miércoles, 11 de septiembre de 2013

Julio Iglesias: Cuando el tiempo es un aliado

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


13 de mayo y 11 de septiembre, 2013 / Dos funciones / 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: Cookie Presenta S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
“Siempre digo que tengo cuarentaisiete, pero ustedes saben que es mentira, que en realidad tengo casi setenta”. Así se confiesa Julio Iglesias en el escenario durante una cita donde las reflexiones respecto al paso de los años se erigen como protagonistas mientras las canciones, como de costumbre, presumen un cutis lozano, aunque, como su propio intérprete indica, parezca “increíble que los mejores temas que tengo apenas tengan cuarenta años de edad”.
Iglesias posee el reloj más certero que existe, uno que le permite aquilatar ésta, una “bella noche mexicana” en la que su público aprecia cómo ese artefacto diseñado para medir el tiempo, lejos de ser su enemigo, se ha convertido en su más fiel cómplice, pues “los mejores momentos de mi vida son los que están por venir”. Para el español, las manecillas arrancaron su trote hace décadas, cuando sufrió un accidente en “La carretera” que lo orilló a permanecer en cama. En aquellos días “pensaba que iba a estudiar leyes”, pero a cambio se encontró postrado, apenas aliviado por una guitarra que entonces le obsequiaron y con la cual escribiría uno de sus primeros éxitos, “La vida sigue igual”, hoy anunciada como una “canción que habla de las cosas sencillas de la vida”.
Desde entonces, numerosos escenarios atestiguaron las cualidades del cantante que esta vez se pregunta cuántas veces ha interpretado orgullosamente música mexicana en diversos países, y lo hace mientras un mariachi lo rodea con los acordes que integran “México lindo y querido”. Es ahí, al pie de los magueyales, que inicia un viaje con escalas en Francia (“Mammy Blue”), Argentina (“La cumparsita”), Italia (“Caruso”) y Estados Unidos (“Careless Whisper”); paradas que el minutero marca ayudado de los aplausos que regala un público mayoritariamente femenino, pendiente del momento en que el madrileño, al fin, se deshaga de su saco y dé rienda suelta a la coquetería.
Sin embargo, el “Derroche” no forma parte del plan nocturno. Pues aunque el intérprete advierte que le sientan bien la fiesta y la madrugada en “Me va, me va”, hoy prefiere tratar sus canciones con matices de lo más serenos. Con la voz envuelta en un manto de reverberación, acariciada por atmósferas etéreas producto de los sintetizadores, el cancionero de artista luce inasible, casi volátil. Ayudado de un singular fraseo que empuja el poder de cada una de sus palabras, susurradas por su intérprete como esos secretos que se confiesan con reservas, “Hey!” y “De niña a mujer” arrancan suficientes suspiros una vez que sus rimas se extinguen y el cantante se unta el micrófono en las solapas, sonriente y con los ojos cerrados, como si ese artefacto para amplificar versos le ofreciera alivio a un dolor anidado en su pecho.
Afortunadamente ningún padecimiento se asoma, aunque “Corazón partío” dicte lo contrario. De hecho, la cita de hoy opera como una celebración por “tantos años, tanta vida, tanto cariño”. En ese sentido, para el cantautor resulta sorprendente encontrarse de nuevo en el Auditorio Nacional, un foro que, confiesa, no esperaba volver a pisar. De ahí que le resulte un honor concretar la proeza y se sorprenda ante las reacciones que esto ha generado en su cuerpo, pues, él mismo explica, cuando estaba en los camerinos del recinto se preguntaba “¿cómo es posible esto, por qué ocurre que a mi edad, después de tantos conciertos que he ofrecido, aún tenga los nervios a flor de piel?”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
“A mi manera” significa la llegada de los últimos respiros del reloj de la noche, pero también el arribo de la respuesta a la pregunta del artista. Porque una vez que los espectadores se ponen de pie para despedir a su ídolo todas las dudas se aclaran. Así, con el índice apuntando hacia las butacas, los signos de interrogación se desvanecen mientras los ojos enrojecidos de Julio delatan que las lágrimas ya lubricaron sus párpados. “Es por ustedes ―confiesa conmovido―, quienes apostaron por mí cuando no valía un duro, cuando ni siquiera cantaba bien; pero que hoy me devuelven a su tierra. Muchas, muchas gracias”.

El arquero del Real 
Certificado está en una credencial sellada el año de 1959: antes de que conquistara los escenarios más célebres del planeta, Julio José Iglesias de la Cueva se desempeñaba como portero en el Club Real Madrid. Sonriente, orgulloso de su pasión por el balompié, aparece el joven Julio en la foto de dicho documento, justo en la época que portaba los guantes de arquero mientras, simultáneamente, en su mente se forjaba la idea de dedicarse a la abogacía tras concluir sus estudios en el Colegio Mayor Universitario San Pablo.
Sin embargo, todo cambiaría en 1963, cuando Iglesias sufrió un terrible accidente automovilístico que, incluso, amenazó con dejarlo sin caminar de por vida. 
Trescientos millones de copias vendidas después, Julio es conocido como el artista de habla hispana que más álbumes ha despachado en la historia de la música, una proeza sólo equiparable ―y habrá deportistas que lo avalen― con la gloria de detener un tiro penal en el duelo final de una Copa Mundial. (A.G.C.)

Programa
Amor amor / La gota fría / Natalie / Galicia / A media luz / Échame a mí la culpa / Me olvidé de vivir / Mammy blue / Me siento de aquí / Manuela / De niña a mujer / El amor / La carretera / Popurrí de México (con mariachi) / Careless Whisper / Caruso / Ne me quitte pas / Corazón partido / Derroche / Abrázame / Hey! / Cumparsita / Me va me va / La vida sigue igual / Por el amor de una mujer / Corazón corazón / Can’t help falling in love / A mi manera / Agua dulce agua salá / Me va me va (bis).


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