viernes, 14 de junio de 2013

Paco de María: La reinvención del crooner mexicano

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Paco de María y su Big Band en concierto / 14 de junio, 2013 / Función única / 
2:05 hrs. de duración / Promotor: Francisco Javier Barrón

Julio Alejandro Quijano
Con su papá en una de las mesas centrales, Paco de María le pone pausa al concierto para alertar: “En este momento voy a hacer algo que no había hecho nunca antes en el escenario”. Para tranquilidad de su padre (y desencanto de sus seguidoras), de María no se quita ropa. Ni siquiera el saco. En cambio, se agacha, toma los cordones de sus zapatos y los anuda dejando dos moños simétricos.


A los veintisiete años, Paco de María decidió no sólo ser crooner, sino ser el crooner de su propia big band. Ahora, a cinco años de esa decisión, se planta frente a quince músicos con un aplomo que contrasta con sus rasgos juveniles. Sabedor de que su liderazgo obviamente no se basa en arrugas o años de experiencia, opta por la generosidad ―tarda un buen rato en presentar y bromear con cada uno de los músicos― y por el riesgo: se atreve a reinterpretar al José José de los ochenta, con una suavidad y potencia que provocan una pregunta de ficción, ¿así sonaría El Príncipe de la Canción si su voz no se hubiera dañado?
Convierte así su punto frágil en virtud. El joven al que se ve en el escenario no es un neófito queriendo emular las páginas que escribieron Frank Sinatra o Bing Crosby en los libros de música de la big band, sino que es un temerario que se lanza al vacío para comparar las chinampas con los rascacielos neoyorquinos, el bosque de Chapultepec con Central Park: “Si en Estados Unidos tienen su himno de ‘New York, New York’, ¿por qué nosotros no podemos hacer también nuestro himno en big band?”, pregunta De María y luego se arranca con una de Guadalupe Trigo: Mi ciudad es chinampa en un lago escondido, / es cenzontle que busca en donde hacer nido, / rehilete que engaña la vista al girar.
Paco de María cae en blandito: el público no sólo aplaude y corea la idea de mexicanizar la big band sino que zapatea como si bailara al son del tequila y de su valentía, como si fueran jinetes que arriesgan la vida en un lienzo de fiesta y color.
Y de ahí, a la Gran Bretaña de la guerra fría. De María sale del escenario para cambiarse de traje, mientras su banda interprete una variación al tema de James Bond, que se alarga hasta que el crooner reaparece a grandes zancadas para retomar el micrófono con “Desahogo”. Cuando termina, pide tiempo para hacer algo que (casi) nunca antes había hecho: “Me tengo que abrochar las agujetas”, dice, mientras sube los zapatos en el travesaño de un banco.
Otra vez su punto frágil se convierte en motivo de aprecio. Pudiendo fingir que su look era de agujetas sin amarrar o que el tema de James Bond estaba planeado para tres falsos finales, opta por la sinceridad: “Es que pensé que el tema de Bond era más largo”. Así, al confesar que no domina el escenario, lo domina. 
“Sinatra con resfriado es como Picasso sin pintura”, escribió Gay Talese en el mítico perfil que escribió en la revista Squire. De María con las agujetas desamarradas es como Sinatra con resfriado.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
El incidente de las agujetas-Bond es un gesto de honestidad, rasgo que se repite, por ejemplo, cuando señala a su padre entre el público para que las señoras solteras testifiquen que es muy guapo y también “más paisa que el nopal”. Esto permite asomarnos a la persona y al intérprete, al que no le da miedo anudar sus zapatos, ni ofrecer una versión en big band de “Crazy Little Thing Called Love”, proponer “Mi ciudad” como himno de identidad nacional y, en suma, reinventar al crooner mexicano.

Programa
Alma mía / Frenesí / Popurrí José José: Insaciable amante – Amor, amor – Tiempo / Crazy Little Thing Called Love / Enamórate / Una buena señal / Nada se compara contigo / Come Fly with Me / My Way.


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