jueves, 14 de febrero de 2013

Carlos Cuevas: La herencia del romanticismo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Canto a los enamorados / 14 de febrero, 2013 / Función única / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Rosalinda Palomeque
Carlos Cuevas siempre da de más; no sólo canta, también le gusta contar chistes, pero esta vez, además de repartir sonrisas, tiene una convivencia íntima con el público. Es el día de los enamorados y él tiene una razón extra para festejar pues minutos antes, en el mismo escenario, su sobrino Rodrigo emociona al público al pedir matrimonio a su novia.

Nadie lo sospecha, el muchacho, que junto con su hermano Carlos inician la velada compartiendo algunas de sus composiciones, solicita voluntarias para realizar una dinámica en torno al Día del amor, y elige a una. Todos atentos, siguen la escena; “¡qué bonito!”, se escucha la exclamación, cuando Rodrigo se declara ante Paola.

La anécdota marca la noche, las emociones toman el control, las canciones que interpreta Carlos Cuevas dan vida a otras historias que son tomadas como propias por decenas de bohemios que deciden que el Día del amor se tiene que celebrar con boleros.
No tardan en llegar las peticiones y Cuevas no se da un respiro; “conste que me la paso cantando y no canto hablando”, dice el intérprete, que se da tiempo para dedicar a la novia “Hay amores”.
Platicador como pocos, fomenta una conexión que rinde frutos cuando llega la hora de las complacencias, cuando camina entre las mesas y es interceptado una y otra vez por los asistentes, quienes con teléfono celular en mano le piden posar para la foto.
Él no deja de cantar, a veces hace una pausa, pide música de fondo para complacer a todos e incluso les pregunta si la foto “salió bien”. Le canta “Las mañanitas a una señora” y se deja abrazar por otra.
También entrevista, cede el micrófono a los asistentes y para que se animen a cantar les dice al oído la letra de la canción; los que no confían en su propia entonación quieren declinar, pero él los convence: “No importa, aquí nadie sabe cantar, más que Aída Cuevas”, dice al dar el honor a su hermana que casi siempre lo acompaña en este escenario. 
Carlos Cuevas tiene dos personalidades, la del bolerista empedernido y la del fan de futbol soccer; por eso a nadie sorprende que, después de interpretar la canción más romántica, suelta un grito: “¡Y arriba el América!”. O cuando pide un brindis, “por lo más bello en el mundo…”, y mientras todos esperan que diga “las mujeres”, él aclara: “No, el equipo América”, y suelta una carcajada.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
El cierre de esta noche se torna otra vez familiar cuando pide a su hermana Aída que lo acompañe para interpretar “Cómo han pasado los años”, mientras dice al público que “la reina no puede faltar”.
Para la despedida elige “El breve espacio”, dice adiós pero todos esperan que regrese; lo hace con una advertencia: “Vamos a bailar”, y así lo hacen con un popurrí de canciones de La Sonora Santanera. 

Programa
Lejos de ti / Para toda la vida / Popurrí: Verónica - Yo lo comprendo - Soy lo prohibido - Nomás contigo - Miénteme más / Conozco a los dos / Te me olvidas / Contigo aprendí / Popurrí: Cien años - Sabor a mí - El andariego / Bonita / Oye / Hasta que vuelvas / Popurrí: El reloj - No me vuelvo a enamorar - Si nos dejan - Mucho corazón - Las mañanitas - Quiéreme mucho - Nosotros – Perfidia / Con Aída Cuevas: Cómo han pasado los años - Cuando el destino / El breve espacio / Popurrí: Perfume de gardenias - Fue en un cabaret - La boa.


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