miércoles, 23 de octubre de 2013

Marc Anthony: Su anhelo realizado

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tour Vivir mi vida / Del 23 al 25 de octubre, 2013 / Tres funciones /
 1:55 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Jorge R. Soto
“Vivo para, de alguna manera, dejar mi huella”. Con estas palabras culmina un video que antecede a la llegada de Marc Anthony, quien surge en una plataforma, en lo alto del escenario. Desciende varios peldaños hasta quedar frente a un público delirante, formado en su mayoría por mujeres de todas las edades. Antes de que cante una estrofa, las fans se entregan incondicionalmente. Después, sobreviene la locura.


Heredero del linaje de los grandes intérpretes de la música afroantillana ―que tiene a su mayor icono en Héctor Lavoe, que él mismo encarnó en una cinta biográfica (El cantante, 2006)―, Marc Anthony se adueña del escenario, lo recorre de un lado a otro, se acuesta en él, permitiendo que se acerque la gente a tomarse fotos. Se levanta, dirige a sus músicos con movimientos frenéticos, se muestra energético, salta, gira sobre su eje y canta. Sobre todo, canta.

Los catorce elementos de su conjunto aportan un sonido impecable y poderoso, como una avalancha de notas que baña el inmueble y complementa a la perfección la voz de tenor ligero del ídolo, que demuestra un alto grado de versatilidad, sosteniendo notas altas por largo tiempo o bajando la voz para inyectarle intimidad a una frase.
“Ayer me preguntaron en una entrevista: ‘¿Qué te falta por hacer en la vida?’ Y yo dije: ‘cantar en el Auditorio Nacional de México’; por eso esta noche es otra cosa para mí”, afirma emocionado el artista, al tiempo que se arrodilla para besar el escenario. Este hombre es un gran intérprete de su género, pero también es un maestro de los silencios, de las pausas, que alarga después de cada canción, provocando el rugido prácticamente interminable de la gente.
Otra de las virtudes de Marc Anthony es su facilidad para bailar. Puede desplazarse con buen ritmo a grandes zancadas, lo mismo que dar unos cuantos pasos de costado o una vuelta con enorme lentitud, sin que por ello se descuadre en medio de una música acelerada. Además es histriónico: dependiendo de la canción, puede expresar sufrimiento, enojo o alegría, a través de rigurosos ademanes y gestos.
En “Hasta ayer”, una de sus canciones más celebradas, la banda produce un acompañamiento robusto, granítico, al que se le suma un solo de violín eléctrico brutal, estupendo, que bien podría haber firmado Jean-Luc Ponty o Sugar Cane Harris.
Los temas generalmente exponen reclamos amorosos por el sentimiento mal correspondido, profieren advertencias y expresan un intenso dolor. Inician lentamente, como una balada, para ir aumentando no sólo en volumen sonoro, sino en velocidad, para estallar en una descarga generalizada que pone los pelos de punta.
También se da tiempo para agradecer la presencia de Marco Antonio Solís, quien se levanta de su butaca y saluda a la multitud. Al mismo tiempo, el neoyorquino se arrodilla y aplaude a manera de reverencia para el ex Buki.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Marc Anthony, en el primer recital de tres programados en el Auditorio Nacional, se entrega, se vacía, no se queda con nada y demuestra que, en la actualidad, es la figura más relevante en su género.

Las facetas del ídolo
Marc Anthony, cuyo verdadero nombre es Marco Antonio Muñiz Rivera, nació el 16 de septiembre de 1969, en Manhattan. Creció escuchando rock y rhythm and blues e inició su carrera cantando en inglés, en clubes neoyorquinos; su especialidad inicial fue la llamada house music, en la que el cantante repite una frase con pequeñas variaciones, sobre una pista musical. Posteriormente se integró al grupo The Latin Rascals, que no tuvo gran repercusión.
A principios de los noventa, participó en una convención musical de radiodifusoras. Tras una actuación relevante, su voz se empezó a escuchar en muchas emisoras de Estados Unidos; editó un álbum con temas en inglés que vendió dos millones de copias; sin embargo, cantar en castellano fue el giro que le daría fama internacional.
Sus ventas rebasan ya las doce millones de copias en todo el mundo. Ha recibido certificaciones de oro y platino de la Recording Industry Association of America (RIAA). Su influencia ha sido reconocida al ser incluido en la lista de Los diez neoyorquinos más influyentes, de la New York Magazine. 
Paralelamente, ha desarrollado una carrera en la actuación. En Broadway, participó en The Capeman, el musical de Paul Simon; y en Hollywood, en películas de Martin Scorsese (Bringin Out the Dead) y de Tony Scott (Man on Fire), entre otros directores. Es dueño minoritario del equipo de futbol americano Miami Dolphins, y en 2009 fue reconocido con un Lifetime Achievement Award por el Congressional Hispanic Caucus Institute, en Washington D.C.
En su faceta de empresario lanzó, en 2012, una línea de ropa y accesorios. Recibió el premio Billboard Hall of Fame, y creó la Fundación Maestro Cares, junto a su socio Henry Cárdenas. La organización sin fines de lucro comenzó a construir su primer orfanato en la República Dominicana.
El ganador de cinco Grammys también fue honrado por la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) con su Founders Award, por su contribución a la música a nivel mundial. Su gira Gigant3s (con Chayanne y Marco Antonio Solís) encabezó, en 2012, las listas de Hot Latin Tours de la revista Billboard. La más reciente producción discográfica de este artista se dio a conocer el 23 de julio del 2013, bajo el título de Marc Anthony 3.0. (J.R.S.)

Programa
Intro / Valió la pena / Y hubo alguien / Hasta ayer / Volando entre tus brazos / Tengo tanto miedo de perderte / Contra la corriente / Ahora quién / Vivir lo nuestro / Y cómo es él / Medley 2013 / Qué precio tiene el cielo / Hasta que te conocí / Te conozco bien / Mi gente / Tu amor me hace bien / Vivir mi vida.




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