viernes, 21 de junio de 2013

Ana Gabriel: La calidez del dolor

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

21 de junio, 2013 / Función única / 2:15 hrs. de duración / 
Promotor: RTSL Solutions & Services S.A. de C.V.

David Cortés
Tiene una figura menuda, y lo primero que uno se pregunta es ¿dónde le cabe tanto corazón a esta cantante y compositora que no duda en hacer bromas a su costa, pero cuya prodigalidad se antoja inagotable? Ana Gabriel está de regreso en el Auditorio Nacional y, como ella misma lo confiesa, no han sido muchas las ocasiones que se ha presentado aquí; pero hoy se le nota confiada, gozosa, con ganas de compartir sus canciones y unas cuantas anécdotas.


El comienzo se anuncia espectacular cuando una troupe de percusionistas, flanqueados por dos enormes tambores y el mariachi atacan la introducción. Sección de alientos, coristas y la banda completan a los músicos que a lo largo de la noche harán sus avanzadas por diferentes ritmos, aunque el predominio será entre el pop y la música ranchera, dos vertientes opuestas, pero que la oriunda de Guamúchil ha logrado combinar exitosamente.
Ana Gabriel no sólo ha atravesado más de un cuarto de siglo en la canción popular de la mano del reconocimiento del público, también, gracias a esa voz rasposa, ha creado un sello único, una cualidad que se aúna a esa entrega que la ha caracterizado a lo largo de los años.
“Los artistas son ustedes”, dice una cantante conmovida que sabedora de poseer muchos éxitos en las alforjas, resuelve el problema de cuáles dar al público con la interpretación de varios medleys, pero también hay instantes en los cuales interactúa con la gente y platica acerca de la génesis de sus temas, de alguna vivencias. Es entonces cuando se muestra más conmovida y sincera; si bien en sus interpretaciones no deja nada a la deriva y sus emociones afloran con facilidad, es en los discursos cuando termina de conectar con sus seguidores, mismos que en ocasiones no encuentran las palabras adecuadas para transmitir su afecto y terminan formulando el trillado “Te amo Ana Gabriel”, que no por muchas veces escuchado deja de hacer mella en el ánimo de la sinaloense.
Y cada una de esas pausas le insuflan nueva energía; luego de muchos años, el sentimiento sigue allí y éste, más una voz que parece no haber perdido ni su fuerza ni su color, guían a los asistentes por un mar de emociones encontradas, porque resulta evidente que las lecturas de las canciones son contradictorias. 
Hay quienes escuchan con alborozo, corean sin temor a desafinar y gesticulan; otros, en cambio, reciben los temas con una pizca de dolor, viajan imaginariamente a sitios que un día fueron promisorios, pero que luego se tornaron infiernos. Y es que, a lo largo de su concierto, esa dualidad implícita en el amor (“al cual le he cantado siempre”, dice) aflorará constantemente, porque aquí hay una biografía personal que cada uno de los presentes recuerda y reconstruye a su manera, y en ocasiones son los temas de la compositora los detonadores de esas remembranzas, de un soundtrack que ha servido de fondo a esas vidas.
Pero incluso en el dolor, si es que lo hay, Ana Gabriel es gracia y calidez. Y con ese par de cualidades es entendible cómo es que aún sigue en el gusto de la gente. El recorrido por su repertorio así lo constata, además, la combinación de temas del pop a la música vernácula se hace sin brusquedad, y de hecho hay momentos en que elementos de uno y otro género se combinan, aunque brevemente.

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
Por eso tampoco es de extrañar que al llegar el cierre haya una sensación de que en el tintero se ha quedado mucho, aunque “eso sí”, dice una Ana Gabriel exultante, “prometo regresar pronto y por eso hoy no he cantado todas mis canciones, he guardado unas para la próxima ocasión en donde prometo que no cantaré las mismas de esta noche”. Y el colofón tiene ese regusto a Sinaloa, a mezcla de urbe y campo, de música pop y canción ranchera, una alquimia que ella ha alimentado y sazonado con el tiempo y que hoy se ha encargado de reafirmar.

Entre dos caminos
Hay detrás de Ana Gabriel muchos años de experiencia. Su debut profesional comienza en 1985 cuando graba su primer disco (Un estilo), una placa con canciones en donde los tonos de la canción romántica fueron los predominantes. Sin embargo, su verdadero despegue se da en 1987 cuando ganó la edición nacional del Festival de la OTI con “Ay, amor”, y en la competencia internacional, realizada en Lisboa, Portugal, se ubicó en el tercer puesto. Desde entonces no ha parado, pero su carrera se ha visto marcada por una dualidad, por el andar entre dos caminos.
Ana Gabriel es una compositora que siempre le ha cantado al amor y en la vertiente romántica es una de sus principales exponentes, pero también es cierto que ella ha encontrada en la balada ranchera un filón para expresarse. En este género, la tesitura de su voz adquiere un nuevo brillo, es un canto seminasal peculiar, único y que le permite imprimir a sus interpretaciones un sentimiento extra. Eso la convierte en una de las pocas cantantes capaces de moverse con éxito en dos géneros que para otras voces resultan irreconciliables. (D.C.)

Programa
Intro / Siete veces, siete más / Cómo olvidar – Ahora - Huelo a soledad / Sin problemas / A tu lado – Soledad - Mar y arena / Evidencias / Destino / Pacto de amor / Tú lo decidiste / A pesar de todos / Mi talismán - No entiendo – Hechizo / El cigarrillo / Es demasiado tarde / Guitarra mía / En la oscuridad / Y aquí estoy / No a pedir perdón / Luna / Quién como tú / Simplemente amigos / Hasta que te conocí / Amor - Ni un roce - Ay amor / Mi gusto es.


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