viernes, 18 de enero de 2013

Carmina Burana: Una catedral sonora



Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Orquesta Sinfónica de Minería, 35° Aniversario / 18 y 20 de enero, 2013 /
 Dos funciones / 2:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.


Alejandro González Castillo
Diversos sentimientos son experimentados por quienes aprecian la grandeza que proviene de la inventiva humana. Por ejemplo, basta pararse a las puertas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México para imaginar, por unos cuantos minutos, la cantidad de exhaustivas faenas que tuvieron lugar antes de llegar a la concreción de tal proyecto. Sin embargo, existen obras que se arman cada vez que son presentadas, un ejercicio que permite al espectador admirar la complejidad de su construcción. Ése es el caso de Carmina Burana.

Antes de iniciar con los cantos escritos hacia el año 1250, composiciones de Gioachino Rossini (1792-1868), Maurice Ravel (1875-1937) y P. I. Tchaikovsky (1840-1893) son ejecutadas. Entonces no resta más que echar un vistazo a cada uno de los instrumentos que le dan forma a la Orquesta Sinfónica de Minería; cómo un enorme timbal se bate en duelo con el xilófono y el arpa con tal se decidir quién es el más corpulento, mientras oboes, cornos ingleses y clarinetes comparten vecindario sin disputas. Ciertamente los violines superan en número al resto de sus compañeros, sin embargo esto no significa que sus voces lleven la delantera; de hecho, la delicadeza de las cuerdas se conjuga a la perfección con el estruendo de las percusiones. Así, esta noche un triángulo tiene tanto protagonismo como un contrabajo.
Ataviado con frac negro y moño blanco, con batuta en mano derecha y saludos al público en la izquierda, Carlos Spierer coordina los movimientos de los músicos. Inevitablemente la atención se centra en sus extremidades superiores, en la masa de aire que modela con ellas y las caprichosas figuras que éstas crean conforme las partituras son repasadas. Simultáneamente, baquetas y arcos trazan líneas rectas imaginarias que ganan grosor una vez que la Obertura 1812 de Tchaikovsky alcanza el clímax con la ayuda de campanas que repican, sorpresivamente, entre las butacas. Un osado movimiento que hace creer que la tecnología surround fue inventada hace siglos.
Acompañados de un inmenso cuerpo de voces integrado por el Grupo Coral Cáritas, el Coro Convivium Musicum, el Coro Pro Música, el Coro Representativo del Programa Coral Universitario, el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras y el Coral Ars Lovialis de la Facultad de Ingeniería, la soprano Marcela Chacón, el tenor Víctor Hernández y el barítono Josué Cerón alistan gargantas para homenajear las partituras de Carl Orff (1895-1982), cuyo carácter épico es rastreado por la audiencia apenas es agitada la batuta de nuevo. Ahí están, finalmente, las populares notas que han sido usadas durante décadas en cine, radio y televisión cada vez que se procura acentuar la bravura de algún personaje o la gallardía de cierto acontecimiento. 
Luego de sesenta minutos, con el pecho inflamado, atascado de esos sentimientos que sólo generan las obras de corte descomunal, al público le cuesta trabajo regresar a casa, llevar a cabo acciones tan mundanas como tomar el transporte público y luego clavar la llave en el cerrojo de la puerta. Así que Spierer sugiere un viaje a lugares arcanos al recordar los viejos carnavales parisinos con la ayuda de Richard Wagner para después adular viejos cantos gitanos con el impulso de Giuseppe Verdi. Porque “no sólo celebramos el 35 aniversario de la Orquesta de Minería, sino que interpretamos estas obras por vez primera en Latinoamérica”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Allá van todos, saliendo del recinto satisfechos debido a que con sus efusivos aplausos contribuyeron a la construcción de una obra de dimensiones colosales, edificada con el sudor de, por ejemplo, aquellos percusionistas que tras bambalinas eliminan la humedad de sus nucas con una toalla. Son ellos los héroes anónimos, los sujetos cuyos nombres raras veces son mencionados. Tipos poseedores de un oficio que hace que la humanidad, a estas alturas del siglo XXI, aún mantenga intacta su capacidad de asombro ante la grandeza.


Disección de una orquesta 
La orquesta se conforma por instrumentos cuyo número puede variar desde algunas decenas hasta un centenar. Éstos se encuentran divididos en tres grupos: cuerda, viento y percusión. 
La base de la orquesta se integra por un quinteto de cuerda formado por cinco familias: primeros violines, segundos violines, violas, violoncelos y contrabajos. Cada familia está representada por varios ejecutantes, del mismo modo que en un coro, por ejemplo, hay diversos sopranos y contraltos. 
Los instrumentos de viento se dividen en madera y metal. En el primer grupo se encuentra flauta, flautín, oboe, corno inglés, clarinete, fagot y contrafagot. En el segundo hay trompetas, trombones y bugles. 
En cuanto al grupo de percusión, se compone por timbales, bombo, platillos, triángulo, celesta y otros más, como el tambor, el tam tam y las campanas. 
Cabe mencionar que a partir del siglo XIX el arpa comenzó a formar parte de las orquestas, así como el piano y el órgano. (A.G.C.)

Programa
Obertura de la ópera Guillermo Tell (Gioachino Rossini) / Bolero (Maurice Ravel) / Obertura 1812 (Piotr I. Tchaikovski) / Carmina Burana (Carl Orff) / Coro de gitanos, de la ópera Il Trovatore (Giuseppe Verdi) / La Descente de la Courtille (Richard Wagner).


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.