sábado, 23 de febrero de 2013

La Gusana Ciega: Feliz matrimonio de rock y pop

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

De Merlina a Conejo en el sombrero / 23 de febrero, 2013 / Función única / 
3:10 hrs. de duración / Promotor: One Media Marketing Int., S.A. de C.V.

David Cortés
Daniel Gutiérrez, cantante y líder de La Gusana Ciega (LGC), observa al público y hace acopio de firmeza. “Sabíamos que ibas a venir tú, tú, tú y tú”, dice, pero es entonces cuando su mirada abarca el lugar y la voz parece quebrarse: “pero no estábamos seguros de que fueran a venir todos ustedes”. El gesto, más allá de lo emotivo, habla del largo y empedrado camino que han recorrido antes de llegar a un escenario de este calibre.
Hay motivos para la celebración y por ello el grupo ha elegido hacer un recorrido por lo más representativo de su discografía, aquellos temas que, como “Merlina”, han envejecido dignamente y hoy forman parte del songbook no sólo de sus fans, sino de todo el rock nacional.
La noche la abre Renoh, banda oriunda de Puebla, que entrega un postrock muy en la vena de colectivos como Mogwai o Explosions in the Sky y que, llegado el momento de la despedida, prácticamente se fusiona con LGC para interpretar la primera canción de la banda estelar y luego cederle el escenario.
La escenografía es el interior de una casa, con mobiliario (sala, lámparas, televisor, refrigerador, consola) y sus habitantes, una familia que a lo largo de las canciones se arroparán con algunos de los personajes que éstas describen para hacer más surrealista el momento.
A lo largo de su carrera, LGC se ha encaminado por diferentes veredas, pero siempre su máxima ha sido la de manufacturar buenas canciones, temas perlados de rock con una buena dosis de pop, pero con la suficiente energía para no dejarlas caer en lo anodino. Hoy, en directo, esas composiciones suenan con una potencia inusual, una cualidad tal vez emanada de esa comunicación público-asistente que brota desde el inicio de la noche. Tal vez, también, es la emotividad que los cuatro integrantes de la banda no pueden ocultar.
Se han permitido nuevos arreglos, se han esforzado en la producción, pero el peso de la noche está en cada uno de los temas. Si algo ha caracterizado a LGC es su dedicación por hacer buenas melodías y atractivas letras, música fina que en ocasiones no ha conseguido aglutinar masas, pero que hoy ha convocado a sus más fieles seguidores.
La ocasión se presta para los invitados, pero el colectivo ha tenido el buen tino de no convertir su noche en un desfile inmisericorde de los mismos; de hecho, éstos aparecen ya avanzada la noche y el primer turno es para la sección de alientos de Salón Victoria, quienes se encargan de poner más color y toques funk a la música.
Más adelante, será Stone, guitarrista de Víctimas del Dr. Cerebro, quien pondrá énfasis roquero, semi metalero, a un par de temas. Y antes del encore, la aparición de Jessy Bulbo enardecerá a los asistentes.
Y mientras los sostenes y una que otra braga diminuta se amontonan sobre el pedestal del micrófono, la guitarra de Jorge Vilchis surca los temas con furia. A lo largo de la noche, llevará a cabo algunos solos muy intensos e imaginativos (uno de ellos con slide); sabe que en la sección rítmica se encuentra bien apoyado por Lu en el bajo y Jorge Arroyo en la batería. Con Daniel dedicado a la voz y a tareas propias de un frontman, tiene en Luis Yáñez el apoyo suficiente para soltar la pirotecnia cada vez que ésta sea necesaria.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
En el cierre, LGC se despoja de lo eléctrico para ofrecer dos canciones en una vena acústica; pero el colofón de la noche se da cuando la banda, sección de alientos incluida, acomete “Yes Sir, I Can Boogie”, y a ritmo de funk termina por encender el lugar y volverlo un antro de baile.

Un juego de niños
A finales de los años ochenta, la explosión del Rock en tu idioma abrió la puerta para la creación de nuevas agrupaciones. Una generación de pronto descubrió las posibilidades de cantar el rock en español. A esa segunda camada de colectivos, nacidos de la inspiración del éxito de Caifanes, Maldita Vecindad y Fobia, entre otros, pertenece La Gusana Ciega, un trío cuyo trabajo comenzó a dar frutos discográficos en la segunda mitad de los noventa cuando Merlina (Intolerancia), su primer disco, apareció en 1996.
Si algo caracterizó a LGC desde sus comienzos, fue el amplio espectro de público que convocó. En sus presentaciones, lo mismo había jóvenes de clase media, que pertenecientes a la clase trabajadora. Y esto se logró gracias a una atinada combinación de sonidos muy rocanroleros, bien aderezados con dosis de un pop muy fino descendiente de aquel manufacturado en las costas británicas.
En 1997, con la aparición de Super Bee (Discos Manicomio), una segunda placa, el entonces trío se transformó en cuarteto, número que conservan en la actualidad aunque con algunos cambios en la alineación. Siete discos más, incluido un recopilatorio, ha grabado LGC desde entonces y en cada una de esas producciones han apostado por depurar y afinar ese sonido de un brioso rock matizado por el pop, hasta llegar a Conejo en el sombrero (Naranjada, 2011), su trabajo más logrado, aunque no necesariamente el más exitoso y conocido. Este logro le corresponde a Jaibol, editado en 2008, disco en el cual realizaron versiones roqueras a canciones de la vena romántica de los ochenta y que llevó su popularidad a altos niveles. LGC cumple más de dos décadas de vida y lo hacen en buena forma, con una música ya definida en donde cada adición simplemente servirá para enriquecerla. (D.C.)

Programa
Intro / Conejo en el sombrero / Sálvame de mí / Celofán / Me puedes / Tornasol / Entra en el agua / Hoy me voy / Domingo generacional / Vivir así es morir de amor / Te acordarás de mí / Canción a Merlina / Dulce Afrodita / Asimétrica / Venus en la arena / Ella estrella / Hey! / Estación lunar / Las manos de María la loca / Luz interna - Si todo está bien / No me tientes / Dolor de huevos / Días al revés / Sin ti / Giroscopio / No puedo verte / Yes Sir, I Can Boogie.

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