lunes, 17 de junio de 2013

Esta casa: El ring de Westminster

Foto: National Theatre de Londres

National Theatre de Londres presenta / 17 de junio, 2013 / Función única / 
2:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Embajada Británica

Fernando Figueroa
En 1974, el partido gobernante alcanza una raquítica mayoría en el parlamento, y eso provoca que el Palacio de Westminster se convierta en un ring donde los golpes bajos son cosa de todos los días. A partir de esa premisa, el joven dramaturgo James Graham (Nottinghamshire, Inglaterra, 1982), crea un satírico retrato de la clase política de su país y, de paso, del mundo entero.
Los conservadores visten de manera impecable y los laboristas usan trajes informales; los primeros hablan con gran corrección y los otros utilizan un buen número de palabras soeces. Sin embargo, tales diferencias formales desaparecen cuando se trata de alcanzar el poder, porque entonces todos actúan de forma similar: sin escrúpulos. El crítico Michael Billington, de The Guardian, señala que la obra trata “del proceso diario de la política y no de las ideas”.

El actor Phil Daniels luce encantador como “Bob”, un simpático congresista de origen humilde, líder de su bancada, experto en “el negocio de hacer alianzas y tomar acuerdos”; tiene muy claro que “las coaliciones son un arcoíris en cuyo final hay una olla repleta de monedas de oro”. Su secretaria, “Ann” (Lauren O’Neil), es una jovencita de oídos virginales que al paso del tiempo aprende a actuar como su jefe; eso implica conseguir los votos de las minorías al precio que sea.
La gracia de Daniels arrasa en el primer acto, pero desafortunadamente su personaje desaparece al descubrirse que hizo una trampa demasiado grande como para ser pasada por alto. Lo sustituye en el cargo “Michael Cocks” ― interpretado por Vincent Franklin―, un hombre igual de pragmático que su antecesor, pero con tendencia a la depresión, pues su vida familiar es un desastre.
Del lado conservador destaca el trabajo actoral de Julian Wadham como “Humphrey Atkins”, un tipo de buenas maneras que aspira a vivir en el número 10 de Downing Street (la casa del primer ministro). Durante casi un quinquenio, la principal función opositora es impedir cualquier avance laborista, sobre todo en lo relacionado a la ampliación del gasto público.
La comedia adquiere tono de farsa cuando los congresistas ancianos o muy enfermos hacen lo imposible por emitir sus votos en directo, confiados en que es verdad la sentencia que dice: “Nadie muere en Westminster”. Un hombre recién operado se presenta al parlamento con gasas sangrantes, y otro más llega en silla de ruedas y con mascarilla para respirar; una mujer lleva a su bebé recién nacido y lo amamanta ahí mismo. Ese cuadro da lugar al jocoso cometario de otro político: “Esto parece una sala de urgencias y una guardería a la vez”.
El director Jeremy Herrin consigue una puesta en escena ágil, alternando secuencias en las oficinas de ambos bandos, con espectaculares remates en el pleno del Congreso, donde a veces los pleitos verbales llegan a las manos. Por momentos, un grupo musical toca jazz o rock en vivo, dependiendo de la intensidad de la acción.
“Michael Cocks” piensa que el río Támesis está enfermo y que la descompostura del Big Ben no es casual. La democracia occidental agoniza y James Graham nos lo comunica a través del sarcasmo.
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