lunes, 14 de octubre de 2013

Macbeth: Una mente plagada de escorpiones

National Theatre de Londres presenta. Proyección digital con subtítulos en español / 14 y 20 de octubre, 2013 /
 Dos funciones / 2:15 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Embajada Británica en México

Fernando Figueroa
El escenario en Londres semeja una lodosa pista de carreras parejeras, con el público sentado a ambos lados de esa recta (escenografía de Christopher Oram). En vez de caballos, los que corren, caminan y luchan entre sí, son seres humanos que representan a los sedientos de poder y, en el otro bando, quienes están hartos de la tiranía.

Kenneth Branagh y Rob Ashford dirigen esta nueva producción del National Theatre, en la que el primero de ellos también muestra las dotes histriónicas que lo han consagrado en cine, teatro y televisión, con un marcado gusto por encarnar personajes creados por William Shakespeare. En la pantalla grande, Branagh ha interpretado a Yago (Otelo), y a los personajes principales de Enrique V y Hamlet, en este último caso con dirección suya.

Michael Billington, crítico teatral de The Guardian, admira el valor de Branagh al ofrecer una “actuación tradicional” en el papel de Macbeth, al grado de confesar que durante el estreno le llegaron a la mente flashazos de sir Lawrence Olivier como el usurpador que lucha en su mente contra los escorpiones de la culpa.
Y si Branagh alcanza muy altas cimas interpretativas, Alex Kingston lo supera en el papel de Lady Macbeth, la dama que empuja a su esposo a cometer el magnicidio, la autora intelectual perfecta, de cuyos labios surge la consigna: “El camino que conduce al poder está lleno de crímenes… Yo te daré valor para cumplir la audaz empresa”. Y una vez consumado el delito, al ver el conflicto moral que enfrenta su marido: “Debe darse al olvido lo que no tiene remedio. Lo hecho, hecho está”.
Las actuaciones de los personajes principales son tan impactantes, que eso mismo pone en evidencia la débil presencia escénica de Alexander Vlahos como Malcolm, quien inicialmente rehúye el compromiso de encabezar la revuelta contra Macbeth, pero luego acepta el reto. Vlahos sí da el tipo de joven indeciso, pero no es muy creíble su transformación en líder y, finalmente, en rey.
Si en Hamlet el espectador observa a detalle las reacciones de la víctima principal de un crimen de Estado, en Macbeth se penetra en la mente del asesino. Sin embargo, en esta última obra la historia inicia con la aparición de tres hermanas brujas que auguran el porvenir a Macbeth y Banquo (Jimmy Yuill). Con esa profecía, Shakespeare siembra una lacerante duda: ¿realmente existe el libre albedrío? Macbeth y su esposa son prototipos de la maldad, pero, como pensaría Borges, acaso sólo son piezas de ajedrez movidas por una mano inescrutable que tampoco tiene autonomía.
En el escenario llueve a cántaros, pero el agua del cielo es incapaz de lavar la sangre derramada del monarca Duncan (John Shrapnel), de su incondicional Banquo y de la familia entera de Macduff (Ray Fearon). Imposible que fuera de otro modo, pues tampoco pudo hacerlo “todo el océano de Neptuno”.
En el programa de mano se menciona a Terry King en la dirección de combate escénico, un crédito poco usual que en esta ocasión está más que justificado, pues los espadazos juegan un papel importante en el montaje y son realizados con el mayor realismo.
Al salir del Lunario, hay tiempo para reflexionar especialmente en una de las frases célebres de Lady Macbeth: “Para engañar al mundo, toma del mundo la apariencia”.
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