sábado, 2 de marzo de 2013

Parsifal: El gigantesco adiós

Foto: The Metropolitan Opera

Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 2 de marzo, 2013 / Función única /
 5:50 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Casi al término de su vida, luego de haber creado trascendentales óperas ―Tannhäuser, Lohengrin, Tristán e Isolda, y la tetralogía de El anillo del nibelungo, entre otras―, Richard Wagner puso fin a su carrera con una especie de rito (Parsifal) que amalgama elementos de diversas religiones, aunque predomina la imagen del Salvador que murió en una cruz. En el marco de las celebraciones por el bicentenario del natalicio del compositor alemán, esta producción de François Girard para el Met, con vestuario contemporáneo, acerca a los espectadores a un asunto que, al parecer, les atañe directamente.
Se narra la historia de una hermandad dedicada a proteger el Santo Grial, cuyo líder (Amfortas) sufre en el costado derecho una herida que no deja de sangrar. Una profecía advierte que la sanación sólo podrá llegar de manos de un “tonto puro”, en este caso Parsifal (Jonas Kaufmann), a quien le gusta cazar cisnes por mera diversión.
El viejo caballero Gurnemanz (René Pape) se encarga de abrirle los ojos a Parsifal, quien asume la compasión como un deber ineludible. Este cambio radical en su vida lleva al joven a buscar la lanza perdida, único objeto capaz de devolver el bienestar a Amfortas (Peter Mattei). En efecto, cualquier bálsamo resulta inútil a largo plazo, y sólo la misma arma que provocó la herida puede cerrarla.
Parsifal evita la seducción de Kundry (Katarina Dalayman) y rescata la lanza, hasta entonces en poder del malvado Klingsor (Evgeny Nikitin); entonces, regresa con la hermandad para sanar a Amfortas y convertirse en el nuevo líder. De este modo, la comunidad entera está a salvo.
Esta monumental obra de cuatro horas y media de música, casi alcanza en total trescientos sesenta minutos de duración, a causa de dos largos intermedios; sin embargo, el acontecimiento wagneriano lo amerita. Si el compositor tardó veinticinco años en crear Parsifal, cualquier esfuerzo para verla y asimilarla es poca cosa. Por eso, en la charla introductoria el maestro Sergio Vela conminó a los asistentes a olvidarse del tiempo y ceder ante el trance hipnótico.
Respecto al elenco, el productor ha dicho que “contar con el tenor Jonas Kaufmann como Parsifal es un sueño cumplido; él puede cantar mejor que nadie, tiene habilidades para actuar poco comunes en el medio operístico y, además, es un hombre hermoso con el rostro puro que exige el personaje”. René Pape es un bajo que domina desde hace años el papel de Gurnemanz; la revelación, según varios críticos, es el barítono Peter Mattei, quien ha sabido expresar el hondo sufrimiento de Amfortas.
El bajo barítono Evgeny Nikitin exuda perversidad como Klingsor, mientras que la soprano Katarina Dalayman es una seductora Kundry que da bandazos entre el bien  y el mal. El trabajo de la coreógrafa, Carolyn Choa, es fundamental en este montaje, pues la hermandad está personificada por un destacado grupo de coristas y bailarines que expresan su sufrimiento con mucha elegancia y recato.
Aunque usted no lo crea, Daniele Gatti dirige a la orquesta sin partitura, y cuando se le pregunta al respecto contesta con sencillez: “Sólo siento la música”. La escenografía (Michael Levine) e iluminación (David Finn) muestran con audacia la desolación del terreno donde se mueve la maltrecha hermandad del Santo Grial.
Anthony Tommasini, crítico de The New York Times, considera a Parsfial “una de las óperas más ambiguas, metafísicas y profundas que hayan sido escritas”, y define la producción del Met como “penetrante e intencionalmente triste, al punto del agobio”.
Para The Wall Street Journal, “el productor Girard transforma con éxito esta ópera en una historia sin tiempo”. The New York Post define la experiencia como “un exquisito placer para la vista y el oído, pero también un alimento para el alma”.
Todo eso y más es Parsifal en la nueva versión del Met.

Una obra polémica
Parsifal, ópera en alemán con libreto de Richard Wagner, se estrenó el 26 de julio de 1882, en el Teatro del Festival de Bayreuth, recinto creado por el propio compositor.
• Las interpretaciones que provoca esta ópera son múltiples. Wagnerianos radicales consideran que es el ritual de una nueva religión, mientras que otras personas creen estar ante un acto de purificación nazi. Según Nietzsche, es una exaltación del catolicismo.
•El productor, François Girard, considera que es “una pieza sagrada en la historia de la música, con elementos cristianos, budistas y nihilistas, que se refieren a nuestros impulsos violentos, nuestras debilidades, nuestra tentación y nuestro sufrimiento”.
• Girard, quien hace su debut en el Met como productor, es director de las cintas 32 cortos sobre Glenn Gould (1993) y El violín rojo (1998).
• René Pape afirma que las dos horas de duración del primer acto no le resultan pesadas; “al contrario, podríamos seguir sin darnos cuenta porque estamos en otra dimensión”.
• Peter Mattei interpreta por vez primera a Amfortas, “uno de los papeles más difíciles de actuar en la historia de la ópera”, según él mismo. Su personaje aparece en el primero y tercer actos; en el segundo se dedica a dormir, según le dijo al entrevistador, Eric Owens. (F.F.)
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