domingo, 20 de enero de 2013

Uga: Un extraterrestre ovíparo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
 
Compañía Seña y Verbo presenta… / 20 y 27 de enero, 2013 / Dos funciones / 
1:10 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.


Julio Alejandro Quijano
Y entonces —dice Sabina, de cuatro años— del huevo salió una rana… “¡No era una rana!”, protesta su hermano Darío, “era un extraterrestre”. Sabina, que es una experta en ranas, replica: “Era rana porque las ranas nacen de los huevos”. Darío, que a sus cinco años es experto en extraterrestres, discute: “Las ranas no son azules, y los extraterrestres sí pueden ser azules”.

Pero si no era una rana y tampoco un extraterrestre, ¿entonces qué era lo que salió del huevo? Sin palabras para describir al personaje principal de la obra que acababan de ver en el teatro Lunario Niños, los hermanos se miran y, sin decir nada, se ponen de acuerdo: Con los dedos, Sabina le pone tres antenitas a la cabeza de Darío; él pela los ojos y abre la boca lo más grande que puede. “¡Eso es Uga!”, gritan. “Y Uga nació en una granja de sordos. El granjero verde se llamaba (Sabina se pone un dedo en la cabeza)… el granjero púrpura se llamaba (ahora coloca la mano alrededor de la boca)… y el granjero naranja se llamaba… (pone en posición horizontal un dedo en cada ojo)”.
Sabina habla (con las manos) de los tres actores sordos, Eduardo Domínguez, Jofrán Méndez y Roberto de Loera, quienes interpretan a los granjeros de esta obra creada hace cuatro años por Haydée Boetto y la Compañía Seña y Verbo, Teatro de Sordos, y que presenta ahora su segunda temporada en el Lunario.
“Y entonces —retoma Sabina el hilo de su narración— a Uga se le aparece una (Sabina mueve la cola como sirena) y también un (se pone las manos en la cabeza y brinca como conejo)…”. Pero, ¿qué crees? —interrumpe Darío, que siempre ha sido más analítico—, no era una sirena ni un conejo de verdad; eran unos costales con los que los granjeros inventaban animales, también una tortuga, una avestruz… “¡Y un payaso!”, grita Sabina. “¡Con su bicicleta!”, completa Darío, aunque luego apunta: “Pero no una bicicleta de verdad sino que era un sombrero, sólo que lo convirtieron en bicicleta”.
Seña y Verbo trabajó en esta obra como una opción para promover en los niños el interés en el lenguaje de señas y el respeto a la cultura de los sordos de México. Dice Boetto que comenzó como un laboratorio escénico con niños sordos y oyentes, con quienes construyó el mundo de Uga, “un personaje bebé, nacido de un huevo, con algo de humano, algo de animal y algo de extraterrestre, que quiere aprender todo”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
La compañía tiene veinte años, una experiencia que se nota en la facilidad con que cautivan a los niños, quienes disfrutan incluso el pequeño contratiempo de que el baño de burbujas de Uga se quedó momentáneamente sin burbujas porque se descompuso el aro de Valentina, vecina de los granjeros que tiene también la función de narradora. 
Uga, dice Boetto, promueve la inclusión, la voluntad de comunicarse, la convivencia, las posibilidades del lenguaje y el de la amistad. O como dice Sabina: “me gustó tanto Uga que le voy a contar a todos que en una granja de tres sordos, una vez llegó Valentina de vacaciones y que todos eran amigos porque se encontraron un huevo; y entonces del huevo salió un…”


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