lunes, 5 de agosto de 2013

Chavela Vargas por siempre: Cantar desde el abismo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Inma, La Voz del Mediterráneo e invitados / 5 de agosto, 2013 / Función única / 1:45 hrs. de duración /
 Promotor: Grupo Entropía Creativa S.A. de C.V. – FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
En diciembre de 2007, Chavela Vargas dio un concierto memorable en el Auditorio Nacional, y al año siguiente pisó otra vez ese escenario para recibir, de manos de Joaquín Sabina, una Luna del Auditorio como reconocimiento a aquella presentación. En octubre de 2012, Chavela obtuvo un galardón similar por el espectáculo La luna grande. Homenaje a García Lorca, que había ofrecido en el Palacio de Bellas Artes; sin embargo, ya no vivía para recibirlo físicamente.


A un año de su fallecimiento (agosto 5 de 2012), la gente se pregunta en el Lunario si está o no presente Chavela. Porque ahí está su sillón favorito, su mesa, sus botellas de tequila y varias copitas llenas de licor. También se oye su voz que recita el poema lorquiano “Noche del amor insomne”, y que canta “Cruz de olvido”. En las pantallas se ve una fotografía de Vargas cruzando un puente de piedra, que seguramente conduce a la inmortalidad.
Los caballitos de tequila son consumidos por un grupo de artistas que admiran a la mujer que nació en Costa Rica, vivió en México y se enamoró de España. El homenaje lo conduce Inma, La Voz del Mediterráneo, quien agradece a la vida por evocar a un personaje del calibre de Chavela. Con un timbre que va de lo dulce a lo rasposo, la ibérica entrega singulares versiones de temas emblemáticos en la carrera de La Chamana.
Antes de interpretar “María Tepozteca”, Inma confiesa que “una cosa es oír a Chavela y otra muy distinta analizar sus canciones”. Por su parte, Fernando del Castillo afirma que, al final de su vida, Vargas tuvo “una vida interior muy rica, muy espiritual”; pensando en ella escribió “Desde el abismo”, que suena honda y profunda.
Durante muchos años, Los Macorinos (Juan Carlos Allende y Miguel Peña) acompañaron con sus virtuosas guitarras a Chavela; hoy apoyan a los invitados de Inma. Allende cuenta que, inicialmente, se negó a trabajar con Chavela “por simple ignorancia, pero cuando debutamos en el teatro Albeniz, de Madrid, luego de dos o tres acordes iniciales me di cuenta de su duende y del fenómeno social que representaba”.
Mario Ávila le puso música al desamor que plasmó la pluma de Vargas, y también a una canción de cuna en la que Chavela adulta se comunica con la niña sufriente que fue. Ambos temas los ofrece Ávila con verdad.
Edgar Oceransky considera inmerecida la invitación para estar aquí, pero con sus interpretaciones demuestra el acierto de los organizadores (Oficina Cultural de la Embajada de España en México y María Cortina); su vena ranchera deslumbra a solas y en dueto con el bilbaíno Tontxu.
La Negra Chagra viajó miles de kilómetros para llegar al Lunario y recordar que alguna vez la homenajeada la invitó a subir al escenario del Luna Park, en Buenos Aires. También menciona que ambas grabaron un dueto en el álbum Por mi culpa.
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
La copita que le corresponde a La Chamana parece evaporarse en la imaginación de un espectador. Al salir del recinto, acepta el aventón que le ofrece una mujer que maneja un auto convertible de los años sesenta; ya sobre Paseo de la Reforma, la conductora mete el acelerador hasta el fondo y canta a todo pulmón “El último trago”. 

Programa
Inma: Te esperaré una vida / Mario Ávila: A dónde te vas, paloma / Inma: Amanecí en tus brazos / Edgar Oceransky y Tontxu: Mundo raro – Piensa en mí / Inma: María Tepozteca / Fernando del Castillo: Desde el abismo – Las ciudades / Inma: Cruz de olvido / La Negra Chagra: No soy de aquí ni soy de allá - Las simples cosas / Todos: Ponme la mano aquí, Macorina / La Negra Chagra y Mario Ávila: A dónde te vas, paloma (bis) / Fernando del Castillo: El día que me dijiste / Edgar Oceransky: No volveré / Inma: Pa’ todo el año.




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