sábado, 14 de septiembre de 2013

Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández: El Grito también se baila

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

Independencia. Celebrando el corazón de México / 14 de septiembre, 2013 /
 Función única / 3:05 horas de duración / Promotor: RPFR, S. de R.L. de C.V.

Julio Alejandro Quijano Flores
Los guerreros jaguar luchan con tanta precisión que cada golpe de su macahuitl coincide con un sonido del huehuetl. Provocan deleite en el espectador adulto y asombro en los infantes, quienes de este modo se asoman, tal vez por vez primera, al gozoso terreno de la identidad nacional.


El Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández cumplió sesenta años en 2012 y lo celebró con una gala en este mismo recinto, el 13 de enero del año en curso. Vuelve ahora con el espectáculo Independencia. Celebrando el corazón de México pero que bien podría llevar otro subtítulo: Cómo celebrar con orgullo el 15 de septiembre.

El espectáculo viaja de la época prehispánica a la revolución y muta del son jarocho al mariachi. Sin quererlo, los bailarines se convierten en maestros que imparten una clase magistral (cantada y zapateada), entre cuyos alumnos abundan los niños. Ellos abren los ojos como platos ante el charro que florea la reata, la Adelita que empuña el rifle y el rebozo, el jarocho que baila “La bamba” y el mariachi que no se raja. 
¿Esto es México?, pregunta una niña ante la arrolladora serie de lienzos que el ballet pinta primero frente al Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán; luego en un salón de principios del siglo XX, en donde irrumpe la bola; más tarde en un rancho y al final en la plaza de un puerto caluroso. 
Sí, esto es México, le responde su padre, mientras en el escenario los danzantes arrastran sus redes por la orilla del Golfo de México para atrapar bailarinas de colores que nadan entre las olas del mar, al ritmo de “Tlacotlalpan”.
En el intermedio, y ante la natural insistencia infantil, la niña obtendrá más respuestas: este México que pinta el Ballet Folklórico de Amalia Hernández también se debe buscar en las maquetas del Museo Nacional de Antropología, en los grabados de José Guadalupe Posada (“Rebumbio de calaveras”, por ejemplo), en la novela "La negra Angustias" de Francisco Rojas González, en las películas que fotografió Gabriel Figueroa.
Independencia tiene un mérito evidente. En seis décadas, el Ballet de Amalia Hernández ha reconstruido lo mexicano, así como lo hizo el muralismo nacionalista o la literatura postrevolucionaria. Con la diferencia, para su fortuna, de que la naturaleza de la danza no es quedarse para la posteridad en paredes o bibliotecas. Es algo que se mueve. Y lo comprueba la mayoría de niños y niñas que, atraídos por la idea de ser bailarines cuando sean grandes, van de asombro en asombro con las coreografías que fueron ―algunas― creadas hace medio siglo. 
Además, se mueve rápido. Para la presentación de esta noche, por ejemplo, se hacen efectivos ajustes respecto a la gala del sesenta aniversario. Por ejemplo, ya no sobreponen la coreografía “La Gran Tenochtitilán” con la música de “Sensemayá”. Ahora dejan que la Orquesta Sinfónica Juvenil de Veracruz interprete a manera de apertura la obra de Silvestre Revueltas, permitiendo apreciar el ímpetu de la orquesta dirigida por el maestro Antonio Tornero. 
En las piezas “Azteca” y “Guerrero” hasta los conocedores de la obra de Amalia Hernández se sorprenden. Coros y huehuetles se han agregado para vestir la coreografía en la que los guerreros del códice Florentino cobran vida, luchan y danzan.
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Tres horas después, con espectadores adultos y niños ya de pie, bailando y gritando, los bailarines profesionales y la orquesta cierran con Huapango. Si la obra de José Pablo Moncayo sintetiza lo nacional, el ballet aprovecha para también hacer caber a la patria en los nueve minutos y veinte segundos que dura la pieza: aparecen el guerrero azteca, la Adelita, el jarocho, el charro, la bailarina de La Guelaguetza con su mantilla, el “Venado”, el mariachi... En suma, México. 

Embajador de México
De pronto, aparece aquí y allá. Un domingo por la mañana, en el programa de Chabelo, o en una peculiar ciudad texana cuyo mayor orgullo son las rosquillas que se venden durante los partidos de su equipo de beisbol de Ligas Menores. Así que es fácil demostrar la veracidad de la frase: el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández es un embajador de nuestra cultura. 
“Yo recuerdo haberlo visto en una presentación en Moscú”, cuenta Xavier López Chabelo en televisión, justo un día después de que el ballet se presentó en el Auditorio Nacional. “Y recuerdo que los moscovitas estaban extasiados con el espectáculo”. Una semana antes, Viviana Hernández, hija de Amalia y actual directora del ballet, tuvo un caluroso recibimiento en Round Rock, una ciudad del centro de Texas.
Scott Wilkinson, director de arte y cultura, y Yolanda Sánchez, directora de la escuela de danza de esa población, le ofrecieron Round Rock para que instale ahí la primera escuela del Ballet Folklórico en Estados Unidos. Ése es el siguiente proyecto del organismo fundado por Amalia Hernández, de quien por cierto se está celebrando el noventa y seis aniversario de su natalicio. (J.A.Q.)

Programa
Sensemayá / Azteca / Guerrero / Adelita / Revolución / Charreada / La bamba / Veracruz  / Pescador / Tlacotalpan / Dios nunca muere / Pluma / Pinotepa / Nereidas / Jarana / Venado / Sones de mariachi / Guadalajara / Jalisco / Huapango.



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