sábado, 15 de diciembre de 2012

El Cascanueces: La magia sí existe



Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Compañía Nacional de Danza y Orquesta del Teatro de Bellas Artes / Del 15 al 23 de diciembre de 2012 / 
Once funciones / 2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
El mayor elogio que puede hacerse al montaje de El Cascanueces de la Compañía Nacional de Danza (dirigida por Sylvie Reynaud), es que está a la altura de la sublime música de Piotr I. Tchaikovski, ejecutada magistralmente por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la batuta de Tadeusz Wojciechowski. Luego de treintaidós temporadas ―se estrenó con la CND en 1980 (teatro Elizondo de Monterrey y Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México)―, la perfección sienta sus reales en el Auditorio Nacional.

Desde el vestíbulo del recinto se respira el ambiente navideño, con enormes piñatas colgantes, flores de Nochebuena, árbol con esferas y la reproducción de la escenografía de El Cascanueces en miniatura, donde los niños pueden ingresar y ser fotografiados por sus papás sin costo alguno.
En el interior, la Navidad también se hace patente en la temática del ballet, pues la acción inicia un 24 de diciembre, durante una reunión familiar. Se cuenta la historia de Clara, la niña que recibe un cascanueces mágico de parte de su padrino, el juguetero Herr Drosselmeyer, quien también lleva como regalos un arlequín, una colombina y un moro. El Cascanueces cobra vida en los sueños de Clara, y se convierte en el personaje central de una batalla entre soldados y roedores.
Luego de salir victoriosos, Clara y el Cascanueces ―ya convertido en príncipe― visitan un bosque congelado, donde una reina y los copos de nieve bailan para ellos. Posteriormente llegan al País del Azúcar, lugar encantado en el que observan danzas de España, Arabia, China, Rusia, Francia y otras regiones.
La música de esas danzas es una colección de joyas que están presentes en la memoria popular, y que aquí desfilan una tras otra para beneplácito y pasmo de un público extremadamente sensible y espontáneo, que no regatea aplausos para los bailarines e instrumentistas. 
En las butacas conviven niños, adolescentes, adultos y uno que otro bebé generalmente bien portados gracias a sobornos disfrazados de mamilas. Esto es una agradable convivencia familiar en la que el ingrediente principal es la tolerancia, además de los buenos deseos de la temporada navideña.
En la zona de luneta dos hermanitas miran las escenas con arrobo; una tiene tres años y la otra dos. La primera no pierde detalle y en sus ojos brillantes se reflejan las aventuras de Clara; la más pequeña también muestra interés inicialmente y aplaude con mucha gracia cada vez que escucha palmas generalizadas, sin embargo, de pronto se acurruca en brazos de su padre y duerme profundamente. Tal vez en sus sueños también viaja al País de las Nieves, donde la blancura es sinónimo de pureza.
La pequeñita que permanece despierta ríe cuando ve a los ratoncitos en escena, que en realidad son alumnos de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea; esta institución, dirigida por Ofelia Chávez, también provee al montaje de adolescentes a punto de convertirse en grandes estrellas, similares a los corifeos, solistas y primeros bailarines que integran la CND. Esta convivencia entre profesionales y estudiantes garantiza la continuidad de un alto nivel en los años por venir.
La presencia de menores de edad entre el público también es la semilla de un frondoso árbol que dará frutos a corto, mediano y largo plazos. Por eso resulta muy adecuado que en el programa de mano se incluya una sopa de letras que deben resolver los niños a solas o con ayuda de sus hermanos, papás, tíos, primos y amigos.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
En este espacio podemos soplarles algunas respuestas para que lleven acordeón cuando asistan al Auditorio Nacional: el hermano de Clara se llama Fritz; la extravagante señora con seis hijitos es Mamá Bombonera, y el nombre del compositor de la música de El Cascanueces ya se mencionó en esta crónica. Los demás resultados deberán responderlos por sí mismos, luego de atestiguar la magia que cada año se posesiona de los rumbos de Paseo de la Reforma y Campo Marte. 

Conviene saber que…
• La escenografía de primer mundo es de Laura Rode, quien recrea con elegancia el hogar donde Clara y sus familiares celebran la Navidad, así como el bosque congelado y el País de Azúcar. Los gigantescos soldados que abren el telón, y el globo aerostático en el que viajan los protagonistas merecen mención especial.
• La coreografía es de Nina Novak, basada en la original de Lev Ivanov, con arreglos de Laura Echevarría, Carlos López, Jorga Cano y Dariusz Blajer. Libreto de Marius Petipa, basado en la versión de Alexandre Dumas del cuento de E.T.A. Hoffmann. Exquisito vestuario de Carlo Demichelis e impecable iluminación de Rafael Mendoza.
• El montaje de la Compañía Nacional de Danza ha obtenido la Luna del Auditorio en 2009 y 2012. Desde 2001 se presenta en este recinto de manera ininterrumpida.
• Alrededor de setenta bailarines aparecen en escena, e igual número de músicos participan en el foso.
• El estreno mundial de El Cascanueces se produjo el 17 de diciembre de 1892, en el teatro Mariinsky de San Petersburgo. (F.F.)


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