jueves, 24 de enero de 2013

Ricardo Montaner: Un hogar con alas


Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

Viajero frecuente / 24 de enero, 2013 / Función única / 2:35 hrs. de duración /
 Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
No es fácil, aunque parece serlo. Desde fuera, la vida de una estrella del espectáculo se antoja llena de glamour, diversión, experiencias agradables, cero decepciones y sinsabores. ¿Qué trabajo hay en hacer lo que a uno le gusta?

Hoy, Ricardo Montaner arriba nuevamente al Auditorio Nacional, un lugar donde, como él dice, se siente en casa; llega otra vez al país que visitó por vez primera hace veinticinco años y para celebrarlo ha decidido invitar a mucha gente.
Pero antes de iniciar el festín, el compositor entrega un video en donde narra las vicisitudes del Viajero frecuente (título también de su más reciente álbum), de ése que no sabe la hora del día en la cual vive y que tiene por compañeros a azafatas, recepcionistas de hoteles y afanadores de aeropuertos. Es un itinerario breve que culmina con otro video, ahora en 3D, luego del cual desaparece la pantalla y da inicio el recital.
En la música del venezolano abundan los momentos románticos que no pueden faltar; pero esta noche hay una especie de ambiente confesional, una atmósfera de intimidad sui generis en la cual Montaner se muestra vulnerable y desnuda los contratiempos de su profesión. Cierto, bromea acerca de sus constantes viajes: “Antes había y se han borrado” (se señala los glúteos); pero cuando se torna más solemne, en su voz se advierte el recuerdo de las tribulaciones, la fatiga, el hartazgo, la desazón del hombre que en la consecución de un sueño ha tenido que sacrificar paz, tranquilidad, familia.
Y el sentimiento no está exento de ambigüedad. “A mí me gusta tener la casa llena de gente”, dice, y aprovecha la frase para subir a varias de sus seguidoras a un aeropuerto simulado, con salas de espera, tiendas de souvenirs y áreas de comida rápida. Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, y una vez asumido que su verdadera casa la más de las veces es el puerto áereo, Ricardo Montaner también ha traído a dos de sus hijos con él. Además de acompañarlo como guitarrista y baterista de su banda, también les cede el espacio para que interpreten a dúo un par de temas.
Si algo tiene el venezolano es un excelente dominio del escenario y una gran versatilidad. Cada una de sus canciones parece edificarse sobre un pop ligero, pero conforme cada una de sus composiciones se desarrolla, en ellas se advierte que se trata de un pop que abreva de lo mejor del género, música que no duda en echar mano de múltiples colores, ya sea el cello, el violín, el piano o el saxofón a fin de llegar a la expresividad deseada.
Montaner no abusa de los impulsos latinos, en vez de ello procura actualizar su discurso y en más de una ocasión durante la noche recurre al rap; en otros instantes, son las síncopas del jazz las que se dejan escuchar, aunque las incursiones de este ritmo son menores. También, por la vía de la guitarra, se entregan inflexiones roqueras, acometidas furiosas que, en otro contexto, derivarían en incendiarios solos.
Es en los temas nuevos, ya coreados por los asistentes, en donde se aprecia la vocación del compositor de insuflar a su música de nuevos bríos. Si bien no puede ni quiere escaparse de la balada, procura que ésta se muestre revitalizada y con frecuencia se apoya en la sonoridad del cello para que éste imprima tonalidades graves, lánguidas. El saxofón también se emplea para encaminar a las canciones a la sensualidad y darles, a veces, tintes eróticos.

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
La cita va de la fiesta a la narración de los secretos del corazón y no hay altibajos. La música sólo tiene sus respiros cuando su autor toma el micrófono y comenta su devoción por México, de lo feliz que se siente de estar aquí, de cómo, no obstante el paso de los años, disfruta lo que hace. Y así, poco a poco, el final llega. Hay, por supuesto, un encore, pero el mejor colofón se da con la promesa de un próximo reencuentro. El cantante promete regresar pronto (18 de abril) y sus fans asienten, saben que no importa el tiempo ni las millas recorridas, cuando llegue el momento ellas estarán aquí para ovacionar y entregarse con la misma pasión que lo han hecho hoy.

Inicios, filias e influencias
El tiempo ha arrumbado en el olvido a grupos como Los Correcaminos y Scala, los dos primeros colectivos en los cuales Ricardo Montaner comenzó sus pinitos en la música, bandas en donde cultivó el rock y el pop. Si bien una vez emprendió su trayectoria como solista, abandonó el rock para abrazar la balada, no puede decirse lo mismo del pop.
El cantante ha hecho público en varios momentos su devoción por The Beatles y en su música, efectivamente, encontramos la influencia del cuarteto de Liverpool. También ha señalado que en sus comienzos gustaba de The Rolling Stones, aunque esta devoción no se extrapoló a sus composiciones. Pero también podemos advertir en sus canciones toques de jazz. Aunque nunca ha sido muy explícito en cuanto a quiénes han sido sus mentores en este campo, sus arreglos muestran una deuda con Quincey Jones, sobre todo de la música que el jazzista hiciera en la década de los ochenta, un jazz tendiente a lo melódico, pero sin edulcoramientos excesivos.
Otra manifestación de la música negra que sin duda ejerció un influjo en la música del venezolano, es el soul de vocalistas como Otis Reeding y Sam Cooke. Es algo que no aflora en la estructura de sus canciones ni en el sonido de las mismas, sino en su forma de cantar. Sin embargo, es conveniente señalar que estas influencias son tempranas y con el paso del tiempo, Ricardo Montaner, emulando a las serpientes, ha ido dejando capas de piel en el camino, para envestirse con su propia voz. Ahora, merced a los nuevos sonidos que sus hijos le han compartido, en sus recientes composiciones aparecen ciertos matices de rap, del mismo que cantantes como Beyoncé o Rihanna han popularizado y que Montaner ha sabido entrelazar armónicamente con su música. (D.C.)

Programa
Voy a vivir la vida / Convénceme / A dónde va el amor / El poder de tu amor / Castillo azul / Viajero frecuente / Sólo con un beso / Será / Ojos negros / Resumiendo / La conga / El centro de la tierra/ La estación / Hoy / Yo puedo hacer / Hazme regresar / Bésame / La canción que necesito / Tan enamorados / Déjame llorar / Me va a extrañar / Time / La cima del cielo.


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