domingo, 14 de abril de 2013

Trouperías: La risa, remedio infalible

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

14, 21 y 28 de abril; 5 de mayo, 2013 / Cuatro funciones / 
1:15 hrs. de duración / Promotora: Carmen Luna

Alejandro González Castillo
La Sonora Mole de Olla interpreta “Soy guerrero”, un tema que rompe el corazón de tan bravo y cuyo objetivo es inyectar valor a quienes les tiemblan las rodillas una vez que les apagan la luz antes de irse a acostar. Apenas la tonada termina, se anuncia la tercera llamada y Lady Lucas, una rumbera de nariz roja y trenzas floridas aparece entre palmeras.
A esa Lady la presentan como La Reina del Trópico y su vaivén de caderas antecede la llegada del dúo Los Pepes, un par de mulatos de cabezas descomunales que se debaten entre bailar chachachá o mambo. El arranque del espectáculo es jacarandoso y las sonrisas ya van desfilando entre los asistentes. “Vamos a bailar este rico son”, dicen los del escenario, y las primeras palmas de la tarde hacen acto de presencia.
Federico Felino es quien de pronto aparece en un callejón, quejándose entre maullidos por una gata que lo trae herido. Miaucuerdo de ti, canta en “El bolero del gato”, y dos compañeros bigotones lo apoyan desde el basurero mientras un farol se mece al ritmo de las rimas sin hacer de lado su guitarra. Finalmente, la ingrata felina une sus garras a las del enamorado y desaparecen juntos y sonrientes, entre tejados.
Las historias de amor continúan con Vladimir, un ruso que narra atropelladamente cierto viaje aéreo que compartió con Petrushka, la chica que lo ayuda a presumir lo bien amaestrado que tienen a Estopa, un perro de pelaje abundante que cruza la cuerda floja y da saltos ante las desordenadas órdenes de su dueño.
“Samba de la canica”, por su parte, es una bossa-nova que degenera en batucada donde lo único importante es echar mano de la jerga propia de los jugadores de canicas. Es entonces que se revela quién pasó tardes enteras en la esquina de la casa, entre chiras pelas y agüitas, bombochas y hoyitos, cuando los deberes escolares dictaban una orden puntual: pegar los ojos al libro de matemáticas. Y es entonces que padres e hijos encuentran miradas cómplices, porque todos saben de la emoción que conlleva tomar esa diminuta esfera y, usando el dedo pulgar como propulsor y la lengua fuera de los labios como imán de la buena suerte, disparar cual si se tratase de un gendarme al mando de una bola de cañón.
La compañía teatral La Trouppe tiene treintaidós años desatando carcajadas bajo la dirección musical de Toño Canica ―sí, aquél que se desvive por interpretar un tema llamado “Guayaba” sin jamás conseguirlo del todo―, la elocuencia de Trupo, el maestro de ceremonias, y la gracia al bailar de Noni Pelusas. Además, el espectáculo que hoy se pone en escena, Trouperías, cumple veinticinco años de éxito luego de pulverizar las fronteras que limitan México y ganar ovaciones en Houston, Cuba y Chicago. Afortunadamente, en cada presentación un sexteto de músicos ocupa un lugar tan protagónico como el de quienes entre penumbras manipulan la estampida de personajes que activan risotadas entre los espectadores; ahí radica parte del éxito de la compañía.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
“La risa carece de edad, así como la imaginación no conoce límites”, explica Trupo a modo de despedida. “Así que síganse riendo, que es lo único por lo cual no nos cobran impuestos”, remata. Entonces, una tonada con clarinete y acordeón acompaña la marcha de los pies pequeños y grandes que se dirigen a la salida. Afuera, el sol brilla con descaro porque la tarde está lejos de irse. El bosque de Chapultepec está a unos pasos del Lunario, así que será mejor que los árboles tomen sus precauciones para recibir al contingente de juguetones que se avecina.


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