sábado, 16 de marzo de 2013

Manuel García: El desierto, el mar y la originalidad

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Acuario / 16 de marzo, 2013 / Función única /
 2:00 hrs. de duración / Promotor: Ángel Ortiz Beltrán

Julio Alejandro Quijano
Le han dicho el Víctor Jara del siglo XXI, el Silvio Rodríguez chileno o el heredero de Atahualpa Yupanqui. Sin embargo, el nombre que más justicia le hace es el suyo: Manuel García.
García un cantautor original de los pies a la cabeza. Sobre todo la cabeza, en donde el desierto chileno parece haberse instalado hasta convertir su cabellera en territorio anárquico, como si llevara días entre las piedras de su natal (y árida) Arica. Falso. No lleva días, lleva cuarenta y tres años.
“Una mitad de lo que hoy hago tiene que ver con mi raíz en el norte de Chile”, cuenta al recordar que desde niño huía al Cerro de la Campana (justo atrás del morro de Arica) para componer. Su otra mitad es una mezcla de electro pop, rock y sicodelia. 
Las dos mitades de Manuel García aparecen en el Lunario para presentar Acuario, un disco que, dice, “lo medio terminé aquí en México”.
La mitad que viene de Arica hipnotiza con su diversidad. Si bien es una de las zonas más secas del mundo, García le ha sabido sacar colores a la naturaleza. “Yo fui un niño criado directamente en la tierra, muchas piedras fueron mis juguetes, mucho desierto fue mi patio, el mar fue parte de los primeros cantos que yo escuché”, dice al presentar “Colores”, para la cual viste un poncho de tradición huasa. Y cuando llega al verso en el que una mujer guarda su rojo corazón con la secreta esperanza de que algún día el sol le regale otros colores, Manuel saca una manta que ondea como arco iris.
Esta mitad es la que efectivamente tiene conexión directa con Silvio Rodríguez. “No hay que tenerle miedo a las influencias”, dice García al ver venir la sombra del cubano con “Al final de este viaje”, compuesta y grabada por el cubano sin músicos ni arreglos en un memorable disco de 1970 (el cantautor en estado puro, dicen sus fans). Pero no sólo no le tiene miedo sino que muestra el valor de hacer sonar un huéhuetl. La melancolía de la versión original se convierte en una sensación de esperanza que, acaso, se puede explicar  con una ecuación: huéhuetl + voz de Manuel García + espíritu de la guitarra de palo de Silvio =  estoy convencido de que el amor sobrevivirá a las guerras del dinero y el poder.
La otra mitad del artista ―la que se formó al salir de Arica para irse a vivir a Santiago de Chile, la que se encontró de pronto ensayando en el departamento contiguo al del defraudador más buscado de Chile, la que un día se dio cuenta que Silvio (y Víctor Jara, y Atahualpa Yupanqui, y Violeta Parra) se le había convertido en atadura, la que decidió explorar el rock y el pop― viene acompañada ya no de invocaciones a la guitarra de palo de la Latinoamérica de los sesenta, sino de una pantalla de alta definición en la que se proyectan secuencias electrónicas: a veces un campo de rosas rojas, otras líneas infinitas y hasta peces de un acuario violento.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Especialmente conectada con México, esta otra parte de Manuel García llama a Fernando Rivera Calderón, el músico líder de Monocordio, para cantar “El reproche” (del chileno) y “Siempre te busqué” (del mexicano). 
Una vez que el sudamericano ha mostrado sus dos partes, la perfecta isóptica del Lunario permite que desde cualquier mesa la opinión sea unánime: Manuel García sí se parece a alguien, a Manuel García.

Programa
Tanto creo en ti / Nadie más que el sol / Carcelero / Madera / Hablar de ti / Tu ventanta / Alfil / La danza de los Manueles / La gran capital / La danza de las libélulas / Con Fernando Rivera Calderón: El reporeche – Siempre te busqué / Al final de este viaje / Colores.


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