viernes, 14 de junio de 2013

Troya: Danzas turcas dentro de un corcel

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Fire of Anatolia / 14 y 15 de junio, 2013 / Tres funciones / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: RPFR, S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
Diez años de asedio del ejército aqueo culminan con una brillante estratagema: el ingreso a Troya con un gigantesco caballo de madera. Tal imagen está grabada en el inconsciente colectivo de la humanidad gracias a los versos homéricos, y ahora renace dentro de este espectáculo de danzas turcas, que además es un conmovedor himno de paz.
Aunque personas de todas las edades se emocionan al máximo durante las escenas de lucha cuerpo a cuerpo, así como en los duelos de espadas, hachas y lanzas, la dramática presencia de la muerte es un recordatorio de que las guerras, a final de cuentas, sólo traen desolación y muerte. De pronto, el espacio se oscurece y surgen figuras sombrías con calaveras fosforescentes; es entonces cuando la sucesión de acciones bélicas pueden ser vistas, en retrospectiva, como el germen del mal.

Históricamente, las guerras casi siempre han tenido un origen económico, incluso la de Troya, aunque su datación y veracidad se pierden en la noche de los tiempos. Desde la perspectiva poética, este conflicto inicia con el rapto de la espartana Helena, la mujer más hermosa del mundo; su captor, Paris, no se queda atrás en cuanto a belleza física se refiere.
Paris se refugia en Troya, sin imaginar que más tarde un gran ejército de aliados irá tras él; Casandra profetiza que este conflicto enlutará a cientos o miles de familias, pero es incapaz de contener la ira que flota en el ambiente. Lo que inicia como un asunto del corazón, se transforma en una invasión territorial de incalculables consecuencias.
A partir de esta historia inspirada en La Ilíada, Mustafa Erdogan, director general de la compañía Fire of Anatolia, ha creado un gran mosaico que muestra la riqueza de las danzas regionales de su país de origen. Erdogan y varios de los bailarines realizaron una investigación en la provincia turca de Canakkale, zona donde alguna vez existió Troya; ahí visitaron ruinas arqueológicas, platicaron con los lugareños y se empaparon de la cultura regional. Después de dos años de preparativos ―incluyendo la grabación de la música con orquesta sinfónica en la República Checa, y la confección a mano del riquísimo vestuario―, Troya se estrenó en Estambul y luego realizó una exitosa gira por Europa y Asia.
Ochenta bailarines en escena muestran la gallardía de los guerreros de ambos bandos y la delicadeza de las mujeres troyanas, aunque también destaca una escena en la que surgen intrépidas amazonas del Mar Negro, quienes rompen con el estereotipo de la feminidad.
A manera de escenografía se proyectan imágenes de la antigua Grecia y de la región donde sucedieron los hechos; el desembarco aqueo se ilustra con la proa de un barco que apenas se insinúa. Sin embargo, el plato fuerte irrumpe de manera colosal, pues el célebre caballo de Troya, construido con madera, mide nueve metros de altura, seis de largo y cuatro de ancho.
Los troyanos piensan que han vencido a los invasores y que la monumental escultura es un regalo de los dioses; incluso, celebran una danza a su alrededor. Sin embargo, de la panza del corcel descienden con agilidad los soldados aqueos y consuman una victoria militar comandada por el indomable Aquiles. Sus enemigos, Héctor y Paris, han sido derrotados.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Al término de la función, algunos niños recrean combates en el vestíbulo del Auditorio Nacional, mientras un papá complaciente hace las veces de caballo de Troya. Para los pequeñitos es muy fácil convertir los programas de mano en espadas, aunque en este caso el choque de esas armas no produce sonidos metálicos ni las chispas que de verdad refulgen en el escenario. Eso tampoco es problema, pues uno de los infantes pide prestado un encendedor y así consigue recrear el centelleo que tanto lo impactó minutos antes.
“Y no quería venir” ―dice una señora refiriéndose al pequeño soldado que, a  todas luces, ha sido tocado por el arte de la danza.

La guerra más famosa
Se han realizado múltiples estudios históricos para determinar si realmente existió la guerra de Troya evocada por Homero. Las investigaciones no han llegado a una conclusión definitiva, pero se sabe que en ese espacio físico (Canakkale) hay diez estratos arqueológicos de otras tantas épocas.
En el siglo XIX, el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann se inclinó por la tesis de que tal guerra sí se llevó a cabo alrededor del año 1200 A.C., y que los invasores fueron los griegos micénicos. Sin embargo, Schliemann también externó la idea de que Homero sólo se basó en algunos hechos históricos y que luego le dio vuelo a la imaginación, creando un rompecabezas difícil de armar.
El terreno de la investigación histórica se vuelve aún más resbaladizo cuando se sabe que no hay evidencias de que el autor de La Ilíada y La Odisea sea una sola persona. Herodoto data la existencia de Homero en el siglo IX A.C., pero otras fuentes refieren que vivió apenas un siglo después de la guerra de Troya. Su lugar de nacimiento también es una incógnita; se menciona a Esmirna, Atenas, Rodas, Salamina e Ítaca. En el programa de mano de Troya, Mustafa Erdogan se refiere a él como “un poeta de la región de Anatolia”.
Sea cual fuere la verdad, las obras atribuidas a Homero aún siguen siendo fuente de inspiración, como en este espectáculo de danzas turcas que recorre el mundo. (F.F.)



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