viernes, 16 de agosto de 2013

Gil Rivera: El código de la bohemia

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

16 de agosto, 2013 / Función única / 2:35 hrs. de duración /
 Promotor: Gilberto Rivera Sarmiento – FUAAN Financiera S.N.C.

David Cortés
La bohemia es un espacio en construcción, un momento que tiene su propio código, un ritmo, un tiempo particular, único; a veces presenta variaciones, pero si te gusta es imposible no caer en su remolino. Es un instante en el cual no hay cabida a los exabruptos y en donde la seducción, el convencimiento, se da paulatinamente.


Esta noche no hay glamour, ni oropeles. Al contrario, hoy, a la convocatoria de Gil Rivera, el anfitrión de esta noche, comparecen sus amigos, aquellos que, como él, también escriben canciones y las cantan. Es una fraternidad que siempre crece y que comparte sentimientos, aunque la manera de expresarlos es siempre individual.
Rivera ha escrito canciones para solistas como José José o grupos como Bronco, entre otros. Sus palabras difícilmente se pierden en el anonimato; pero esta noche las comparte con sus allegados, otros que como él, le untan a la noche vigor, sentimentalismo y, sobre todo, amor.
“El amor es el principio y fin de todas las cosas”, dice el compositor, y da pie a un tema de terso desarrollo, una canción en la cual violín y guitarra le ponen un marco a la voz, para que ésta se eleve y encuentre la tesitura idónea para alcanzar el brillo. Ya sea con grupo de apoyo o solamente con su guitarra, Gil Rivera sabe lo que quiere decir y cómo hacerlo. También conoce de atrevimientos y así lo demuestra cuando interpreta “Nereidas”, un danzón al cual le puso letra.
Entre los amigos que ha recolectado a lo largo del camino, se hacen presentes, en ese orden, José Luis Gómez, Martín Urieta, Juan Pablo Manzanero y Jorge Macías, quienes ya sea a dueto, o individualmente, van dando a la velada forma y textura de terciopelo.
“No ser amado es una desventura, la verdadera tragedia es no saber amar”, señala Gil Rivera, y no será sólo una vez que lo diga. Sus composiciones giran alrededor de esa frase, convertida en leit motiv, y si bien la materia de Eros parece ya agotada, el compositor muestra que no es así porque él retrata los recovecos, las esquinas, los espacios recónditos del mismo. Ya lo dijo George Steiner, el hombre sólo tiene una o dos ideas propios, el resto son variaciones.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Así, el cantante configura diversas combinaciones, mira al amor desde todos los ángulos, lo explora en todas sus dimensiones. Al término del trayecto, encore incluido, uno tiene la sensación de que sin prisas, a sus propios tiempos y ritmo, el secreto del amor ha sido develado. Nada más falso, aunque sí, finalmente algo de ese código de la bohemia, sí que se ha aprendido.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente reseña, estuve ahí pero no había percibido el aroma de la bohemia hasta la descripción en el texto, me parece que ya me gustó más el evento.

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