viernes, 24 de mayo de 2013

La Esmeralda: Una gitana universal

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Compañía Nacional de Danza – 50 Aniversario – La Esmeralda. El jorobado de Notre Dame / 24 al 26 de mayo, 2013 / 
Tres funciones / 3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – INBA

Fernando Figueroa
Sólo el amor al arte a través de varias generaciones es capaz de producir un acontecimiento como el que hoy se desarrolla en el Auditorio Nacional, pues atrás del montaje de la Compañía Nacional de Danza hay una larga historia que se inicia en la pluma del escritor francés Víctor Hugo (1802-1885). La anécdota de La Esmeralda está basada en la novela Nuestra Señora de París (1831), aunque con un final de la heroína completamente opuesto al original.
En 1844, Jules Perrot estrena en Londres La Esmeralda, coreografía que realizó para que la estelarizara su esposa, Carlotta Grisi. En 1886, Marius Petipa creó en Rusia una nueva versión, que en 2009 sirvió de base para nuevas modificaciones de Yuri Burlaka y Vasily Medvedev, quienes estrenaron su propuesta el 25 de diciembre de 2009, en el Teatro Bolshoi, de Moscú.

El 20 de septiembre de 2012, la Compañía Nacional de Danza presentó La Esmeralda de Burlaka y Medvedev en el recién remozado Palacio de Bellas de la ciudad de México, y ahora la ofrece en el Auditorio Nacional, ante un público familiar que disfruta de un espectáculo en el que confluyen varias disciplinas artísticas: danza, ballet, pantomima y música, todo ello en un mágico entorno medieval creado por la escenógrafa Aliona Pikalova y la vestuarista Elena Zaitseva.
La mente de los espectadores viaja a una pequeña plaza parisina, con la Catedral de Notre Dame al fondo. Ahí pululan pordioseros, vagabundos y toda clase de malandrines, incluyendo entre estos últimos al archidiácono Claude Frollo (José Luis González ) y su fiel entenado Quasimodo (Leonardo Beltrán). Esmeralda (Agustina Galizzi) es una bella gitana que enloquece al clérigo con sus bailes, al punto de que quiere poseerla por la fuerza.
Frollo se las ingenia para fisgonear un encuentro amoroso de Esmeralda y el capitán Febo (Ivan Putrov). Los celos del archidiácono lo llevan a arremeter con una daga contra su rival de amores, hiriéndolo gravemente, y luego culpa a la gitana del atentado. Un juez declara culpable a Esmeralda y la condena a muerte, pero Febo reaparece para contar la verdad de los hechos y la salva de morir. Frollo arremete de nueva cuenta contra la pareja, pero esta vez Quasimodo se pone del lado del bien y tira a su amo por un puente. Así triunfa el amor de Esmeralda y Febo, quien había dejado vestida y alborotada a Flor de Lis (Mayuko Nihei).
En el texto de Víctor Hugo, Esmeralda muere en el cadalso; sin embargo, en la coreografía el colofón es distinto y buena parte del público lo agradece con aplausos y todo tipo de exclamaciones.
Al celebrar su cincuenta aniversario, la Compañía Nacional de Danza, dirigida por Laura Morelos, muestra un nivel artístico de primer nivel, aderezado con la presencia de Ivan Putrov, quien fue primer bailarín del Royal Ballet durante casi una década. A los treintaitrés años, el artista ucraniano se observa en plena forma, al igual que todos los integrantes de la CND, quienes le dan la réplica sin desmerecer un ápice, especialmente quienes se disputan su amor en el escenario (Galizzi y Nihei), así como el rival en buena lid, el poeta Gringoire (Erik Rodríguez).
En el foso, la Orquesta del Teatro de Bellas Artes ejecuta con sobriedad la música creada por Cesare Pugni, con arreglos de Alexander Troitsky. El joven director de orquesta invitado es el moscovita Mikhail Granovsky, quien se gana elogios por su trabajo y piropos de algunas damas en los entreactos.
La Esmeralda es una coreografía que permite el lucimiento individual y colectivo, y por eso el espectador abandona la sala pensando no en una figura en especial, sino en un trabajo de conjunto en el que también participan la Compañía Nacional de Danza Folklórica y la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, dirigidas por Nieves Paniagua y Ofelia Chávez, respectivamente.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
De regreso a su hogar, al pasar por el vestíbulo del recinto, una niña de nueve o diez años le dice a sus papás: “¡Miren, así!”, al tiempo que ejecuta un sutil paso de baile. Sin duda, es una de las muchas semillas que acaba de sembrar aquí la cincuentenaria y lozana Compañía Nacional de Danza.

Una criatura sobrenatural
En la novela Nuestra Señora de París, Víctor Hugo describe a Esmeralda con una precisión conmovedora, que a lo largo de los años ha servido como guía a coreógrafos y compañías dancísticas para recrear a tan singular personaje:
“No era alta, pero lo parecía, tal era la soltura de su flexible talle; era morena, pero se adivinaba que su cutis, a la luz del día, debía tener aquel reflejo dorado de las andaluzas y de las romanas; su piececillo era también andaluz, porque estaba oprimido y holgado a la vez en su gracioso calzado. Bailaba, giraba, volteaba aquella mujer sobre una vieja alfombra de Persia, tendida bajo sus pies; y cada vez que en su rápido giro pasaba delante de alguno aquella radiante fisonomía, sus grandes ojos de azabache le echaban un relámpago.
“Todas las miradas estaban fijas, todas las bocas abiertas en torno de ella; y, en efecto, mientras bailaba así al son de la pandereta que sus dos puros y redondos brazos levantaban sobre su cabeza, sutil, aérea, viva como una avispa, con su cintura de oro sin un pliegue, con su brillante falda que se ahuecaba, con sus espaldas desnudas, su linda pierna que dejaba entrever por momentos la flotante vestidura, con su pelo negro, con sus ojos de fuego, parecía una criatura sobrenatural”. (F.F.)


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.