jueves, 10 de octubre de 2013

Eros Ramazzotti: Renovación de la balada


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Noi World Tour 2013 / 10 de octubre, 2013 / Función única / 
1:55 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
El seguidor ilumina al guitarrista, un hombre afroamericano, alto y robusto, que pulsa su guitarra con la misma furia con la que sus antepasados, esclavos, pizcaban algodón. Pero esta vez, la ira se desliza por la pendiente del blues en el final de una canción. “Como que desentona un poco, ¿no?”, comenta una mujer en las butacas y, acto seguido, el músico la emprende, fuera de programa, con un blues en toda regla.


Es la noche de Eros Ramazzotti y el paso del Noi World Tour 2013 por la ciudad de México. Y, efectivamente, algo “desentona”. Ese “algo”, tal vez, tiene que ver con la construcción que de sí mismo ha hecho el cantante. Sabido es que gran parte de su fama se afinca en su interpretación de temas lentos, de esa balada muy italiana y con una larga tradición tras de sí; sin embargo, hoy Ramazzotti viene decidido a romper las reglas, a resquebrajar los estereotipos.
Sí ―parece decir cuando empuña la guitarra y él mismo ejecuta un solo semipesado, filoso, crispante incluso―, soy un representante de la balada italiana, pero ahora es una balada robustecida. Y cómo no va a serlo, si el país de donde procede acuñó en el pasado fama por sus baladistas, una época magnificada por el Festival de la Canción de San Remo, en el cual nombres como Domenico Modugno, Nicola Di Bari, Adriano Celentano, Gigliola Cinquetti ―el mismo Eros ganó el prestigiado certamen en 1986―, entre otros, adornaban con todo tipo de ofrendas sus canciones de amor, temas lentos, verdaderas baladas pero teñidas con la elegancia del pop británico.
Y Ramazzotti no sólo es continuador de esa tradición, él pertenece ya a esa generación de individuos que se expuso en sus años mozos a los efectos del rock y de algunos de sus afluentes: soul, funk, blues, gospel. Música negra a raudales y que también agrega algo de reggae, un poco de hip hop. En esa amplitud de miras, en ese abanico de influencias, en su capacidad para romper los cartabones y construir una nueva fachada a un viejo edificio, está el secreto de Eros y compañía, una banda que no sólo lo apoya por cualquier vericueto que se interne, sino que también lo hace con maestría.
Hay momentos en los cuales esa raíz negra aflora con naturalidad gracias a las acometidas de esa banda multicultural que acompaña al italiano, una condición que él mismo manifiesta cuando, al cantar, lo hace en italspagnolo o en spagnitaliano, pero que musicalmente se traduce en los ritmos de color que impregnan cada uno de los temas del artista.
Decir que Ramazzotti hace balada de poder no deja de ser hiperbólico, pero hay argumentos que colaboran para tal afirmación. Hay pasajes suaves, evidentemente, en sus temas, sobre todo cuando él interpreta solamente acompañado de su guitarra acústica; pero predominan los solos de guitarra con inclinaciones al metal pop, las intros energéticas, los solos de saxofón que nos llevan a los territorios del northern soul (esa vertiente que abrazó muchas composiciones del género que nunca alcanzaron el éxito y encontró en Inglaterra terreno fértil), el bajo que inclina el vagón hacia el funk, las intervenciones de las coristas que refuerzan la calidez del soul.
Y hay momentos muy lúdicos: cuando Ramazzotti se acerca a su guitarrista y bromea con él para que hable de su lugar de origen, y luego lo impele a tocar un blues; o cuando jugueteando con su voz, le pide que lo siga al saxofonista que lo imita. O cuando deja al bajo tocar y éste nos deleita con un solo reminiscente de la música disco.
También abunda el romanticismo, esos instantes cuando toma a una de sus coristas de la mano y le pide que lo acompañe en una de sus canciones; o cuando a las dos bellas féminas se le suma la voz de un hombre y crean una nube con acentos de góspel. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Bien podríamos decir que Eros, con toda razón, es amor. Pero su manera de encaminarnos hacia él, de recrearse con sus múltiples facetas hace mucho que dejó el quejido plañidero, el canto triste, lánguido y lacrimógeno. No, en realidad es un baladista con alma de rockero, un italiano que no rompe su tradición, pero que ha sabido cómo renovarla. Y eso, a sus fanáticas, que son mayoría, les encanta.

Una vida inabarcable
En una trayectoria salpicada por éxitos es difícil elegir algunos de los más importantes, de los años recientes, en la vida de Eros Ramazzotti. Probablemente uno de sus mayores logros fue recibir en 2008 el premio NIAF Award, por haber promovido la imagen de la música italiana en el mundo. Ese mismo año, su trabajo le abre las fronteras de Asia y Australia, regiones que visita por primera vez.
Y si algún continente le faltaba añadir a su mapa personal, éste se completa cuando en 2010 visita por primera vez la ciudad de Cartago, Túnez, en África. Otro premio se une a su vitrina personal cuando se le otorga el Die Goldene Kamera al año siguiente. En cuanto a colaboraciones, en este periodo el italiano lo hace con su compatriota Ornella Vanoni en el tema “Solo un Bolo” (2008) y en 2011 la cantante Giorgia incluye en su disco Dietro le Apparenze, la canción “Inevitabile”. Pero el detalle más significativo para el cantante, es la aparición en noviembre de 2012 de NOI, su primera grabación para el sello Universal Music. (D.C.)

Programa
Ancora Vita / Sotto lo Stesso Cielo / Noi / Polaroid / Stella Gemella / Piu’ Che Puoi / Terra - Una Storia Importante / Adesso Tu / Popurrí: Emozione Dopo Emozione - Un Cuore con Le Ali - Cuori Agitati - Ti Sposero Perche’ - Un Grosso No / L’aurora / Se Bastasse / Favola / Doce C’E’Musica / Un Attimo Di Pace / Cose Della Vita / Fino All’Stasi / Musica E’ / Un’altra Te / Fuoco Nel Fuoco / Un Angelo Disteso Al Sole / Piu’ Bella Cosa.



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