jueves, 16 de mayo de 2013

Boris / Liturgy / Monogatari: La estética del estruendo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Aural - Festival de México en el Centro Histórico / 16 de mayo, 2013 / Función única / 
3:15 hrs. de duración / Promotor: Festival de México en el Centro Histórico

David Cortés
Atsuo, baterista de Boris, mide la distancia. Durante todo su set, ha sido el encargado de imprimir dramatismo y teatralidad a la presentación de la banda; cuando finalmente decide lanzarse sobre el público, lo hace porque el trío nipón ha ido tejiendo una sutil red que le permite abalanzarse desde el escenario, a sabiendas de que el peligro ha sido erradicado.
Previamente, el cuarteto mexicano Monogatari ha desplegado un set de noise, hardcore y punk, al cual siguió Liturgy, un dueto de Brooklyn que se autodenomina como trascendental black metal, pero en donde también predomina el harsh noise, aunque un poco más elaborado.

Sin embargo, al momento de hacer ruido también existen las jerarquías, el método y la disciplina; incluso en medio del caos hay orden y Boris demuestra en los primeros minutos de su concierto, la experiencia de veinte años avalada por dieciocho discos en estudio, tres en directo y colaboraciones con Merzbow, Sunn O))), Keiji Haino e Ian Astbury (The Cult).
Y una de las muestras de su talento está en la diversidad. Boris puede moverse en diferentes terrenos y en cada uno de ellos mantener su huella. El comienzo tiene tintes de doom, notas que se van arrastrando lentamente y se enroscan unas con otras para entrelazar un drone, cuyo volumen impacta en los asistentes, incluso de manera física.
Pero así como se manejan con los decibeles al máximo, al siguiente tema la densidad da paso a la voz de Wata, que suena dulce, casi pastoral y acomete una bella canción que luego se transforma en un pulso ácido, cercano al metal gracias a un telúrico solo de ella misma.
A partir de ese momento la noche será de vaivenes, un tránsito por sonidos que rememoran lo mejor del hard rock, para luego entroncar con la sicodelia y encallar, más adelante, en atmósferas góticas y hasta en ciertos pasajes, los menos, marcados por el pop. Cierto, un ir y venir que en otras manos sonaría a eclecticismo, pero que en las de Atsuo, Wata y Takeshi se concreta en un sonido uniforme, con visos de experimentación y mucho volumen.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Añádase a eso la presencia. Takeshi y Wata apenas y se mueven; pero Atsuo, una cruza de vampiro y samurái, comanda desde su batería, pone el show allí donde la música demanda atención; cuando golpea su gong invoca una tradición milenaria, esa que se despliega sin prisas y se hace presente cuando Boris llega al encore y éste se prolonga sin encontrar fin. Sólo cuando Wata y Takeshi crean una pared de ruido y Atsuo practica stage diving, sólo entonces el viaje llega a su fin de la misma manera como inicio: bajo el sino de la intensidad.

Programa
Boris: Huge / Rainbow / Pink / Vanilla / Statement / Angel / Cosmos / Flood.


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