viernes, 7 de diciembre de 2012

Real de Catorce: La conciencia infinita

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


30 aniversario / 7 de diciembre, 2012 / Función única / 
2:20 hrs. de duración / Promotor: Enrique Andrade Mendoza


Julio Alejandro Quijano


De pie frente al micrófono, José Cruz lleva la armónica a sus labios. Toca casi dos minutos. Se detiene para escuchar el lamento de la guitarra. Luego canta: Azul, azul, y una voz que entristece al cantar / reteniendo en su lecho las sombras / esas sombras que besan / y luego se van. “Ya nomás con eso, dice alguien entre el público, desquitamos la entrada”. “Ya nomás con eso, dice un periodista que entró gratis, entramos en estado de conciencia infinita”. Es diciembre de 1982.

Sentado frente al micrófono, José Cruz lleva la armónica a sus labios. Toca casi dos minutos. Se detiene para escuchar el lamento de la guitarra. Luego canta: Azul, azul, y una voz que entristece al cantar / reteniendo en su lecho las sombras / esas sombras que besan y luego se van. “Ya nomás con eso ― dice alguien entre el público― desquitamos la entrada”. “Ya nomás con eso ―dice un periodista que entró gratis― entramos en estado de conciencia infinita”. Es diciembre de 2012.
Las diferencias entre estos dos José Cruz son treinta años más de edad, varias crisis socioeconómicas y una esclerosis múltiple. Ni el tiempo (que ha provocado naturales cambios en la alineación de la banda), ni las bancarrotas financieras, ni mucho menos la enfermedad que padece desde 2005 (que le impide levantarse y le obliga interrumpir el concierto cada cuarentaicinco minutos para tomar oxígeno de un tanque portátil), le han quitado color al azul de José Cruz. Por el contrario, le han ganado la admiración de músicos como el flautista Horacio Franco, quien lo acompaña ahora para interpretar “Un mediodía triste”.
Caminando y bailando al ritmo de “Contraley”, José Cruz cierra los ojos y se conecta: Bebimos y vivimos / de musas nos hartamos, / tocamos las costillas / de nuestra muerte joven. “Es un homenaje a sus amigos muertos, dice alguien entre el público, que es evidentemente un conocedor de Real de Catorce”.
Dejando a un lado el tanque de oxígeno y la silla de ruedas, José Cruz cierra los ojos y se conecta nuevamente: Bebimos y vivimos / de musas nos hartamos, / tocamos las costillas / de nuestra muerte joven. Está dedicada a los detenidos del 1 de diciembre. Así lo dice “el compañero Óscar Molina”, un joven poeta que recita antes de la canción: “Dejo este poema en los corazones de los que no pudieron regresar a casa”. 
Igual que el de hace tres décadas, el José Cruz de hoy encuentra la forma de ligar sus conciertos con causas sociales. Ahora incluso suma la complicidad de su hija María José, quien lo apoya en la voz y hace su propia dedicatoria para una estudiante de teatro, también detenida”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
De pie frente al micrófono, María José canta profundo: Y aunque seamos muy tristes / siempre soñamos despiertos. “Con eso ―grita alguien entre el público― desquitamos el boleto”. “Con eso ―piensa un periodista que entró gratis― se garantiza el legado de Real de Catorce. “Con eso ―dice José Cruz para cerrar el concierto― evocamos nuestro ritual de treinta aniversario; gracias por entrar con nosotros al estado de conciencia infinita”. 

Programa
Barrio de asonada / Contraley / Al rojo de la tarde / El anticuario / Un mediodía triste / Me quedé sin ti / No soy el hombre de tu vida / El suicidio del cisne / Una razón para vivir / Tres segundos / Azul.
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