sábado, 22 de diciembre de 2012

Un baile de máscaras: Lucha entre pasión y ética

Foto: The Metropolitan Opera

Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 22 de diciembre, 2012 / 
Función única / 3:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
En la temporada 2012-2013 de The Met: Live in HD, están incluidas cuatro óperas de Giuseppe Verdi (1813-1901) porque el Lincoln Center celebra así el bicentenario del gran compositor parmesano. En octubre 27 y diciembre 15 pudieron apreciarse Otelo y Aída, respectivamente, en montajes muy conservadores; hoy toca el turno a una nueva producción experimental de Un baile de máscaras y habrá que esperar a febrero 16 para ver un Rigoletto que se desplaza nada menos que en Las Vegas.

En Un baile de máscaras, el productor David Alden impone en escena una gran reproducción del fresco El sol o la caída de Ícaro (1819), que pintara Merry-Joseph Blondel para un techo del Louvre. El propio Alden explica tal decisión en el sitio del Met: “Ícaro creó sus propias alas, pero voló muy cerca del sol; eso también le sucede a quien busca en la vida demasiado placer y poder”. Tal imagen acompaña en su periplo al Rey Gustavo (el tenor argentino Marcelo Álvarez), y las alas no las porta él sino su ayudante Óscar (la soprano coreana-estadounidense Kathleen Kim).
Es obvio que una propuesta tan audaz divide opiniones entre los críticos musicales y de las artes escénicas; algunos hablan de genialidad por parte de Alden y otros de extravagancia innecesaria. La queja más recurrente de los especialistas se centra en el uso de algunas coreografías propias de la comedia musical, sobre todo en el primer acto.
El desempeño de los protagonistas también provoca comentarios encontrados, aunque hay dos notables excepciones. Los elogios son unánimes para la soprano Sondra Radvanovsky (Amelia) y la mezzosoprano Stephanie Blythe (Ulrica), ambas estadounidense, sin importar que la primera permanezca gran parte de la representación sobre el escenario y la segunda tenga apenas una breve pero majestuosa aparición. También el director Fabio Luisi, el coro y la orquesta son considerados héroes sin mácula.
En la charla introductoria, el maestro Sergio Vela recordó que Giuseppe Verdi fue censurado tanto en Nápoles como en Roma y tuvo que cambiar la época, el sitio y los nombres de los personajes de esta ópera. Originalmente, la anécdota se refería al asesinato del rey Gustavo III de Suecia, acaecido realmente en un baile de máscaras, en 1792. Obligado por las circunstancias, Verdi trasladó los hechos ¡a Boston!, y el monarca se transformó en el conde Riccardo. En la producción del Met los hechos acontecen a principios del siglo XX, en Suecia.
Se cuenta la historia de un gobernante que se enamora nada menos que de la esposa de su mejor amigo y asesor más cercano (Anckarström, interpretado por el barítono ruso Dmitri Hvorostovsky). Ella también siente lo mismo, y por eso ambos se debaten entre la pasión y la ética.
Tanto Amelia como Gustavo visitan por separado a la vidente Ulrica, quien a la primera le recomienda unas plantas para olvidar sus ansias de infidelidad, y al segundo le advierte que se avecina una conspiración en su contra. El rey y Amelia se declaran su amor, pero jamás lo consuman físicamente.
Anckarström se asume cornudo y se une a los conspiradores, ganando el derecho a ser quien dispare contra el monarca en un baile de máscaras. Mientras agoniza, Gustavo perdonar a su amigo y le dice que Amelia nunca le fue infiel. Los invitados a la fiesta alaban con cantos las virtudes del gobernante en desgracia.
Aunque algunos críticos observan ciertas fallas técnicas en el desempeño de MarceloÁlvarez , Kathleen Kim y Dmitri Hvorostovsky, el público del Met les aplaude generosamente luego de cada una de sus destacadas intervenciones, y no se diga al final, cuando casi se cae el recinto con los decibeles de la ovación. Y hay que recordar que esto último no siempre sucede en la Gran Manzana. Que conste.

Canto, deporte y brujería
• El estreno de Un ballo in maschera se llevó a cabo con gran éxito en el Teatro Apollo de Roma, el 17 de febrero de 1859. El libreto es de Antonio Somma, basado en un texto previo de Eugène Scribe.
• En las entrevistas en vivo, Marcelo Álvarez y Sondra Radvanovsky coinciden en señalar que esta ópera es muy difícil de ejecutar porque vira radicalmente de la comedia al drama “y a la quietud”.
• El bajo Keith Miller, quien interpreta al conde Ribbing (uno de los conspiradores), jugó como fullback en el equipo de futbol americano de la Universidad de Colorado. Dice que tanto en la ópera como en ese deporte “aprendes a examinar tus acciones y siempre te levantas cuando hay caídas”.
• Kathleen Kim bromea al decir que es la primera vez que aparece en una ópera con alas y barbita. Añade que su personaje (Óscar) es un misterio total, al grado que se desconoce si es hombre o mujer. 
• Tanto Stephanie Blythe como el maestro Sergio Vela comentaron el hecho de que la agorera Ulrica fue un personaje de la vida real y que, efectivamente, predijo el asesinato de Gustavo III de Suecia. (F.F.)
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