viernes, 22 de abril de 2016

Emmanuel & Mijares: Dos entre mil

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

Two’r Amigos / 30 y 31 de mayo, 5 y 6 de junio, 14, 21, 22 y 30 de agosto, 6 y 7 de septiembre, 10 de diciembre, 2013;
 23 de enero, 19 y 20 de febrero, 27 de marzo y 28 de mayo, 7 de agosto, 18 de octubre, 27 de noviembre, 2014; 6 de febrero, 10 de marzo y 22 de abril, 2016 / Veinticinco funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
Basta trotar con disimulo, apenas levantando los talones del suelo, y chasquear los dedos mientras se ensaya una cara que se debata entre el gozo y el dolor; así de rápido se emula la pose clásica de Mijares, esa que tantos suspiros arranca. El caso de Emmanuel no difiere del todo; sólo es necesario arrojar una patada al aire para luego encogerse y permanecer estático, tal como esa estatua griega conocida popularmente como el Discóbolo. Parece simple, ¿cierto? Sin embargo, ¿cuántos han llevado a cabo estas evoluciones en casa sin resultados favorables?
Esta noche, miles de invitados escrutan visualmente a sus ídolos toda vez que éstos ponen en marcha dichos ejercicios, los que han ejecutado en tantas ocasiones a través del televisor. Cierto, los espectadores saben que sólo el par que tiene micrófono consigue aplausos y gritos a cambio; pero eso no evita que entre las butacas tengan lugar intentonas, aunque a los emuladores sólo les falte la cinta negra en la frente para lucir como aguerridos karatekas. 
Respecto al desempeño vocal de sus ídolos ni hablar, pues por más sencillo que parezca, llegar a “La última luna” con el aliento intacto no es un asunto de novatos; mucho menos marchar al ritmo de un “Soldado del amor” sin extraviar la gallardía del porte bélico. En realidad, para los asistentes la imitación es puro pasatiempo; están aquí porque han adquirido la conciencia de que, aunque los años transcurran, su fidelidad ante los cancioneros de Manuel y Bola permanece intacta. Para ellos, efectivamente, “No se murió el amor”.
La emoción está a tope desde el arranque del espectáculo, cuando un par de siluetas emerge de la oscuridad, caminando despacio para que los detalles de sus facciones se revelen poco a poco conforme sus voces se armonizan para alabar el encanto femenino. Cada perfil tre consigo una tonada, “Bella señora” y “Bella”, dos rutas cuyas trayectorias finalmente se unen en una sola canción apenas sus respectivos intérpretes mezclan estrofas y coros, ya lejos de las penumbras.
Tal ardid, el del dueto generoso que intercambia repertorios, es instaurado como regla básica desde el comienzo del show para después ser repetido en los más diversos espacios; del “Baño de mujeres” y su chacota ligera y tropical, a la lúgubre habitación del blues, justo donde un tema como “Enséñame” se atreve a abandonar las lecciones amorosas para cambiarlas por azotes. 
Ya sea agitados en medio de la pista de baile, alentados por bailarinas, músicos y coristas, corriendo de esquina a esquina del escenario saludando a sus fans o sentados en banquillos, reduciendo aún más “El breve espacio” que los separa, la dupla confirma que resultará difícil abarcar todo el repertorio existente. Después de todo, ¿cómo condesar en una sola cita esas canciones de “Toda la vida”, las que han convertido a cada intérprete en “Uno entre mil”? Por eso los cantantes disfrutan la despedida sin presiones; intercambiando bromas, imitando mutuamente sus movimientos de baile, comunicándose secretos al oído y aprovechando “La chica de humo” para aceptar risueños que “ya dejaron atrás los cuarenta”. 

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
 
“Estamos haciendo de los viejos tiempos unos nuevos tiempos, y ésta es una recapitulación de nuestro pasado ―explican―; llévense un recuerdo nuestro, con mucho amor”. Y eso hacen tras aplaudir todos los asistentes; reunir puñados de memorias amorosas. Ninguno se escapa, cada dueño de boleto, tras tanto baile estrepitoso, luego de múltiples intentos infructuosos, se encuentra seguro de que por una vez se transformó en lo que siempre soñó: “El rey de la noche”.

Inevitablemente amigos
La relación entre Emmanuel y Mijares nació una vez que el segundo participó en Valores Juveniles, un programa televisivo que buscaba talentos. Sin embargo, esto ocurrió cuando el primero ya contaba con varios álbumes editados y una consistente fila de éxitos radiales. 
Manuel terminaría haciéndole coros a Bola a partir de 1983, y durante los tres años que esta relación duró, el llamado Rey del Pop Latino se dedicó a anticiparle a su público el inminente debut en solitario de su corista, siempre alabando sus dotes vocales. 
Finalmente, el primer álbum de José Manuel Mijares Morán vio la luz en 1986. Por su parte, Jesús Emmanuel Acha Martínez recuerda con afecto la época en que conoció a quien terminaría siendo su amigo: “Nos la vivíamos en la carretera, cantábamos juntos, comíamos juntos, viajábamos juntos; lo único que no hicimos fue dormir juntos. Inevitablemente terminamos siendo amigos”. (A.G.C.)

Programa
Bella señora / Bella / No se murió el amor / Corazón salvaje / Si me enamoro / Que nada nos separe / Me acordaré de ti / Siempre / El rey azul / Tengo / Hay que arrimar el alma / Solo / Pobre diablo / Quiero dormir cansado / Corazón de melao / Baño de mujeres / Soldado del amor / Si me tenías / Con olor a hierba / Al final / El breve espacio / No hace falta / Enséñame / La vida caminaba sola / Sentirme vivo / Para amarnos más / El privilegio de amar / Uno entre mil / El rey de la noche / La chica de humo / La última luna / Toda la vida.

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