domingo, 28 de abril de 2013

Tatiana: Un lugar para construir sueños

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

28 de abril, 2013 / Función única / 1:35 hrs. de duración /
Promotor: Showlatin, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Los artículos que con gusto son estrenados por los niños que ocupan las butacas del Auditorio Nacional van de varitas mágicas, camisetas, muñecas y memorias USB, a collares luminosos, serpentinas, discos y libros. Regalos que quienes abrieron la billetera entregan sonrientes a sus pequeños para recibir a cambio un abrazo apachurrón y un beso tronado antes de que “el mejor espectáculo infantil de Latinoamérica”, tal como un payaso de cabellera amarilla y calzado descomunal advierte, dé comienzo.
La intención es imaginar que todos viajan en una nave espacial comandada por alienígenas que planean aterrizar en El Mundo de Tatiana, la tierra donde los castillos cuentan con paredes acolchonadas y las estrellas tienen permiso para bajar del cielo antes de las seis de la tarde. Claro, Tatiana es la dueña de la corona, es ella quien orquesta cada uno de los movimientos que en ese planeta suceden con la ayuda de una varita mágica que parpadea luz, un instrumento que a la voz de bíbidi bábidi bu concede deseos sin restricción a todas las pequeñas princesas que ansían el día en que los autos de sus padres se olviden de la gasolina para transformarse en carrozas arrastrada por caballos.

La lista de personajes que hoy visitan el escenario es amplia. El Ratón de los Dientes, por ejemplo, baila un tex mex mientras cuenta el botín que le han dejado quienes están cambiando de dentadura. Paralelamente, La Patita Lulú gira coquetamente a ritmo de rock & roll y El Chango Marango se menea sabrosón con un reggaetón que hace juego con la cumbia que El Mosquito baila antes de huir temeroso, una vez que el repelente de insectos le sopla las alas. Además, Ramón, un niño apasionado por el futbol, arroja pelotas y burbujas a la audiencia que agita llaveros para así integrarse a la batucada que precede a “El baile de la ranita”, una tonada con acento cubano dedicada a los Renacuajos, “esos mutantes de la naturaleza; transformers en toda la extensión de la palabra”.
Sin escatimar palmas, cada uno de los invitados es recibido gozosamente; sin embargo, los más célebres resultan ser aquellos cuyas canciones “todos se aprendieron desde que estaban en el vientre de sus mamás”. De ahí que la solicitud no sea cantar las rondas que se avecinan, sino gritarlas. De esta manera, “Pin Pon”, un amigo de copete aparatoso poseedor de un numeroso club de fans, hace acto de presencia en “El patio de mi casa”, ese sitio de uso particular que se moja y se seca como los demás.
Y es que la cantante sabe dónde se construyen los sueños y en qué momento, por eso aprovecha para recordar cuando era pequeña y le contaba a su madre su plan para el futuro: sostener un micrófono frente al público. “Y aquí estoy, veintinueve años después”, explica entre lágrimas.
En el momento más serio del show, la norteña se dirige a su público y solicita  “un aplauso para ustedes, todos los que bailaron meteorizadamente”. Entonces, una estrella gigante desciende de las alturas para ser utilizada como un columpio que cruza las butacas mientras llueven globos y chorros de chispas bañan el escenario. Así, diciendo “Te quiero”, calificadas como las dos palabras más poderosas que puedan existir, la intérprete pone en alto su varita mágica y lleva a cabo el último acto de magia de la tarde: convertir a los asistentes “en el mejor público del mundo”.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
“Gracias por venir, por atreverse a volver a ser niños”, les dice la llamada Reina de los Niños a los adultos, quienes se van seguros a casa, felices tras recordar que cuentan con un trozo de cielo una vez que sus hijos les toman la mano para cruzar la calle y cantarles al oído otro par de reveladoras palabras: “Somos ángeles”.

Una reina con estoperoles
Resulta curioso recordar que, antes de convertirse en La Reina de los Niños, Tatiana inició su carrera discográfica ataviada con estoperoles y chamarras de cuero. En 1984 fue premiada con El Rostro de El Heraldo de México para luego obtener un papel protagónico en la ópera rock Kuman, musicalizada por el combo metalero Cristal y Acero, y en 1988 se ganó otro rol importante al lado de los españoles Hombres G, en el filme Suéltate el pelo.
Exitosa en los canales televisivos y estaciones de radio de corte juvenil de los años ochenta, la cantante fue reconocida por temas donde el desconcierto adolescente operaba como eje lírico. Para ejemplos “Un lobo en la noche”, “Chicas de hoy”, “Chicos, chicos” y muy especialmente “Peligro en el elevador”, una vertiginosa oda a la resaca. (A.G.C.)


Programa
Somos ángeles / El mundo de Tatiana / Remix rondas / La patita Lulú / Bibidi babidí Bu / El ratón de los dientes / Dale Ramón / El chango marango / El mosquito / El baile de la ranita / Te quiero.

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