sábado, 12 de octubre de 2013

Paco de Lucía & Septeto: El Guadalquivir en Reforma

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



12 de octubre, 2013 / Función única / 1:55 hrs. de duración / 
Promotor: Erreele Producciones, S.A. de C.V.

Jorge R. Soto
Dentro del flamenco, se dice que el duende es “una fuerza y misterio que adquiere una manifestación artística cuando ésta capta el espíritu, produciéndose un particular estremecimiento”. “Es el momento en el que se percibe la pureza escénica que se desea. Es estar en trance, en desborde confesional, es el momento de la perfección artística”.


Estos conceptos de los investigadores Carlos Almendros y Anselmo González Climent, respectivamente, son aplicables a la presentación de Paco De Lucía y su septeto, quienes se ubican en un escenario minimalista, con un tablado al centro y una jardinera con helechos al fondo. Es lo único que necesitan el guitarrista y sus acompañantes para hacer magia.
Una composición para guitarra sola abre el concierto. En ella, el maestro andaluz cierra los ojos y sus manos producen tal cantidad de sonidos que pareciera que se trata de dos instrumentos sonando simultáneamente. Realiza improvisaciones delicadas, acariciando a su fiel compañera, para en seguida arremeter las cuerdas con rasgueos frenéticos, como si quisiera arrancarlas.
Llega el septeto formado por Alain Pérez (bajo), Antonio Serrano (armónica y teclados), Antonio Sánchez (guitarra), Israel Suárez Piraña (percusiones), Antonio Fernández Farruco (baile), y Antonio Flores y David Maldonado (cante): Y es así que se abre la ruta hacia el flamenco de varios matices, desde el más estricto, hasta el que fusiona teclado, armónica, tarola y platillos, como complemento al cante.
El cante, ese emotivo y desgarrador estilo de interpretar las canciones, resultó de la combinación de la tradición vocal de los gitanos recién llegados a Andalucía, con antiguos elementos de esa localidad. Este sincretismo generó lo que conocemos hoy como cante jondo o canto profundo. La lírica de esta forma de expresión se asemeja al blues en cuanto a la manifestación de pesar, de tristeza y desolación profunda que tiene que ver con decepciones amorosas, fallecimientos o traiciones, entre otros temas. Te voy a comprar tres puñales para que me des la muerte o Te llevo en el alma, las cuerdas de mi guitarra están llorando. Ha sido tan trascendente esta manifestación que Federico García Lorca escribió en su honor el poema “Baladilla de los tres ríos”: (…) El río Guadalquivir tiene las barbas granates / Los dos ríos de Granada, uno llanto y otro sangre / ¡Ay, amor que se fue por el aire!...
De pronto, Ferruco se levanta y ofrece cátedra de zapateado flamenco. Al ritmo frenético de la música, golpea la madera con los tacones y las puntas de sus botines, agita las manos, salta, da vueltas, agita su larga cola de caballo, levanta los brazos, se suelta el pelo que se desparrama como lluvia negra sobre su rostro y enloquece a la gente con su desmedida energía.
Paco De Lucía es generoso y permite que, desarrollando solos de sus instrumentos, los músicos demuestren su valía. Alain Pérez presenta un bajo de cinco cuerdas, se apodera principalmente de las tres más agudas para entregar un solo vertiginoso y monumental, mientras que Piraña toca el teclado, la armónica y chasquea los dedos. Hay un momento en que Antonio Sánchez se enfrasca en un duelo guitarrístico con De Lucía, duplicando las notas que el maestro emite y sale bien librado.
Paco De Lucía dirige el concierto hacia el flamenco primigenio o sonoridades tan diversas como la rumba o el jazz, en virtud de la acción del bajo, la armónica y el teclado. Sus manos recorren el cuello y el cuerpo de la guitarra, no hay espacio que no sirva para crear música, toca la caja de resonancia haciendo percusiones que acompañan el sonido de las cuerdas; crea la ilusión de que los insólitos acordes que arranca de su instrumento pueden ser fácilmente duplicados. Pero es sólo eso, un espejismo, porque muy pocos pueden aspirar a esa clase de maestría digital. 
El público se desgañita en elogios: “¡Ole!” “¡Mostro!” “¡Bien quiere Dios a los que tocan bien!”, son algunas de las frases que se escuchan. Muchos baten palmas al compás de quienes están sobre el escenario. Hay quien grita al guitarrista: “¡Padre!” y él sonriendo dice: “Ése no es mi hijo, tengo dos que son mexicanos y que están ahí, pero ése no”. La gente ríe, aplaude, le festeja todo. Está entregada. Sólo falta que, como en la plaza de toros, saquen los pañuelos blancos pidiendo orejas y rabo para el diestro.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Al finalizar el concierto, queda la sensación de que Paco de Lucía es uno de los más grandes guitarristas vivos, no solo del flamenco, sino de la música en general.

La guitarra prodigiosa
Paco De Lucía, quien fuera bautizado como Francisco Sánchez Gómez, nació el 21 de diciembre de 1947 en el barrio popular y predominantemente gitano de La Bajadilla, en Algeciras (Cádiz). Su padre y hermano, ambos músicos, lo introdujeron al flamenco desde su infancia, y a los seis años empezó a estudiar guitarra.
A los doce debió llevar dinero a su casa, por lo que al lado de su hermano Pepe formó el dúo Los Chiquitos de Algeciras. Dos años más tarde ganó el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera e inició su carrera internacional como tercer guitarrista de la Compañía de Ballet Clásico Español, con la que realizó su primer viaje a Estados Unidos. 
En los sesenta, De Lucía trabajó con Fosforito y después con el mítico Camarón de la Isla y con Juan Lebrijano. Todos ellos le dejaron enseñanzas e influencias que capitalizaría en el futuro. De Lucía se convirtió en estrella con luz propia en 1973, con la rumba “Entre dos aguas”, que conquistó a un público amplio y más joven. Se dice que fue responsable de introducir, en esos años, el cajón peruano al flamenco.
Esta apertura a nuevas sonoridades le valió convertirse en uno de los pocos músicos españoles en incursionar en la música clásica, la popular o el jazz, fusionar géneros y alternar con figuras de la talla de Larry Coryell, John McLaughlin, Al di Meola y Chick Corea, entre otros.
Con Paco de Lucía el papel de la guitarra flamenca como instrumento solista, y no sólo como acompañante, se amplió enormemente. Autor de varias bandas sonoras, continúa publicando discos y dando conciertos por todo el planeta. Entre sus mejores grabaciones figuran títulos como Fantasía flamenca (1969), Siroco (1987) y Doce canciones de García Lorca para guitarra (1992). En 1998 publicó el álbum Luzía, en homenaje a su madre; en 2004 grabó Cositas buenas, y su más reciente álbum es una grabación en directo titulada simplemente En vivo (2011). 
Paco de Lucía ha recibido muchos galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco; la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1992), el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004). Y los doctorados Honoris Causa de la Universidad de Cádiz y del Berklee College of Music (2010). (J.R.S.)

Programa
Variaciones de Minerva / Mi Antonia / Soniquetes / Cositas buenas / Vámonos / Entre dos aguas / Río ancho / Gitanos andaluces / Entre dos aguas (bis)




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.