domingo, 9 de junio de 2013

Inna: De Mangalia con amor

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

9 de junio, 2013 / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: TopChart

Julio Alejandro Quijano
Clubrocker.- Dícese de quien practica la fiesta interminable / Súbdito de Inna, Reina del Dance / Uno de los dos millones de fans que han visto el video “Club Rock” en YouTube / Adolescente que llora como loco durante todo el concierto de Inna en el Auditorio Nacional o que sostiene una cartulina que dice: “Inna, cásate conmigo” o que trata de convencer a los vigilantes de que lo dejen entrar al camerino para decirle “Gracias por enseñarme a confiar en mí”.


La adolescencia es hoy terreno en el que se disputan varias cruzadas: beliebers que creen en Justin Bieber por encima de todos sus escándalos; little monsters que nacieron de la Mother Monster Lady Gaga, quien es paladín de la diversidad sexual; jonáticas que se rinden por igual ante Joe, Nick y Kevin Jonas; directioners que creen en los One Direction, que son guapos, son entonados, son británicos y son cinco... ¿qué más se puede pedir?
Precisamente, los directioners centran su atención en el DF los mismos días en que Inna llega a México. En el trayecto más común hacia el Auditorio Nacional, sobre Paseo de la Reforma, un tumulto amenaza con irrumpir en uno de los hoteles de la zona: son directioners que esperan la aparición de sus cinco ídolos, hospedados ahí durante los tres días de sus conciertos. 
Ese trayecto, coincidentemente, lo realiza también Inna para llegar a su show. En el camino, sin embargo, lo que llama su atención es otro fenómeno, un kilómetro adelante: “Venía manejando en mi coche por aquí enfrente del Auditorio, y por la ventanilla me doy cuenta de que hay puestos que venden camisetas con mi nombre, gorras con mi nombre, tazas con mi nombre y... pues, no sé, no puedo creer que una chica que viene de Mangalia haya llegado hasta acá”.
Mangalia, en el extremo sur de Rumania, es un puerto turístico del Mar Negro. “¿Estoy soñando o no?”, le pregunta Inna a los diez mil clubrockers, quienes responden bailando y gritando Wow wow wow wow wow wow, Party wow wow wow. Es como si con ello le dieran un pellizco masivo para demostrarle que sí, esto es un sueño pero que no está dormida: es el sueño hecho realidad-concierto de Elena, aquella niña mangalesa que un día le contó a su abuelo que sería cantante y que la conocerían en todo el mundo, a lo que el anciano contestó regalándole su nombre artístico: Inna.
La rumana observa entonces a los diez mil clubrockers que creen en ella y su sueño. Paradójicamente, ella no se la cree. “Como ustedes saben, ahora me voy a Estados Unidos, a Europa y a Japón. Y quiero enseñarles a todos ellos una foto como nunca antes la han visto. Quiero una foto con todos ustedes para saber que en verdad esto está sucediendo en México”. 
La imagen colectiva no le basta. Quisiera tomarle fotos a cada fan para creer. “Oye tú, chico de la playera azul; te espero en backstage para tomarnos una foto. Y tú también, el de la pancarta que dice que me ama. Listo. Quisiera hacerlo con todos pero no tengo tiempo”. 
Entre lo no elegidos, queda una adolescente que llora. Inna la mira. La identifica. “Ya sé quién eres. Tengo videos en YouTube de mis firmas de autógrafos en donde apareces y siempre sales llorando... como una loca”.
Así como sus fans se dedican a propagar la fiesta que nunca termina (título de su segundo disco), ella les devuelve dos declaraciones de amor, primero con “Caliente” (un dance sensual que compuso durante su anterior visita a México) y “Dame tu amor” (un pop vigoroso compuesto al alimón con Reik). 

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
“¿Cantas esta canción para mí, México?”, pregunta Inna. Un momentoooo / Un momentoooo / Un momentoooo / Un momentoooo, responden los diez mil clubrockers. 
La fiesta termina pronto. Demasiado pronto, dirían algunos clubrockers más tarde en redes sociales. No importa porque pudieron bailar, cantar y llorar, según dice Inna con su español aprendido en telenovelas mexicanas, “como locos”. 

La rumana del barrio
Inna tiene, como dice la popular canción mexicana, un lunar junto a la boca. Es una peculiar forma de conectar a la cantante con México, una relación que, ciertamente, tiene mucho más fondo. En Mangalia, la niña Inna se sentaba todas las tardes frente al televisor y veía la historia de una pepenadora llamada María, que se enamoraba de Luis Fernando de la Vega, un guapo millonario quien primero le proponía matrimonio y luego la abandonaba estando embarazada.
Tres lustros después, Inna todavía se acuerda de la canción de aquella telenovela: Y a mucha honra / María la del barrio soy / la que de escuincla quedó re sola / y pa’ cambiar su suerte / de su barrio querido se fue / pa’ poder comer. La rumana la canta no sólo en perfecto español sino con el mismo tono quejumbroso que hizo famosa a Thalía en 1995.
“Ya saben que tengo una parte chiquitita mexicana”, dijo en su concierto del Auditorio Nacional, en el que siempre se dirigió al público en español. Esa parte, lo indica su repertorio, crece con cada visita ya que suma varias canciones inspirada en nuestro país, incluyendo “Take Me Down to Mexico”. Y a pesar de que se la sabe, todavía no incluye “María la del barrio”. (J.A.Q.)

Programa
Be My Lover / Sun Is Up / Amazing / Hot / Dame tu amor / Shining Star / Wow / More Than Friends / Un momento / Caliente / Take Me Down To Mexico / Dame tu amor (bis)/ Déjà Vu / Club Rocker / Sun Is Up (bis) / More Then Friends (bis).


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