sábado, 15 de diciembre de 2012

Fernando Delgadillo: Tertulia de música y charla


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Concierto itinerante / 15 de diciembre, 2012 / Función única /
 3:20 hrs. de duración / Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

David Cortés
Forjado en escenarios difíciles, el cantautor Fernando Delgadillo sabe de una y mil artimañas para romper el hielo, para mediar la distancia inicial existente entre él y su público. Bien sea desde un guiño, una broma o un chiste (“Time is Money, o sea: El tiempo es un maní”), hasta una anécdota, una frase amable o un rápido diálogo.

Hoy, sin embargo, al comienzo se decide por un ataque directo y desempaca una de sus canciones más rítmicas para crear un cálido mood, idóneo para encarar una noche fría.
A lo largo de su trayectoria, el compositor ha fincado sus temas en una base de folk norteamericano y de folklore nacional, una mezcla que a pesar de su atipicidad, en sus manos ha encontrado carta de naturalidad. Las armonías vocales, creadas con sus acompañantes (dos guitarras, más batería), imprimen riqueza a un sonido que, por momentos, a pesar de lo sencillo de su instrumentación, se niega a hundirse en la monotonía. Poco a poco, nuevas fuentes sonoras se unen a este festín: flauta, cello, armónica, banjo, sax, y lo hacen en aquellos instantes en los cuales la comunicación exclusiva a partir de guitarra y voz amenaza con agotarse.
Pero cuando Delgadillo, armado únicamente con su guitarra, encara al público en la segunda fase de la noche en la llamada “hora de las complacencias”, resalta la solidez de sus composiciones. Apela a la intimidad de sus letras, de temas que a partir de su lírica, tocan las fibras sensibles de los asistentes, mismos que se desgañitan constantemente pidiendo su canción favorita. Y aunque las más de las ocasiones éste no se las concede, ello no impide la continuidad de su gozo.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Luego de esa fase íntima, más personal, y hasta amorosa si se quiere, el cantante llama nuevamente a sus músicos y regresa el dinamismo. Reaparecen los ritmos negros, emerge el jazz en la vena dixieland, el ragtime, el bluegrass. También desfila por allí el son, hay algo de la fuerza del rock, y el todo se mezcla con una fuerte dosis de pop que Fernando Delgadillo y compañía saben trabajar muy bien, al grado de que la ligereza de algunas de sus composiciones, las menos, pasa inadvertida.Quien haya asistido a uno de los conciertos del cantautor sabe de los rituales que acompañan al mismo. Hoy no es la excepción y luego de múltiples finales en falso, el momento de la despedida arriba envuelto en esa suerte de serenidad que se da cuando hay una satisfacción plena. Y eso, luego de más de tres horas, es lo que se llevan sus fieles al abandonar la sala.
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