y Andalucía, aunque Ramón Jiménez Salazar (verdadero nombre del cantaor) nació, creció y vivió en Madrid, y ahora radica en República Dominicana.
Cuando la onda tucumana llega a su fin en el show, el madrileño despide con abrazos y besos a los guitarristas. Toca el turno a la fusión menos arriesgada que quedó impresa en Cigala & Tango. Con piano, percusión y contrabajo, el Río de la Plata casi vuelve a su cauce, luego del desbordamiento previo.
Aunque el flamenco a secas no está en el repertorio de esta noche, entre las butacas surgen gritos de “olé” y “torero fino”. El cantaor entra y sale del escenario como si partiera plaza en la Maestranza. A ratos deja que su cuadrilla incursione a solas en jugueteos de jazz.
El líder pide un aplauso para Bebo Valdés, el isleño que lo animó al mestizaje inicial con el bolero y todo lo que se le antojara después. Así es como surgen los temas de Miguel Matamoros ―la complacencia a la temprana petición―, Julio Gutiérrez, Carlos Eleta Almarán, Antonio Machín y Pablo Milanés. Las teclas pulsadas por Jumitus adquieren una dimensión enorme. Heredia y Suárez no sólo le tunden a sus instrumentos sino que también hacen coros con sabor caribeño.
Las historias de sufrimiento y abandono son comunes al tango, bolero y flamenco, géneros que esta noche conforman el triángulo de las heridas sin sanar. Incluso, la bigamia machista se plantea como un desangramiento en “Corazón loco”, y el goce de las simples cosas se percibe de manera patética por la fugacidad del tiempo. 
De pocas palabras, El Cigala agradece la visita de cada uno de los presentes, en especial Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes. 
En octubre de 2011 se presentó aquí mismo el cantaor dentro de su gira Cigala & Tango. Ayer, como hoy, los anillos, cadenas, esclavas y reloj, todo de oro, son igualmente llamativos, al igual que su dominio del espacio. Anda como Diego por su casa, da indicaciones de último momento y se seca el sudor no con pañuelos de tela o desechables sino con una toalla, porque su pérdida de líquidos es similar a la de un atleta.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
 
Y lo volverá a hacer… si se cumple su deseo de regresar “a esta tierra bendita”. Aquí lo estará esperando un público fiel que vino a ver y escuchar a un hombre que se presenta con una escenografía que consta sólo de iluminación. Sin olvidar, por supuesto, la luz interior del famoso duende.

Con el cante jondo por dentro
Cuenta la leyenda que el apodo de El Cigala se lo puso Camarón de la Isla, pero, desgraciadamente, no es cierto; los verdaderos padrinos fueron Los Losada, tres hermanos con gran currículum en el ambiente flamenco. El nombre artístico tiene que ver con un crustáceo alargado e inquieto (¿por qué será?).
El Cigala cantó flamenco desde niño y poco antes de cumplir treinta años grabó su primer disco solista: Undebel (1997). Le siguieron Entre vareta y canasta (2000) y Corren tiempos de alegría (2001).
A continuación llegó la fama mundial gracias a Lágrimas negras, con Bebo Valdés en el piano, que fue considerado por The New York Times como Álbum del Año 2003. La fusión del bolero y el flamenco, interpretado por dos monstruos de esos géneros, explotó en las manos y en los oídos de felices melómanos, quienes también pagaron por verlos en vivo.
Picasso en mis ojos (2005) fue un regreso a los orígenes y Dos lágrimas (2008) la continuación de la aventura con Bebo, pero ya con el cubano lejos de este mundo. Cigala & Tango (2010) se grabó en vivo, en Buenos Aires. Romance de la luna tucumana (2013) es el material más reciente. (F.F.)

Programa
Canción de las simples cosas / Naranjo en flor / Los mareados / Milonga de Martín Fierro / Déjame que me vaya / Romance de la luna tucumana / Historia de un amor / Por una cabeza / Niebla del riachuelo / Canción para un niño en la calle / Garganta de arena / Nostalgias / Inolvidable / Veinte años / Corazón loco / Soledad / Vete de mí / Lágrimas negras / La bien pagá / Dos gardenias.



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